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Elecciones en Andalucía

Perfil de Antonio Maíllo (Por Andalucía): del aula a la batalla de San Telmo

El político cordobés, licenciado en Filología Clásica y profesor de Latín, vuelve a liderar la confluencia de izquierdas tras superar un cáncer y divisiones internas

Antonio Maíllo, candidato de Por Andalucía en las elecciones andaluzas.

Antonio Maíllo, candidato de Por Andalucía en las elecciones andaluzas. / Miguel Angel Molina

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Irina Marzo

Irina Marzo

CÓRDOBA

En sus cartas, Séneca aconsejaba a su amigo Lucilio que así como el agricultor no abandona la tierra tras un año de sequía, el hombre debe perseverar en sus empeños: «A menudo, lo que se había perdido por la esterilidad de un suelo persistente, lo devolvió la abundancia de un solo año», decía Séneca a su joven discípulo en sus epístolas morales.

Antonio Maíllo (Lucena, 1966) ha decidido volver a sembrar y olvidar las malas cosechas del pasado encabezando de nuevo la candidatura a presidir la Junta de Andalucía de Por Andalucía el próximo 17 de mayo. Tras los intentos de 2015 (cuando lo hizo liderando la lista de Izquierda Unida) y 2018 (con Adelante Andalucía de la mano de Teresa Rodríguez), el político cordobés volverá a dar la batalla electoral abanderando la etiqueta de la confluencia de las izquierdas a la izquierda del PSOE, con la inclusión de Podemos, por más que el invento les haya pesado a sus dirigentes nacionales.

Maíllo, el segundo de los cuatro hijos de un matrimonio humilde afincado en Lucena, atribuye a su «carácter cordobés» una cierta austeridad, que se ha ido haciendo cada vez más patente con el paso de los años. Un senequismo que se ha reflejando incluso en su aspecto físico. También en sus intervenciones públicas, que se alzan sobrias y didácticas a pesar de su característica retórica acelerada, frente a la política de espectáculo y tiktok tan en boga en estos tiempos.

Con una biografía poco habitual en la primera línea política, el también coordinador federal de IU (cogió el testigo de la coalición tras la salida de Alberto Garzón y después de haberle ganado en primarias a la ministra Sara Rego en 2024) es licenciado en Filología Clásica y profesor de Latín y Griego de la pública, desde que aprobó las oposiciones con 23 años. Desde 1990, ha compaginado la docencia en institutos de Sanlúcar de Barrameda y Aracena con su militancia política (está afiliado a IU Andalucía desde su creación en 1986), siendo concejal en ambas localidades de Cádiz, entre 1991 y 1995, y Huelva, entre 2003 y 2011. En 2012, dio el salto del municipalismo al Parlamento andaluz en la lista de IU por Sevilla. En aquella legislatura, con el cogobierno de PSOE-IU, el entonces presidente andaluz, Pepe Griñán, le nombró director general de Administración Local de la Junta, un cargo que ostentó hasta que en 2015 su formación abandonara el Ejecutivo, presidido ya por Susana Díaz y que pronto convocaría elecciones.

Antonio Maíllo con Rosa Rodríguez, cabeza de lista de Por Andalucía en Córdoba, en la plaza de las Tendillas.

Antonio Maíllo con Rosa Rodríguez, cabeza de lista de Por Andalucía en Córdoba, en la plaza de las Tendillas. / A.J. GONZÁLEZ

Más profesor que político

Aunque se ha declarado «más profesor que político», lo cierto es que Antonio Maíllo ha vuelto con reincidencia a la vida pública siempre que su salud y los claustros a los que ha pertenecido se lo han permitido. Su último destino docente ha sido el IES Martínez Montañés, en el sevillano barrio de Nervión, donde, además de dar clases, se ha encargado de la biblioteca del centro. La lectura está entre sus principales aficiones: el primer libro que compró con su dinero fue Las poesías completas de Antonio Machado, aunque la primera lectura que recuerda es Cien años de soledad, de García Márquez.

Siempre que ha salido de la política lo ha hecho por fuerza mayor: un cáncer de estómago lo ha retirado en dos periodos prolongados de su vida, uno en 2015 y otro en 2019. Ese año fue un punto de inflexión en la vida de Maíllo, que tuvo que cambiar no solo sus hábitos de vida, sino la forma de ver la vida misma. Entonces volvió a Aracena: «El nivel de estrés de la política actual es incompatible con la calidad de vida. Me voy porque no me la quiero jugar»., dijo entonces. A partir de ahí, se esfuerza por tomarse las cosas con más calma: medita unos minutos al día, se libra del móvil siempre que puede (dice que la hiperconectividad es el tabaco del siglo XXI) y cuida más su alimentación, con una rutina muy austera. Alguna vez ha hablado de su enfermedad como una experiencia «iluminadora» porque resituó sus prioridades, y lo convirtió en alguien más humilde: «Se puede luchar contra el sistema, pero no contra la biología», confesó en su despedida hace 7 años. Cuando hace unos meses presentó su candidatura andaluza, se le quebró la voz al responder a los periodistas qué había cambiado desde su marcha cuatro años antes: «La salud», les dijo sucinto tras agradecer los cuidados a la sanidad pública. Celoso de su vida privada, de la que poco se conoce, hace ya algunos años que salió públicamente del armario. «Todavía hay muchos políticos con miedo a decir que son homosexuales», ha admitido.

Sus adversarios le respetan, y él con ellos mantiene las distancias y un cierto registro irónico menos solemne que el que cultiva en sus discursos habituales. De Susana Díaz dijo, por ejemplo, que no estaba «muy sobrada» de escrúpulos y de Juanma Moreno que estaba «muy acartonado» aunque era «un tío simpático».

Su mayor logro político reciente es haber vuelto a coser el mapa de las izquierdas. Después de una frustrada tentativa que terminó con el sonado divorcio político entre él y Teresa Rodríguez (Adelante Andalucía tampoco irá este 17M con el resto de fuerzas de izquierdas), Maíllo ha vuelto para liderar la confluencia con Por Andalucía incorporando a siete formaciones políticas: IU, Sumar, Podemos, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Alternativa Republicana, Partido Verde y Alianza Verde. Dicen los suyos que vuelve curado de espanto, consciente de los errores pasados y dispuesto a superar los retos que atenazan a la confluencia: a su derecha (el abrazo del oso) y a su izquierda (las luchas fratricidas)... y a pesar de los vientos en contra de las encuestas, Antonio Maíllo está dispuesto a seguir sembrando.

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