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Merendero

Así es El Saladero, el merendero de Caleta de Vélez donde ha comido la princesa Leonor

Abierto en 1965, El Saladero está especializado en los pescados frescos espetados, pero sin olvidar la fritura o platos marineros con pescado fresco proveniente de la cercana lonja de la Caleta

Merendero El Saladero, en la Caleta de Vélez.

Merendero El Saladero, en la Caleta de Vélez. / L. O.

Miguel Ferrary

Miguel Ferrary

De pronto, El Saladero se ha puesto en boca de todos por la visita privada de la princesa Leonor, aunque estamos hablando de un merendero (sí merendero, no chiringuito) con casi 60 años a sus espaldas y una más que merecida fama por la exquisitez de su pescado, siempre fresco y recién traído por los pesqueros de la Caleta de Vélez, y la forma de espetarlo.

Juan de Dios Jiménez es el encargado de este mítico merendero, que cuenta con su madre Purificación Molina en la cocina y a Antonio Ruiz en los espetos como puntales imprescindibles que explican el éxito de su carta. El otro son los 60 años de un negocio familiar situado a pocos metros de la lonja de la Caleta de Vélez, que visita diariamente para comprar el pescado más fresco posible de la bahía de Málaga. Ahí se fundamenta su oferta gastronómica, en la frescura y arraigo en la tradición de la cocina malagueña.

Sin olvidar los platos marineros que salen de la cocina como el atún encebollado, el atún con tomate o la ensaladilla rusa, es en la fritura y en las brasas de los espetos donde este restaurante marca una diferencia respecto a otros chiringuitos. Las frituras tradicionales de boquerones, gambas o calamaritos se mezclan con otras más innovadoras de su propia creación, como las huevas de pez araña con huevo frito, que se ha convertido en un clásico de su carta. Luego están las brasas de los espetos, donde la variedad de pescados que ofrece la bahía de Málaga. pero también de la cercana Motril, Cádiz o Huelva adquiere un sabor único por el buen manejo del fuego.

Su aspecto exterior humilde, con su chambao y a pie de la arena, como un merendero clásico, no debe esconder la enorme calidad de los productos que oferta ni la exquisitez en su cocinado. Todo esto ha llamado ya la atención de prestigiosas publicaciones como la Guía Macarfi, que selecciona a los mejores restaurantes para comer del mundo, fuera de los circuitos habituales, y que ha puntuado con un 8.2 sobre 10 la comida.

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