28 de junio de 2013
28.06.2013
Sucesos

Problemas económicos pudieron motivar el crimen de la familia británica de Mijas

Los vecinos aseguran que el padre vendió sus dos coches para poder pagar sus gastos y se desprendió de sus tres gatos

28.06.2013 | 01:34
Una fotografía de la familia fallecida en Mijas mostrada ayer en la web ITV.com.

La hipótesis de que Philip Wood, el padre de una familia extranjera encontrado muerto el pasado miércoles junto a su mujer y su hija –Sheila y Sophie– en su casa de alquiler de Mijas, matara a éstas y luego se suicidara comienza a sumar elementos que la hacen más creíble. Varios vecinos de la urbanización Torrenueva, donde se ubicaba el chalé de la familia Wood, aseguraron ayer a La Opinión que el fallecido tenía serios problemas económicos, como él mismo había comentado a alguno de ellos.

Es el caso de Elisabeth Clara, una vecina holandesa que aseguró a este diario que este padre de familia le contó que había vendido sus dos coches para poder sacar dinero para pagar sus gastos y que además le preguntó por una protectora de animales para dejar allí a sus tres gatos. «No debía estar muy bien de dinero cuando me contó todo eso. Tenían tres gatos en su casa y parece que no podía ni alimentarlos porque me preguntó, hace dos semanas, que si conocía alguna protectora de animales donde poder dejarlos», aseveró. Además, varios medios británicos informaban ayer de que la familia habría recibido días atrás la visita de cobradores de deuda y aseguraban que el padre había trabajado en un banco y en el sector inmobiliario antes de quedarse en paro.

En la nota que presuntamente se halló en la casa el padre explicaba que habían llegado a ese extremo debido a que no podían sobrellevar más la enfermedad de la hija, que podría sufrir una discapacidad psíquica que le hacía tener mentalidad infantil. La madre, de hecho, había dejado un mensaje en Facebook a principios de mes –«She who leaves a trail of glitter is never forgotten» (Aquella que brilla nunca es olvidada)– que muchos interpretaron ayer como un presagio del suceso.

Clara confirmó –tal y como hicieron otros vecinos del fallecido el día anterior– que Wood y su familia –él era británico y su mujer e hija irlandesas– llegaron al 266 de la calle Tarifa hace unos años, «siete u ocho, posiblemente», y que eran personas «poco sociables y muy tranquilas». Sin embargo, con esta holandesa de unos 60 años y su marido, sí que tuvieron más relación con la familia. No en vano, explicó a esta publicación que Sheila Wood, la mujer de este matrimonio y que al parecer sufría una discapacidad física que le dificultaba seriamente sus movimientos, le pidió en varias ocasiones que hablara con un vecino español cercano cuyo perro no la dejaba dormir por las noches por sus ladridos. «No hablaban casi nada de español. Yo me defiendo, y lo sabían. Por eso, ella vino muchas veces a pedirme que hablara con este vecino para que tratara de controlar a su perro. Pero nunca pude decírselo porque no me abría la puerta», comenta resignada.

Por último, esta holandesa conocida de la familia Wood confesó que oyó «dos ruidos fuertes muy seguidos el pasado jueves o viernes, no lo recuerdo con exactitud, sobre las 19 horas». Seguidamente, unos cinco minutos después, oyó otro más. De hecho, fuentes cercanas al caso confirmaron que cada cuerpo tenía un solo disparo. «No supe que eran disparos. Aquí en esta zona hay vecinos con niños que están jugando en sus jardines y hacen ruidos. Nunca me imaginé ésto», manifestó ciertamente conmocionada. «No he dormido en toda la noche y he tenido que cerrar con llave todas las puertas», apostilló.

Otro aspecto que apuntala la mala situación financiera que podría estar atravesando la familia Wood es el aspecto descuidado que presentaban a día de ayer tanto las distintas terrazas como el jardín del chalé en el que vivían desde hacía años en régimen de alquiler. El césped, las plantas y matorrales del jardín estaban bastante crecidos. La entrada y el porche parecían sucios y las sillas y mesas estaban esparcidas por varios lugares.

En otra casa contigua al 266 de la calle Tarifa, en la cercana avenida de Jerez, la hija de dos vecinos también británicos que viven en dicha vivienda confirmó que Wood tenía la abundante vegetación de su jardín algo abandonada. «Yo llevo aquí un día de vacaciones y mi padre, que vive todo el año aquí junto a mi madre, me ha contado que hace una semana fue a pedirle que podara uno de sus árboles porque estaba invadiendo nuestro jardín».

Esta mujer, que no quiso revelar su identidad «porque me siento muy impresionada», aseguró que sus padres no tenían relación con ninguno de los tres fallecidos porque «eran personas que no se relacionaban con nadie». Además, reconoció que sus progenitores escucharon la pasada semana ruidos muy fuertes, que ahora creen que pudieron ser los disparos que acabaron con la vida de Sheila y Sophie Wood y la del padre de familia después. «Era como una explosión. Primero dos seguidas y unos minutos después, una tercera», dijo.

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