La lucha antidroga ha destapado la trama del Mark R.B., un escurridizo británico de 64 años asentado desde hace mucho en Sotogrande (San Roque, Cádiz), donde vivía completamente integrado entre la flor y nata de este exclusivo enclave andaluz. Amante del mar y del golf, presumía en sus redes sociales de haber sido en el pasado el mánager general del Club Valderrama, uno de los mejores campos de Europa y el mejor punto de encuentro con los contactos más influyentes de la zona. Con una educación tan exquisita como su discreción, más de un miembro de su comunidad se llevará las manos a la cabeza cuando asocie a Mark con el presunto líder de una organización dedicada a introducir grandes cantidades de hachís por el litoral andaluz. Y que ya se encuentra en prisión.

Tras muchos años detrás de él, la Policía Nacional y Vigilancia Aduanera han conseguido acreditar que el británico desplegaba todos los conocimientos náuticos que acumuló durante su etapa como miembro de un submarino de la Royal Navy británica para lograr su objetivo, que no era otro que hacer llegar el hachís a la costa andaluza para posteriormente distribuirla por Reino Unido y Ucrania, países en los que tendría sus principales relaciones comerciales.  

La investigación comenzó a tomar forma el pasado año. Los agentes comprobaron que el veterano de la marina británica tenía varias empresas de compraventa y alquiler de embarcaciones con las que organizaba los transportes de droga y otras sociedades pantalla para blanquear el dinero procedente del narcotráfico, sobre todo en el sector inmobiliario. Más adelante, los investigadores constataron la relación del investigado con otros narcotraficantes afincados en Ceuta que le suministraban el hachís que luego transportaba en veleros y yates.

El seguimiento a los sospechosos no resultó fácil. El grupo organizaba sus encuentros en lugares que dificultasen la labor policial y hasta se desplazaban a Ceuta en sus embarcaciones particulares, acción que evitaba que sus datos personales y sus movimientos quedaran registrados en las compañías de transporte que conectan la ciudad autónoma con la península por vía marítima o aérea.

La primera fase de la investigación se desarrolló en agosto de 2020, cuando parte de la organización fue sorprendida preparando un transporte de droga. La embarcación intervenida en el puerto deportivo de Ceuta llevaba 600 kilogramos de hachís. Tres meses más tarde, el grupo planificó un nuevo envío, pero en esta ocasión la embarcación de recreo fue interceptada en el puerto deportivo de Sotogrande con una tonelada de hachís.

Finalmente, la pasada semana se llevó a cabo la explotación operativa con la detención de 10 personas, seis de ellas en Ceuta, dos Manilva y otras dos en Sotogrande. Los agentes también han intervenido un velero, dos yates, cinco vehículos de lujo, más de 5.800 euros en efectivo, una pistola simulada, una pistola táser, armas blancas y un dron.