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Reflexiones de un sureño mediterráneo
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Jonathan Andrades Torres

Docente con mucho que aprender y mucho que enseñar. Defraudado del mundo y esperanzado en el género humano. Malagueño de los de verdad.

Sobre este blog de Málaga

Blog de libre opinión sobre política local, autonómica y nacional. Y Málaga por encima de todas las cosas, Andalucía o España...


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  • 23
    Febrero
    2013

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    28F ¿ALGO QUE CELEBRAR?

    El 28 de febrero hará 33 años desde que echara a andar esta autonomía fruto del “café para todos” del PSOE que dio lugar al ya hoy reconocido como fallido estado de las autonomías. Fallido no sólo por su gestión desde Cataluña a Andalucía pasando por Valencia sino también por su concepción. Echando la vista atrás se hace indispensable y obligatorio para cualquier ciudadano de la región indagar en los porqués de este modelo de organización territorial aunque el ejercicio conlleva alejarse de la propaganda oficial del gobierno autonómico y de los aparatos de los partidos. Hacia finales de la década de los 70 y principios de los 80 el PSOE vio un caldo de cultivo magnífico para idear un granero de votos perenne aplicando como arma política la tradicional división social entre derecha e izquierda en una tierra tradicionalmente rural y sin apenas industrialización que favorecía los preceptos socialistas vinculados a la clase obrera y campesina. Pero para crear vínculos en la población y poder así hacer “nación” necesitaban un ideólogo y un himno, ambos inéditos hasta esa fecha. La consideración de la figura de Blas Infante es polémica porque la realidad entra en conflicto con la versión oficial de la Junta que ha expurgado lo que les chirriaba en su proyecto político. A ningún historiador escapa que Blas Infante se convirtiera al Islam allá por el año 1924 y quisiera hacer de Andalucía una reminiscencia actual de aquel Al Andalus llegando a considerar andaluces a aquellos musulmanes expulsados de la Península víctimas de la intolerancia. Es por ello que su figura se devalúa cuanto más indagamos en ella y pone en evidencia la inconsistencia de uno de los considerados pilares de la comunidad andaluza, que no patria. He aquí algunas de sus palabras:

    ”El pueblo andaluz fue arrojado de su Patria (…) por los reyes españoles y unos moran todavía en hermanos, pero extraños países y otros, los que quedaron y los que volvieron, los jornaleros moriscos que habitan el antiguo solar, son apartados inexorablemente de la tierra que enseñorean aún los conquistadores. Y es preciso unir a unos y otros. Los tiempos cada día serán más propicios. En este aspecto, hay un andalucismo como hay un sionismo. Nosotros tenemos, también, que reconstruir una Sión.” (Elmanifiesto.com)

    Actualmente este casposo y ridículo afán de nacionalismo andaluz, mencionado así en el art. 1 del TÍTULO PRELIMINAR del II Estatuto de Autonomía , recordemos sólo participado por 35% de electores, sólo puede asimilarse en una población analfabeta que por desconocer no conoce ni al alcalde ni a los miembros de la corporación municipal que gobiernan en su ciudad. La propaganda oficial ha campado aquí a sus anchas con escasa dificultad y sigue haciéndolo hoy con su campaña publicitaria “El día más grande de Andalucía”, otorgando como cada año medallas a “embajadores” de la misma, incidiendo ridículamente en la condición de patria de un topónimo que saben bien no implica otra cosa que pura invención conveniente y oportuna y engaño generalizado sobre todo a las provincias orientales entre ellas Málaga, las más damnificadas.

    Durante 33 años la argucia del gobierno andaluz ha sido clara. Devaluar fagocitando las costumbres diferenciadas de la otra Andalucía, la hasta 1980 considerada Andalucía Oriental, bajo un solo prisma: la Andalucía del Guadalquivir. Y bajo ese paraguas crear de modo  fraudulento (no se llevó a cabo el referéndum del I Estatuto para elegir la capital regional) la gran capital del sur de Europa en torno a la cual girara todo lo concerniente a la región como una suerte de Roma imperialista. Este afán centralizador de mentes preclaras, sin paragón con el promovido por el Estado desde Madrid, ha llegado a contradecir a la propia lógica y al raciocinio radicando las sedes y las respectivas gestiones de entes como el Patronato de la Alhambra, Cetursa (empresa pública que gestiona Sierra Nevada) o Cuenca Mediterránea (ente radicado en Málaga que administra las cuencas de los ríos que desembocan en el Mediterráneo) en la capital de su imperio, Sevilla. Este ejercicio de obtusismo político al que nos han condenado por el aborregamiento y adoctrinamiento de la mayoría, incapaz de reaccionar ante tantos dislates, lleva aparejado el concepto de agravio localizado en mayor medida en las provincias orientales en las que son visibles la escasa inversión en infraestructuras que arrastran como un hándicap histórico y su inexistente peso institucional en la región, caso de la provincia malagueña. Los daños han sido ya en muchos casos irreparables, pero tanto ayuntamientos como diputaciones siguen hoy día sin auxilio alguno de la autonomía manteniendo o recuperando costumbres despreciadas y condenadas al olvido por el aparato de la Junta. Como consecuencia existe un creciente desapego con una comunidad de cartón piedra cual decorado hollywoodiense que tiene la misma legitimidad histórica que La Rioja, es decir, ninguna. Estos 33 años en los que se puso de manifiesto este show de Truman a la andaluza van llegando a su fin fruto de la crisis, por la consiguiente falta de fondos para mantener el pesebrismo y su estructura de poder, y especialmente por el desapego de la política y de las instituciones de la ciudadanía cansada de los escándalos de corrupción y del todavía explotado por partidos hasta la indecencia “Y tú más”. En esta autonomía todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido personajes cegados, como el de Jim Carrey, con la realidad que nos circunde. Pero ahora todos, ahora sí, navegamos juntos en un mar y bajo un cielo estrellado que ya sabemos ficticios y que se desmoronan como en aquel genial filme. No se preocupen todo terminará siendo un mal sueño.

     

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