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La gota que calma el vaso
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salvador crossa ramírez

Entre los desahogos que pueda encontrar el lector de alguien que como yo hace de la escucha su trabajo habitual, puede también que encuentre algún alivio personal, por muy leve que sea; me doy entonces por satisfecho. Encontrará sin duda, si es curioso, una serie cuentecitos o microrrelatos hechos p...

Sobre este blog de Sociedad

Reflexiones de un psicoterapeuta de ciudad


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  • 23
    Octubre
    2012

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    Nadie se come a nadie

     El cuento de  Caperucita Roja no empieza mal, plantea una situación interesante: una niña al borde de la pubertad que recibe el encargo de su madre para que ayude a su abuela enferma llevándole comida. Se aventura feliz al bosque para realizar su cometido, va guapísima con su  caperuza roja, el color de la sangre y la pasión.

    A través de los cuentos divertimos a los niños y les enseñamos grandes verdades muy difíciles de explicar y de entender mediante conceptos abstractos y explicaciones teóricas. Realidades tales como el amor, la dignidad la responsabilidad ante nosotros mismos y ante los demás precisan  de una capacidad de comunicación para la que los niños y muchos padres no están preparados. La diversión que supone el escuchar un cuento es el vehículo a través del cual penetran en el entendimiento infantil estas grandes verdades.

    Como afirma Joseph Campbell en su precioso libro “El héroe de las mil caras” (1949).  La estructura de todos los cuentos que él llamó y desde entonces se le conoce como “El viaje del Héroe” es prácticamente la misma y parece que estamos diseñados para disfrutar con estas historias estereotipadas. En ellas siempre hay uno o varios héroes jóvenes que tienen seres queridos, un tutor, una familia, una mascota  o al menos alguien, ocurre un problema que altera la rutina cotidiana,  se hace necesario  hacer una partida hacia un lugar peligroso, aparecen las dudas propias antes de partir, las dificultades del camino, las personas que tratan de ayudar y las que tratan de confundir, después viene  el momento crucial de la historia, el de mayor peligro y sacrificio, la feliz superación y la vuelta triunfante a casa no exenta de cierta dificultad . Aunque los cuentos no sean un fiel reflejo de  la realidad es necesario que sean creíbles o al menos mantengan cierta consonancia con la realidad. Demasiado complejo es el mundo para confundir a los niños haciéndoles creer cosas imposibles.

    Este cuento en especial ayuda a los niños a tomar conciencia de que los demás necesitan de nuestra colaboración, del placer que nos produce sentirnos útiles, de las responsabilidades que contraemos con la sociedad, del cuidado que debemos tener con las personas desconocidas, pues no sabemos sus verdaderas intenciones. Hubiera sido un buen cuento de no tener un final tan absurdo y tan poco creíble, tan capaz de arruinar las enseñanzas que se propone infundir al menor, un final que niega a su verdadero protagonista: la sexualidad. No habla de forma explícita de la irrupción brusca de la sexualidad, ese inquilino al principio molesto que altera la tranquilidad de los jóvenes, arrancándoles de una cómoda  niñez casi siempre, dotándoles del poder que representa convertirse en  un objeto de deseo y de las posibilidades de prestigio y poder que conlleva la seducción. Tampoco habla de forma explícita de las intenciones del lobo humanizado de tener sexo con la niña como resulta evidente si se aprecian los detalles de la trama,  y no comérsela después que a su abuela. La sustitución de la atracción física por el deseo de comer es habitual en nuestro lenguaje y en nuestra vida cotidiana. ¡Está para comérselo o comérsela! Solemos decir. No resulta tampoco nada creíble que en un cuento con un comienzo tan realista y apetecible un campesino que pasara por allí sacara con total impunidad del vientre de aquel lobo humanizado a ambas con vida y menos aún que le llenaran la barriga de piedras mientras dormía, un embarazo de piedras como castigo por poner en riesgo de embarazo a la niña, y que no se despertara sino con sed y que fuera al  rio a beber para ahogarse. Hay una intención clara de ocultar la sexualidad de este cuento, pero la sexualidad se escapa en todos sus detalles. Con esta alteración tan burda y pacata, este cuento ha infundido mucho miedo a las mujeres acerca de las intenciones de los hombres asociando el miedo a ser devoradas a sus propios deseos sexuales. Nadie se come a nadie, se dice a menudo para espantar el miedo a otras personas.

    Salvador Crossa Ramírez. http://www.lagotaquecalmaelvaso.es

     

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