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Reflexiones de un sureño mediterráneo
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Jonathan Andrades Torres

Docente con mucho que aprender y mucho que enseñar. Defraudado del mundo y esperanzado en el género humano. Malagueño de los de verdad.

Sobre este blog de Málaga

Blog de libre opinión sobre política local, autonómica y nacional. Y Málaga por encima de todas las cosas, Andalucía o España...


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  • 26
    Marzo
    2013

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    El síndrome de Estocolmo

    España se está convirtiendo por méritos propios en una república bananera y en consecuencia en el hazmerreír de medio mundo. Casos como Gürtel, Pokemon, Bárcenas, y los falsos EREs, que copan portadas aquí y en la China, han minado la moral de una población ya sacudida por los recortes, pero que no ve ejemplaridad en las altas instancias en forma de bajada de sueldos indecentes, eliminación de coches oficiales, asesores, pluses, embajadas, solapamientos, entes inútiles (no para ellos)...

    ¿Dónde está la España de la Transición que encandiló a todo el mundo por su sentido de Estado, solidaridad, generosidad y buen hacer? Irremisiblemente ésa quedó ya en el 78. La ausencia de democracia tantas décadas incidió por inexperiencia y por la bien llamada picaresca española en una estructura de poder donde son los sujetos singulares los que hacen y deshacen a su antojo por entre las rendijas de leyes inmaduras e imperfectas que supieron no adaptar con los tiempos por conveniencia personal. Pero más allá de todo esto podemos apreciar cómo en cada elección al parlamento los mismos partidos consentidores de tan larga lista de infracciones y mala praxis siguen acaparando el poder. Se podría decir sin ser hiperbólico que el ciudadano sufre síndrome de Estocolmo respecto a este desfile de dirigentes implicados en corruptelas o en vías de hacerlo que una y otra vez sacan las suficientes e inmorales mayorías para gobernar con la mayor de las tranquilidades y sin pudor alguno, ése que ya perdieron cuando se incluyeron en listas de partidos salpicados por escándalos.

    No está tan lejos, como declaró Diego Valderas, esta nación y concretamente la comunidad a la que se refirió, Andalucía, de una república bolivariana, de un estado autocrático donde la corrupción campa a sus anchas y la democracia participativa es hoy día inexistente. Es ese el retrato de nuestra mal llamada democracia actual donde el poder verdaderamente ya no reside en el pueblo sino sólo en apariencia, donde los resortes del Estado son apropiados, quebrantando su espíritu constitucional y donde la ignorancia se encarga de hacer el resto.

    Estamos viendo con miopía que sólo la política y concretamente su clase dirigente son únicos intermediarios de la ciudadanía. La comodidad de saber de alguien que nos saque las castañas del fuego tranquiliza, pero ése ha sido el peor error que hemos cometido como ciudadanos desde el mismo momento que hemos trancado las puertas al papel de plataformas y asociaciones ciudadanas que hoy día justamente se están abriendo un hueco en un espectro político sólo dominado por partidos de asalariados con fuertes intereses. Lo conseguido por la PAH en el congreso abre el camino para que más organizaciones ciudadanas promuevan el cambio de un estado hasta ahora partitocrático para hacerlo más participativo a través de la acción directa de los ciudadanos. Para ello la ley electoral y la de partidos deben abordarse inmediatamente.

    Pero volviendo a Andalucía, se han de poner los ojos en la Justicia, el otro arma de la sociedad. Después de 6 meses, nada más y nada menos, la jueza Alaya vuelve con más bríos que nunca para seguir poniendo los puntos sobre las íes. Y es ahí donde nuestra clase política, la de aquí, se atreve en palabras del número dos, Mario Jiménez, a contradecir con tono amenazante lo declarado por el director de la mismísima Benemérita respecto al caso ERE. Algo de lo que en Ferraz habrán tomado buena nota, pues nadie, y mucho menos un político que debe ejemplaridad, puede estar por encima de la ley y de los cuerpos de seguridad del Estado. Denominar esta investigación sobre los falsos EREs persecución y cacería política habiendo puesto en duda la imparcialidad de la jueza, y por extensión de la Justicia, dada su supuesta amistad con miembros del partido oponente, es del todo intolerable, máxime cuando nadie desde la cúpula de la Junta ha asumido responsabilidades políticas después de 10 años de trama fraudulenta. Pero ¿quién es el listo que le pone el cascabel al gato? Esperemos que Mercedes Alaya lo haga.

     

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