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Reflexiones de un sureño mediterráneo
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Jonathan Andrades Torres

Docente con mucho que aprender y mucho que enseñar. Defraudado del mundo y esperanzado en el género humano. Malagueño de los de verdad.

Sobre este blog de Málaga

Blog de libre opinión sobre política local, autonómica y nacional. Y Málaga por encima de todas las cosas, Andalucía o España...


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  • 07
    Junio
    2013

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    A CABALLO PERDEDOR

    «No sabemos quién será el candidato, pero Zoido es un ganador»

    Así se descolgaba el pasado lunes la secretaria general del PP en su visita a la ciudad hispalense prosiguiendo con un «Nada es imposible» con el que no sabemos si se referiría a darse nuevamente de bruces con las puertas de San Telmo o a la posibilidad de ganar por KO técnico del rival sin haber lanzado ni un solo gancho. Noquear al oponente no es la especialidad del PP andaluz por cuanto su líder, salido en loor de multitudes en el congreso de Granada, es ahora cuestionado no sólo entre los barones provinciales que entonces le impulsaron sino también en un  sector amplio de la dirección general encabezado por Arenas, el cuatro veces candidato a la Junta, que parece resarcirse, después del último varapalo electoral, de la errónea apuesta de la manchega para sucederle. En política los intentos de traslados forzosos no suelen gustar al señalado.

    Pero el problema de la designación del alcalde sevillano radica no en la diversa consideración de su figura dentro del partido sino en su condición de edil que siempre superpuso a la presidencia regional y así lo hizo público en numerosas ocasiones. Predecían sus advertencias lo que se avecinaba. La falta de candidatos a la altura para poner la pica en esta región y la ausencia de voluntarios adecuados a tan arriesgada empresa están siendo un quebradero de cabeza para Rajoy que, como sus antecesores, lleva mal la celebración de primarias o de primarias con candidatos no inducidos, aunque es consciente de que el relevo apremia. Y lo habrá.

    El otro asunto que espina es el gentilicio que acompaña al alcalde-presidente. El centralismo autonómico en comunidades como la andaluza es cuestión más que consabida, demostrada y asumida por partidos como el que presidía Arenas, sabedor de la potencialidad de este discurso en provincias orientales agraviadas durante décadas. Así pues nombrar como relevo a un regidor de la capital andaluza, que confunde intereses de su ciudad con los de los andaluces a quienes debiera representar, ha ido desatando una tormenta paulatina por su consecuente impopularidad, la caída en las encuestas sobre intención de voto y el “sálvese quien pueda” de los alcaldes capitalinos y presidentes provinciales, otrora jaleadores del candidato hispalense, que, en un ambiente de creciente decadencia interna y salpicados por la indignación ciudadana contra la ley de capitalidad que abandera aquel, deslizan sibilinamente a sus aspirantes con cautela y clara intención desestabilizadora.

    En la otra orilla de la partitocracia andaluza Griñán lucha por alejar el eco cada vez más ensordecedor de los EREs que políticamente lo salpica de lleno, y a lo que Ferraz no es indiferente. La delgada línea que une a Rubalcaba y Griñán se basa en un apoyo mutuo inédito, pero muy oportuno para ambos. Ninguno discutirá el liderazgo del otro en este matrimonio de conveniencia. La batería de medidas populistas, más difundidas en medios con tertulianos teledirigidos que aplicadas con contundencia y efectividad, sustentan su ahora recurrente argumento de  la diferenciación:

    «El Gobierno andaluz ha hecho cosas y quiere seguir haciéndolas, y son distintas de las que se hacen en otros sitios»

    Es esta una estrategia bien trenzada, infalible para la audiencia borreguil y seguidista, pero no para los que sufrimos los recortes en Educación y Sanidad de una administración “a la andaluza” que se resiste a prescindir del monstruo de empresas clientelares promovido durante 30 largos años que se lleva la friolera de 6000 millones de euros (2008) donde amigos, familiares y acreedores de favores campan a sus anchas. Y lo que es peor, con cinismo, hipocresía y la impunidad de saber que las leyes no se lo impiden, reintegrarse la paga extra y sólo amagar, debido al revuelo mediático, con subirse sus “pírricos” sueldos. Hay que ser muy indecente para elucubrar esas medidas en estos tiempos tan duros. Hay que ser muy canalla cuando hay ciudadanos que en su más absoluta desesperación llegan incluso a quemarse a lo bonzo en la sede autonómica de ¿Bienestar Social? Si eso es ser distinto a los demás, que venga Dios y lo vea.

    Remataba con sonrisa sardónica el presidente del bipartito con una frase lapidaria y apocalíptica a partes iguales:

    «Andalucía es de izquierdas porque es más sabia que otros lugares»

    Jaén fue el escenario perfecto para esta subordinada dañina por su sectarismo, pues dicta, con ese halo de superioridad que otorga saberse el señor del cortijo andaluz, una sentencia irrevocable de obligada asunción por el pueblo llano. Y eso es ser de derechas y de la rancia, señor Griñán. Sabio es quien no se deja embaucar por argumentos tan simples y peregrinos que dañan la inteligencia de un simio.

    En la otra barricada dos días después respondía Cospedal como si de un debate en diferido se tratara:

    «Ellos (PSOE e IU) tienen dos perdedores, nosotros tenemos un ganador que es Juan Ignacio Zoido. Todo llegará, estén tranquilos»

    Se resume en estas palabras la verdadera significación y alcance de nuestra democracia representativa donde mandan los pactos para arrebatar mayorías y se postulan a dedazo limpio candidatos a presidencia durante décadas haciendo de morada propia unas instituciones ciudadanas por las que debieran estar sólo de paso. La grandilocuencia estilada por la secretaria general sobre el candidato Zoido dice mucho de la inexistente autocrítica de los dirigentes políticos de este país, más interesados en la proclama fácil y directa que conecte con los aplausos de su público ferviente que en las necesidades perentorias del ciudadano. Lo desesperanzador es que sus jóvenes promesas, los futuros cuadros, ya apuntan maneras desde sus inicios para recoger el testigo del continuismo guiados por un ideario impuesto que no ha lugar a atisbo de crítica. Y eso es lo que más nos debe intranquilizar.

    Ellos, los señores oligarcas de este engendro al que mal llaman democracia, demuestran que Confucio estaba en lo cierto cuando afirmó allá por el s.VI a. C. que en un país bien gobernado debe inspirar vergüenza la pobreza, y no parece ser éste.

     

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