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Lola padilla oliva

Los cafés de mis mañanas son motines de marionetas.

Sobre este blog de Cultura

Opinión de esa cultura que comienza con el día. Cultura fuera de las aulas y eruditos por quienes la universidad no pasó.


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  • 04
    Febrero
    2018

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    Cultura Malaga

    El giro del amor

    El giro del amor

     

     

    Giro derviche, giro sufista, movimientos del cosmos, amor, y un sin fin de palabras que confluyen en el único lugar del mundo más real y auténtico, dotado de una interminable capacidad para mover a la humanidad, el corazón. Y ahora es cuando todos pensarán que esto es cuanto menos, de locos, la mente es la que cuenta, la mente nos dice hacia dónde, pero, ¡terminen la frase!, la mente nos dice hacia dónde nos han programado. Pero el corazón es tan descarado que decide llevarnos o traernos, pararnos o precipitarnos, elevarnos o enseñarnos, llorar o reir, morir o vivir, buscar o hallar, tocar o habitar. 

    Hace tiempo que decidí seguir los pulsados del corazón y aunque a veces me encontré en encrucijadas espinosas, podríamos decir que lo que bien empieza bien acaba, aunque en ese trayecto a veces hasta deseemos morir, mi corazón marca mis pasos y cuando hay que correr se corre y cuando debo parar descanso. Es por ello que el giro derviche me sugiere un modo de llegar a él y liberarlo de la mente. Podría ofrecer una breve descripción de la historia, filosofía y función de este giro para los sufistas, mi maestro Joël los llama investigadores de la conciencia, es entonces cuando me embargo en este movimiento cósmico del giro derviche. Pero sugiero que busquen en otro lugar su historia y su piedra angular, y adopten todo lo que encuentren a la sabiduria del corazón.

    Ayer tuve ese encuentro de Sema, giro derviche, las palabras de Ignacio Béjar, sufista, músico, y además de un alma con tanto amor que a veces es fácil plantearse si es un ser mágico, pero no, cuando él abraza, sientes que el poder del ser humano en él es tan fehaciente, que la búsqueda de la unidad es un acto que todos llevamos inherente en nuestro código génetico, es por ello que aconsejo hablen con sus células a corazón abierto.

    Tarde en la que los consejos del maestro nos adentra en el respeto por la tierra y el universo, el amor, y para los "enchufados" al hemisferio derecho, como no marearse en ese giro, técnica ortodoxa, pero que al final permite adentrarse en ese movimiento místico que eleva tu ser superior. En mi caso, visualizar mi cuerpo para entrar en el trance de devorarme por dentro con el amor irracional del corazón no fue difícil, lo practico a menudo, pero el giro fue otro lugar de mi vida inexplorado, mientras realizaba el ritual de agradecimiento, pisar el conocimiento, reverencia al corazón, besar la tierra, vaciar de pensamientos, ocurrió que deseé para cada uno de los allí asistentes mi deseo de amor, uno a uno llegaban a mi corazón, "para tí, y para tí, y para tí", se unieron al ritmo de la música de Ignacio, bello momento donde el arte trasciende a través de mi cuerpo. El ritual místico del giro sufí, tan sagrado para los ancestros, nuestros guías, me llevaron de la mano al lugar de la niñez con tres años, Tenerife, donde fui feliz por lo que allí recuerdo, pero también sufrí el despego maternal de no poder seguir mamando de mi madre, del lugar donde estuve apunto de ahogarme en la playa de Taganana, playa salvaje, hermosa, donde por unos minutos dicen que me perdí en el mar, pero una ola me devolvió a la playa luchando para seguir con vida. Lugar donde el colegio tenía un drago en el patio del recreo y ahora sé porque el drago es un símbolo en mi trabajo como naturista.

    En ese viaje al pasado, el giro sufí que yo realizaba, a ratos deseaba parar, pero inconcientemente la mano que ofrece a la tierra realizaba un mudra de danza tan sutil, que de nuevo retomaba el giro y lo elevaba al corazón, la tierra estaba sedienta de las bendiciones que me llegaban del cielo, deseaban más y más.

    Después de aquello retomé el resto de la noche con toda la normalidad que debía, pero la tierra era aún más tierra, y mis pasos eran aún más enraizados. El corazón afinaba, como dice Ingancio, a la mente.

    Me queda tanto por hacer..., tanto por desprender, tanto y tantos por girar.

    Giren, dancen, giren, canten y amen, nada está perdido.

     

     

     

     

     

     

     

     

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