Análisis
Fin de una legislatura estable, con crecimiento económico, crispación menor y sanidad cuestionada
Andalucía ha sido en cierta medida un oasis frente a la crispación nacional y con esta convocatoria Moreno no quiere que la comunidad sea una más del ciclo inaugurado en Extremadura que continuó en Aragón y siguió en Castilla y León

Urnas con las papeletas en las elecciones del 19 de junio de 2022. / EDUARDO BRIONES (EP)
Fin de etapa. Está por ver si de ciclo. Las apuestas se encaminan a un nuevo Gobierno andaluz presidido por Juanma Moreno a solas o en compañía (¿coalición, apoyo externo?) de Vox, partido al que el presidente de la Junta parece detestar más de lo que lo hacen otros compañeros y barones de su partido. Eso, habiendo sido el PP andaluz el primero actor político en España que dio concurso institucional a los de Abascal, que apoyaron la primera investidura.
La legislatura andaluza 2022-2026, iniciada tras la mayoría absoluta del PP en las elecciones de junio de 2022 (58 escaños), llega a su fin con la convocatoria de comicios para el 17 de mayo de 2026. Se cierra un periodo marcado por la «estabilidad política» (el relato oficial parece coincidir con el real) y un intenso ritmo legislativo. Se han promulgado 34 leyes y 32 decretos-ley en esta legislatura (un récord), con más de cien iniciativas por unanimidad. El Parlamento actuó como fábrica de leyes, superando en actividad a periodos políticos anteriores. En este último tramo se han aprobado los Presupuestos, lo que contrasta con lo que ocurre en el Gobierno central, que gobierna con ellos prorrogados. Un año más.
En economía, Andalucía ha crecido por encima de la media nacional. El PIB avanzó un 3,2 % en 2025 (frente al 2,8 % español), impulsado por la inversión (6,4 %), la atracción de capital extranjero (máximos desde 2010) y el traslado de sedes empresariales. La afiliación a la Seguridad Social subió, el paro bajó hasta el 14,7 % (mínimo en 18 años) y se crearon empresas y empleo. Estos datos tan buenos se los apuntan tanto desde la Junta como desde el Gobierno central y no son disonantes con el resto de comunidades, dado que los datos genéricos de la macro economía en España, empañados por la crisis de la vivienda y la inflación y encarecimiento de la cesta de la compra son buenos.
Una bandera del Gobierno regional han sido las rebajas fiscales (varias en la legislatura), que supusieron un ahorro estimado de unos 1.000 millones anuales para los andaluces, según el argumentario del PP. Una falta de inversión y de dinero para servicios sociales y sanidad, según la izquierda.

Arancha Tejero
Sanidad, lo peor valorado
Uno de los ejes de la legislatura ha sido la sanidad. Pese a incrementarse la inversión hasta los 16.266 millones en 2026, está claro que la gestión no ha sido buena, las listas de espera persisten copiosas y el escándalo de los cribados del cáncer de mama, el principal elemento lacerante para el Ejecutivo andaluz, se fue cerrando por la mera acumulación, típica de esta era, de asuntos, escándalos, polémicas y diatribas de cualquier signo u ámbito. Se cerró un poco en falso, cambio de consejeros, con pocas explicaciones aunque con una buena apelación, inicial, al diálogo y a ejercer empatía. El hecho de que la precampaña de Juanma Moreno haya estado dedicada a la sanidad, con un rosario de inauguraciones o primeras piedras de centros de salud u hospitales demuestra las carencias que había. Se inauguran tantos porque faltaban muchos. El gasto per cápita en salud sigue por debajo de parámetros nacionales. El Barómetro Sanitario 2025 del CIS arroja que los andaluces son los que peor valoracion hacen de su sanidad, 38,8% de valoraciones positivas. La media nacional es 51,5%. En Cantabria es del 90%. En esto está buena parte del quid, de la lucha, de la contienda electoral. Los socialistas quieren incidir durante la campaña en el deterioro de la sanidad y en que Moreno tiende a destruirla y privatizarla. Los populares aducen que nunca, ni con María Jesús Montero de consejera, se invirtió tanto en sanidad.
La sequía iba a ser protagonista. «La legislatura de la sequía», dijo Juanma Moreno en el debate de investidura. Preocupaba pero no puede decirse que se hayan culminado un incontable número de actuaciones precisamente. Algunas dependían también del Gobierno central y de su colaboración. Vinieron las lluvias a olvidar un poco el problema. Pantanos llenos. Incluso borrascas letales. Ahí -y en general en los desastres naturales, emergencias y borrascones- la Junta, especialmente por el trabajo de Antonio Sanz, se fajó y fue efectiva y diligente. El miedo a hace un Mazón influye. No solo en Andalucía. Lo peor de estos cuatro años, el accidente ferroviario de Adamuz, una herida sentimental para toda Andalucía, dolor. Ahí el pueblo andaluz, digno de anotar en cualquier balance, demostró su carácter solidario. Con el tiempo, lo ferroviario se ha convertido en un eje de desacuerdo político. Y tanto.
En lo puramente político, el PP ha tratado de presentar a los socialistas andaluces como corresponsales del «sanchismo tóxico» mientras el PSOE trataba de horadar el mito del presidente dialogante compatibilizando tal tarea con poner orden en sus filas. La sombra de María Jesús Montero no siempre ha sido alargada. Al principio supuso, el mero anuncio de que sería la candidata, un revulsivo. Duró poco. El PSOE se enfrenta a una perspectiva demoscópica desfavorable con provincias en las que incluso podría pelear por la segunda posición. Montero dejará ya el Gobierno, la convocatoria lo ha precipitado. Se volcará en Andalucía, qué remedio.
En cualquier caso, no conviene nunca menospreciar a la formidable (aún) maquinaria electoral socialista en Andalucía. Repiten que su enemigo es la abstención. Vox por su parte ha sido incordiante y borde con Moreno y el PP y el enfrentamiento entre Manuel Gavira y Juanma Moreno ha proporcionado tardes de acidez y espectáculo dialéctico en el Parlamento.
En la cámara regional han funcionado dos grupos de Izquierda, que en general han convergido en asuntos sociales, sanitarios y de derechos.
Andalucía ha sido en cierta medida un oasis frente a la crispación nacional y con esta convocatoria Moreno no quiere que la comunidad sea una más del ciclo inaugurado en Extremadura que continuó en Aragón y siguió en Castilla y León. La idea es que no dé tiempo a que haya un acuerdo Vox-PP global, que nadie pueda espetarle en campaña a Moreno que es rehén de la ultraderecha y que el acuerdo con ellos ya está hecho.
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