David Delfín, poeta malagueño de amplia y premiada trayectoria, ha publicado en la editorial EDA, también de la provincia, el libro ‘La voz alzada. Carnaval cantado y transformación cultural’, un trabajo monumental y casi definitivo sobre la evolución y las aportaciones de la fiesta en Málaga y en Andalucía. Un libro de lectura obligada y también, de consulta.

Al carnaval le persigue el sambenito de fiesta chabacana. Lo sabemos bien los amantes de este fenómeno. Pero es un proceso de estigmatización similar al que sufrieron el flamenco o la copla...

Sí, y quizás eso sea un poco por todo ese arco de referencia que el carnaval arrastra desde la antigüedad, y que de alguna manera, afortunadamente también, no se ha despojado un poco de todo eso. Pero el gran logro que se ha producido en los carnavales, sobre todo de Europa, no tanto así de Hispanoamérica, y al decir Europa es España, es que se ha conseguido mover al carnaval desde el concepto de rito y tradición al de cultura. Y en eso la copla ha tenido mucho que ver. La copla ha sido el componente cultural que ha conseguido mover. Y hay muchos aficionados que se enganchan al carnaval por la copla y comprenden luego mejor todo el sentido de la fiesta. Sólo hay que ver la cantidad de publicaciones que están saliendo sobre el carnaval de Andalucía y es porque ya no se asemeja tanto al concepto de rito o de tradición que hay que repetir todos los años, sino que hay un peso cultural muy importante.

El Carnaval de Málaga tiene más pedigrí del que la gente cree...

Sí, para mí ha sido una de las grandes sorpresas del proceso de escribir este libro. Yo conocía muy bien la copla contemporánea, la de los últimos cuarenta años de Málaga, fundamentalmente, pero no había tenido tiempo de profundizar un poco más y poner en contexto esas coplas antiguas, con los archivos a los que he tenido acceso, cuando te pones a leer las coplas, y es verdad que ahí solo se conservan las coplas mejor construidas, las coplas más irreverentes probablemente no se publicaban en los libretos, pero esa conciencia social está ahí, el gran milagro del carnaval en Andalucía es el carnaval cantado andaluz, ese soporte que han tenido las nuevas generaciones de andaluces desde el siglo XIX, en el primer tercio del siglo XIX es cuando se unen copla y carnaval, aquí en Málaga había una enorme tradición de estudiantinas, coros, orfeones, como esos actuaban durante todo el año e iban incorporando esos repertorios, villancicos en Navidad, canciones para ser cantadas en veladas veraniegas, en círculos recreativos y culturales, llega un momento en que dicen yo puedo incorporar coplas de tono más burlesco, más satírico, más divertidas para actuar también y ser contratadas y es en ese periodo, no solo en Málaga sino en toda Andalucía, cuando se unen la canción y el carnaval y ese tipo de composición empieza a tener un carácter carnavalesco. Y es la gran herencia que hemos recibido de toda esa etapa, evidentemente es una evolución de casi doscientos años que ha llegado a constituirse en el fenómeno que hoy por hoy es el carnaval cantado.

¿La derrota del carnaval, su denigración sistemática se produce por no saber hacer a la burguesía parte de la fiesta?

Tengo la impresión de que cada estamento social celebra el carnaval a su manera y no participa de las formas de celebración de otros estamentos. Yo creo que eso siempre ha sido así, incluso hoy que existe en España y Europa una gran igualación social sigue habiendo una gran diferencia, porque aquellos que no quieren participar activamente en la fiesta de una forma física lo siguen por televisión, replican en las redes sociales, es decir se está produciendo un nuevo fenómeno. Igual que la burguesía se aislaba del Teatro Cervantes o en el reservado de los círculos culturales, hoy hay mucha gente que no quiere participar de forma activa y utiliza otros canales para vivir el carnaval. Cada estamento social, cada persona, construye un poco el carnaval a su medida y probablemente de haber continuado el carnaval de Málaga, si no hubiese habido una interrupción, en mi opinión esas diferencias habrían seguido.

El Carnaval de Málaga ayuda al nacimiento de un andalucismo popular, un autonomismo...

Sí, se da un fenómeno interesante en Málaga, ya que coincide el proceso de la recuperación del carnaval con todo el proceso preautonómico, a finales de los setenta. Tanto la lucha por la autonomía como la lucha por el carnaval tienen un frente común y es que suponen una ruptura en relación a la dictadura, y ahí se va a constituir un fenómeno de identidad muy concreto, que es explicar el andalucismo, el sentido del andalucismo. Y quizás lo más interesante que hoy sucede es que el sentimiento de la expresión andalucista donde se puede ver cómo lo piensan las nuevas generaciones es en las coplas. Prácticamente no está en ningún otro estamento que no sean las coplas.

¿Qué rasgos específicos encontramos en el Carnaval de Málaga?

Hay varios, yo destaco fundamentalmente la teatralización, el desarrollo de una evolución y de la historia de un personaje bajo los formatos de murga y comparsa, aquí nuestros autores han practicado un modelo de murga y un modelo de comparsa donde comprobamos la evolución del personaje a lo largo del repertorio, donde se produce incluso una acción, un conflicto, el desarrollo de una situación, incluso cambios espacio temporales a lo largo del repertorio. Es decir, no estamos asistiendo a un concepto de murga o de comparsa más estática, más formal, sino que aquí se entiende más como una representación. Y esa es una aportación que se ha producido en Málaga y que es muy interesante con respecto a lo que es el carnaval cantado andaluz en su conjunto. Luego otra característica es la de aquellos autores que han usado la murga o la comparsa para la expresión cultural. Para la proyección cultural o el relato de pasajes históricos como ha hecho Sergio Lanzas. Eso es una aportación bastante interesante, en muchos autores no prevalece tanto el contar la opinión que yo tengo sobre determinados aspectos, sino intentar que haya un hilo conductor, una historia que contar, es una aportación que se hace desde Málaga. Esa teatralización ha llevado también a que se han desarrollado otros elementos con un carácter más artístico, como pueden ser la escenificación, la instrumentación, la interpretación, etcétera. Esto es un aspecto en el que ha jugado un papel fundamental el Cervantes.

Hace una semblanza histórica de Huelva, Isla Cristina o Cádiz, antes de meterse en harina con Málaga. ¿Por qué arraigan los carnavales en esos puntos y en otros, no tanto?

Yo no lo sé con seguridad, en el libro me interesaba que se comprendieran mejor todas las aportaciones que los creadores han hecho en el Carnaval de Málaga. Para que se pudiese encajar mejor con respecto a otros carnavales históricos de Andalucía como pueden ser Isla Cristina, Huelva y Cádiz. Y que a partir de ahí se comprendiesen mejor las innovaciones que se han hecho aquí en Málaga. Luego es verdad que cuando se recupera la democracia, y en los ochenta, yo mismo me recorría media Andalucía viendo cómo se recuperaban fiestas de carnaval en cientos y cientos de pueblos, que luego no sobrevivieron. El gran mérito que tiene el Carnaval de Málaga es que ha sabido construir una fiesta nueva, adaptarse y hacerla perdurar en el tiempo. Ha sido un milagro cultural al que no se le ha dado la importancia que tiene. Hoy el carnaval cantado vertebra Andalucía de punta a punta tanto como puedan ser la A-92 o el mar Mediterráneo.