La fuerza y virulencia del incendio de Sierra Bermeja ha cogido por sorpresa a los efectivos del Plan Infoca, que llevan más de 48 horas intentando controlar el fuego sin conseguirlo y han tenido que retirar los medios terrestres por la aparición de un pirocúmulo, una gran nube llena de brasas incandescentes. Estas características convierten a este fuego en un incendio de sexta generación o tormenta de fuego, un tipo que hasta ahora se había registrado en Australia, Estados Unidos y el Mediterráneo Oriental (Grecia y Turquía este verano), pero que es la primera vez que se vive en España. Y no está siendo nada fácil intervenir para atajarlo.

Este tipo de incendios está muy relacionado con el cambio climático y son especialmente peligrosos, en tanto que tienen una gran virulencia, la aparición de esas nubes de fuego multiplican la capacidad de extenderse y tienen un comportamiento engañoso, nada que ver con los incendios que tradicionalmente se han producido en España.

¿Qué es un incendio de sexta generación?

Según el subdirector regional del Infoca, Alejandro García, son incendios que generan una nube de condensación debido al calor del fuego que, en función de la diferencia de la temperatura entre el suelo y las apas altas, tiene más o menos capacidad para penetrar en la atmósfera.

"En las capas altas, más frías, puede haber humedad. Cuando esa circunstancia se da, se van cargando de agua y, por tanto, de peso, y van perdiendo la fuerza de inercia hacia las capas altas. Se empiezan a ensanchar y cuando se separan de la fuente de alimentación se derrumban", explica Alejandro García. "Al derrumbarse, todas las pavesas incandescentes que contienen las columnas de humo, empiezan a arder de nuevo, porque al no haber oxígeno, arden muy lentamente. Al caer vuelven a pasar por oxígeno y salen a escenderse. De esas miles de pavesas, decenas, cientos, caen".

Es un fenómeno muy peligroso para los operativos, ya que puede producir atrapamientos masivos, "como vimos en aquellas 32 personas en Pedrogao en 2017", ha recordado García. 

Por ello, desde el puesto de mando se ha tomado la decisión de retirar todos los efectivos que seguían trabajando por tierra y mantener los medios aéreos, a la espera de que esa enorme nube de humo blanca se disipe o bien comience a achatarse por debajo y se derrumbe.

"Tenemos un avión de coordinación que cada media hora primero y cada 15 minutos después nos está mandando una fotografía del desarrollo de ese pirocúmulo y además la altitud. Así vamos vigilándola", agrega el subdirector del Infoca, un equipo que cuenta con tres meteorólogos especialistas en lectura vertical de la atmósfera que van informando de la evolución.

Este fenómeno ya se produjo durante la jornada de ayer y acabó desapareciendo sobre las nueve y media de la noche, de modo que desde la dirección del incendio se dan un margen de media hora o un poco más. "A partir de las ocho, ocho y cuarto se habrá reducido tanto que podremos volver a acometer aquellos trabajos de extinción perimetral. Esperamos que el riesgo se haya anulado a las 10 de la noche".