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La gota que calma el vaso
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salvador crossa ramírez

Entre los desahogos que pueda encontrar el lector de alguien que como yo hace de la escucha su trabajo habitual, puede también que encuentre algún alivio personal, por muy leve que sea; me doy entonces por satisfecho. Encontrará sin duda, si es curioso, una serie cuentecitos o microrrelatos hechos p...

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Reflexiones de un psicoterapeuta de ciudad


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  • 15
    Octubre
    2012

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    Trabajando el Dolor

     Hay un preciso  momento en el que nos hacemos conscientes de que nos duele algo, sentimos un dolor inesperado que nos alerta, o un dolor cuya causa vemos lógica como ocurre cuando nos damos  un golpe. Puede tratarse también de un dolor habitual, conocido, esperado, de esos que he oído decir a algunos que con el tiempo se les coge algo de aprecio, hasta de cariño, como el aprecio que se le toma a alguien por el solo hecho de tenerlo cerca.

    En ese preciso momento en que pensamos en nuestro dolor convocamos la temida palabra en nuestra mente: me duele, siento dolor, me ha venido de nuevo el dolor, aquí me duele, me siento dolorido o dolorida…Pero no pensamos, ni nadie nos ha enseñado en la mayoría de los casos que el dolor es algo nuestro, un “me duelo” de conjugación dudosa, extraña. Como también es nuestro el pensamiento que lo convoca y el cuerpo que lo sufre; nosotros somos todo eso. Pero no solemos pensar así, que el dolor somos nosotros, nuestro lenguaje no tiene en cuenta que el dolor forma parte de nuestra mismidad como el cuerpo y como la mente, como los sentimientos y los pensamientos, sino que lo apreciamos como algo que nos viene de afuera, un visitante incómodo que ha llegado para fastidiarnos el día, y nos enfadamos con él, sin darnos cuenta de que nos estamos enfadando con nosotros mismos y nos estamos haciendo aún más daño.

    Después de la alerta, tras la conciencia del dolor tratamos de actuar contra él. Existen muchos remedios caseros para mitigar el dolor, una ducha de agua caliente puede hacer milagros, hay dolores que se calman con una postura determinada, otros que dependen de nuestra dieta o de nuestros excesos. Pero existe una reacción específica de nuestro organismo cuando convocamos desde una posición pasiva la palabra dolor: contraernos. La contractura está considerada como una forma natural de responder ante una amenaza exterior, la reacción lógica de nuestro organismo cuando se defiende de una agresión, y sabemos sin embargo que la contractura causa aún más dolor. La explicación a esta paradoja es simple: Si sentimos  que el dolor nos viene de afuera no podremos  evitar el automatismo de la contractura refleja para protegernos pero de esta forma nos causaremos más dolor al disminuir el flujo de sangre en nuestros músculos, a no ser que utilicemos los fármacos adecuados para evitar las contracturas, que suelen provocar cansancio.

    Nuestro dolor, es sano admitirlo, somos nosotros mismos, y nosotros, como parte del mundo que somos contribuimos con nuestro dolor al sufrimiento de todo lo que existe y siente, de todo lo vivo, somos solo una ínfima parte del sufrimiento del mundo. Los analgésicos ayudan a mitigar el dolor, pero quienes los toman suelen verlos como algo extraño que necesitan incorporar a su propio organismo, y los toman de mala gana. Mantienen contra el fármaco la misma actitud de rechazo que ante el dolor, sin caer en la cuenta de que ese fármaco forma también parte del mundo, de la capacidad humana para afrontar el sufrimiento, de mucho esfuerzo y mucha sabiduría concentrados en una sola cápsula, o dos. Quién rechaza el dolor como si fuera algo ajeno rechaza también en la mayoría de las ocasiones y en grado variable el medicamento que pudiera aliviarle, trata de huir de una confrontación entre un producto químico que al poco de tomarlo formará parte de su propio cuerpo como cualquier otra molécula y un dolor que ni mucho menos le es ajeno, aunque nos cueste conjugarlo.

    El dolor trata de desintegrarnos, de desconcentrarnos de nuestra vida, pero nos propone un reto de mejora personal, de aprendizaje, de reflexión, de madurez, de fortaleza. En cualquier caso, el dolor forma parte de la vida.

                                                                                                                    Salvador Crossa Ramírez.                  http://www.lagotaquecalmaelvaso.es

     

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