La vacunación contra la Covid-19 avanza a buen ritmo con la tercera dosis en marcha, pero son habituales las conversaciones sobre los distintos efectos que tienen las dosis en cada personas. Parece que no hay dos personas iguales, pasando de los que se quejan de un dolor temporal en el brazo hasta los que se pasan días para recuperarse.

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Y las reacciones eran múltiples, desde aquellos que sólo les había supuesto una pequeña molestia en el brazo a otros a los que la vacuna COVID-19 les había dejado postrados durante un día debido al malestar y a la fiebre.

¿Y cual es la explicación a estas múltiples reacciones a la vacunación contra la COVID-19? Hay expertos que lo atribuyen a la reacción inmune que produce el organismo de cada uno.

Pero puede haber más causas, como lo que los expertos denominan el efecto nocebo.

¿Qué es el efecto nocebo en las vacunas COVID-19?

Todos conocemos lo que es el efecto placebo.

Se produce cuando tras administrar una sustancia sin ningún tipo de efecto, por ejemplo, un suero salino, se produce una modificación, muchas veces demostrable fisiológicamente, de los síntomas de una patología.

Pues bien, con el efecto nocebo ocurre lo mismo solo que el sujeto lo que experimenta son los efectos secundarios que produce un tratamiento o medicamento, cuando realmente no le ha sido administrado.

Hablamos de cuando en un ensayo clínico, el paciente es informado sobre el tipo de medicamento que se está probando y sobre los efectos secundarios que puede producir.

Y el paciente que recibe el placebo, comienza a experimentar la lista de efectos secundarios de los que ha sido informado.

Dolor de cabeza y fatiga tras recibir el placebo

Pues bien, según una investigación publicada en Jama Network, más de dos tercios de los síntomas adversos durante los ensayos de las vacunas contra la Covid-19 se debieron a este fenómeno de nocebo.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores recogieron 12 estudios realizados sobre las vacunas contra el SARS-CoV-2, que incluían diferentes tipos de vacunas (ARNm, vector viral o basadas en proteínas).

En ellos, se analizaron las reacciones adversas de un total de 45.380 participantes, de los que 22.578 eran receptores de placebo y 23 817 receptores de vacuna activa.

Así, los investigadores han concluido que las reacciones sistémicas, como dolor de cabeza, fatiga, el malestar general o el dolor articular, fueron debidas al efecto nocebo.

Hablan de proporciones significativas entre los que recibieron placebo. En concreto un 35% después de la primera dosis de la vacuna COVID-19 y el 32% después de la segunda dosis.

Los efectos secundarios más declarados por los participantes que recibieron placebo fueron el dolor de cabeza, experimentado por 19,3% de los participantes tras la primera dosis y la fatiga, el 16,7%.

¿Nos estamos autosugestionando con las vacunas del coronavirus?

A estas alturas de la pandemia millones de personas ya han recibido una o varias dosis de las vacunas contra la Covid-19.

Y todos hemos sido informados en cada uno de los pinchazos de los posibles efectos adversos (dolor de cabeza, dolor local, fatiga…) que la inoculación nos podría generar.

Pues bien, los investigadores apuntan a que muchos de los síntomas que se han padecido tras cada dosis administrada puede haberse debido al efecto nocebo.

Existe evidencia científica suficiente de que este tipo de información puede aumentar los mecanismos nocebo, que no son otros que la ansiedad y las expectativas de sufrir esos efectos adversos.

Por ello, los investigadores plantean la posibilidad de que también seamos informados, tanto en los ensayos clínicos como en casos de vacunación masiva como el que vivimos, de lo que es y cómo nos influye el efecto nocebo.

Hacerlo podría «ayudar a reducir las preocupaciones sobre la vacunación contra la COVID-19, lo que podría disminuir las dudas sobre la vacunación», y, además, terminar con algunas de las pequeñas molestias derivadas de la vacunación.