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La gota que calma el vaso
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salvador crossa ramírez

Entre los desahogos que pueda encontrar el lector de alguien que como yo hace de la escucha su trabajo habitual, puede también que encuentre algún alivio personal, por muy leve que sea; me doy entonces por satisfecho. Encontrará sin duda, si es curioso, una serie cuentecitos o microrrelatos hechos p...

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Reflexiones de un psicoterapeuta de ciudad


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  • 20
    Octubre
    2012

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    Nos atrapa el tiempo

     El tren desde Málaga hacia a Madrid avanzaba a toda velocidad mientras daba un último repaso a mis notas. Las primeras luces del día iban cincelando monótonas imágenes fugaces en mi retina, y enfatizaban la quietud del interior. Debería haber repasado otra vez esa maldita nota atravesada, me decía a mí mismo.

    Y es que nacemos y nos atrapa el tiempo, nos lleva hacia un fin más o menos predeterminado y parece que todo termina allí. Esa es al menos la percepción que tenemos de los acontecimientos vitales: hechos enlazados  en la memoria consciente y  ordenados, valorados, encadenados según las leyes de la causalidad y del  tiempo. Podemos narrar nuestra propia vida y la de los demás en orden cronológico, agrupar los acontecimientos en una flecha de sucesos donde podamos entender el “todo” como un “Todo”, sacar conclusiones lógicas, elaborar un discurso o un relato coherente y tener la ilusión de que podemos rectificar incluso un  acontecimiento indeseado que parecía inexorable.

    Con la Historia en un sentido amplio pasa lo mismo, podemos hablar de un nacimiento de la Humanidad, de  los ideales del hombre, de las aspiraciones de cada cultura, de la mentalidad de sus gentes, de las guerras y sus consecuencias, de la esclavitud, del colonialismo, del resurgimiento y de la caída de los imperios, del avance de la Ciencia. Todo tiene su comienzo y todo termina, cada uno de nosotros es una cosa y esa cosa que somos vive encerrada en su propio tiempo como dijera Einstein, obedece a una razón cronológica que no puede eludir, a un orden determinado por la sucesión de infinitos presentes, con sus causas y con sus consecuencias, con su pasado y su con su futuro.

    Desde muchos puntos de vista, esta representación del mundo como una narración de acontecimientos ordenados en el tiempo, con un principio y un fin, satisface nuestras apetencias de  seguridad y  dota de un sentido de omnipotencia a nuestro pensamiento. Pero me temo que nuestra percepción lineal de los acontecimientos no sea un modelo tan eficaz como parece a primera vista, al menos en todos los casos. Estoy sentado de nuevo en ese mismo tren, en el mismo asiento, el mismo amanecer, las mismas imágenes fugaces en la retina, la misma pereza de no haber repasado más veces aquella nota atravesada. Nunca nos bañamos dos veces en el mismo rio decía Heráclito, pero necesitamos bañarnos muchas veces.

    Salvador Crossa Ramírez.

     http://www.lagotaquecalmaelvaso.es

     

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