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La voz alzada

Sin discutir la fe

Reírnos de nosotros mismos es un ejercicio de reafirmación muy poderoso

David Delfín

David Delfín

Málaga

Otra de las aportaciones del carnaval cantado a nuestra cultura local ha sido narrar el conjunto de realidades que se producen durante la Semana Santa, desde un punto de vista cómico y como una afirmación de religiosidad. Con las murgas 'Salvados por la Campana' (2003) o 'Las Mantis Religiosas' (2007), sus autores e intérpretes establecieron un canon de conversación con el público que ha sido ampliamente desarrollado y perfeccionado desde entonces. Aunque parezca lo contrario, la posmodernidad actual —y tecnológica— restringe libertades individuales, favoreciendo que, por ejemplo, las coplas carnavalescas sean un prototipo de pensamiento libre y creador, sin temor a la discusión pública. Reírnos de nosotros mismos, a la vez que se ofrecen propuestas de calidad humorística, ya sea en el Teatro Cervantes o en una esquina de la calle Larios, es un ejercicio de reafirmación muy poderoso. Además, si esta práctica se realiza sobre la religiosidad popular y sin cuestionar la fe, el carnaval resultante consolida creencias.

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