06 de octubre de 2014
06.10.2014
Crisis del sector

El cierre de los caladeros obliga a los marisqueros a buscar otro empleo

La provincia de Málaga vuelve a tener clausurados cinco de sus nueve espacios dedicados al marisqueo, de manera que el sector cumple un año de repetidos episodios impuestos por las nuevas normativas comunitarias y se plantea la reconversión

06.10.2014 | 05:00
Los pescadores del puerto de Caleta de Vélez, el que más toneladas genera en el Mediterráneo andaluz, se quejan de las "numerosas dificultades" que padecen.

Cronología del conflicto

­El marisco malagueño va camino de tener los días contados. De otra forma no se entiende que padres con una vida dedicada a una de las modalidades de pesca más rentables durante décadas impidan a hijos desempleados salir a faenar. El sector se ahoga casi definitivamente, como argumentan portavoces de la Federación Provincial de Pescadores como Miguel Ángel Carmona. A día de hoy están cerrados por 'marea roja' cinco de los cuatro caladeros de la provincia, con el agravante de que los más productivos, los de Caleta de Vélez y Fuengirola, aparecen en dicha 'lista negra'.

El drama no es nuevo. En estos días se cumple justo un año de la denuncia pública que manifestaron los portavoces del colectivo en la provincia malagueña, unidos en esta causa a los que faenan desde los puertos del Campo de Gibraltar. «Un año es mucho. Esto se va a acabar. O nos reconvertimos en trabajadores para otros sectores o nos morimos aquí. Puedes ver la realidad: cada vez hay más inmigrantes en los barcos, incluidos los de arrastre, porque las pérdidas superan a las ganacias».

La Junta de Andalucía destaca que estos cierres generan ayudas de carácter compensatorio, establecidas por Europa para paliar los daños. Pero los armadores replican que en la mayoría de las ocasiones, puesto que dichas subvenciones no se conceden para los periodos inferiores a 21 días, cuando restan apenas dos o tres días para cumplirse las tres semanas de cierre «milagrosamente se vuelven a abrir. Y así no tenemos derecho a ninguna indemnización. Entre nosotros decimos que parece que se ríen del sector», argumenta Sebastián Díaz, que durante 25 años se dedicó al marisqueo y ya optó por abandonar este segmento.

El verano no ha sido tan dañino como el de 2013, cuando por los cierres se registraron pérdidas entre los mariscadores de hasta el 85% de la productividad media de anteriores ejercicios. Ha permanecido abierto el caladero de Vélez Málaga, que sin embargo ahora acaba de ser clausurado. Pero en este sentido, Fuengirola y La Cala arrastran ya tres meses de cierre.

Unas 150 embarcaciones de la provincia, que dan sustento a una media de tres familias, acumulan justo en estas fechas un año de lamentaciones. Quejas que, a juicio de los mariscadores, «de poco han servido». Ni siquiera se han resuelto aún los trámites que, a instancias de los propios afectados, elevó la Consejería a Bruselas. La intención, básicamente, es la de subdividir los nueve caladeros malagueños, de forma que puedan alcanzar la cifra de 25.

Dicha medida evitaría el cierre de áreas tan extensas. Los pescadores consideran que cerrar todo un caladero por la presencia de la «marea roja» en apenas unas pocas de millas impide que muchas familias puedan salir a faenar. «Si te mandan a Manilva y tienes que cruzar toda la provincia, con los combustibles tan caros, para luego encontrarte con un caladero sin apenas opciones de cubrir gastos, optas por lo más cómodo», agrega el propio Díaz.

Según recuerda la Junta, poco o nada puede hacer a corto plazo el «legislador» español, cuando toda esta problemática «parte de una medida comunitaria, de la entrada en vigor de una normativa que reforzó el pasado año, muy significativamente, el tradicional protocolo de análisis de los niveles de las toxinas en moluscos».

En el puerto veleño, ante numerosos marisqueros amarrados, un armador de un barco de arrastre agrega: «El drama está generalizado. Porque en nuestro caso llevamos ya cinco años sin parada biológica. Todo está agotado».

Las claves

Los pescadores se quejan de que los cierres que se decretan se desarrollan intermitentemente
Los cierres se prolongan con frecuencia por un plazo que no llega a alcanzar, por unos días, las tres semanas que la normativa marca para indemnizar. El cierre de un caladero, menos de 21 días, no da derecho a ayudas. Y en los arrastreros suman ya cinco años sin paro biológico.

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