Historia de Málaga
Juan Carmona, el último vigilante del Tívoli: "Yo antes de trabajar aquí fui un niño que veía esto como un mundo mágico"
El trabajador, que lleva casi cinco años viviendo en el parque, espera que la renovación proyectada respete la identidad y los recuerdos del lugar

Juan Carmona, uno de los cinco trabajadores del parque de atracciones Tivoli que cuida y mantiene tras su cierre desde hace 5 años. / Álex Zea / LMA

Las puertas del Tívoli World permanecen cerradas al público desde septiembre de 2020, pero para Juan Carmona el parque nunca ha dejado de estar vivo. Mientras el futuro de las instalaciones avanza hacia una reapertura prevista para 2029, este antiguo trabajador continúa recorriendo a diario las calles vacías del recinto, vigilando sus instalaciones y evitando que el paso del tiempo o el vandalismo borren la historia de uno de los espacios de ocio más emblemáticos de la Costa del Sol.
Juan comenzó a trabajar en el parque hace 33 años y lleva casi cinco años viviendo prácticamente en sus instalaciones desde su cierre. Carmona ha sido testigo de la incertidumbre, los procedimientos judiciales y las negociaciones que han marcado el futuro del Tívoli. La aprobación del nuevo proyecto es el motivo de mayor optimismo desde que las atracciones dejaron de funcionar.
"Las dos grandes alegrías que hemos tenido fueron saber que el propietario protegía la marca Tivoli World y, después, el acuerdo para sacar adelante el nuevo proyecto. Ahí vimos que había un interés real porque el parque siguiera existiendo", afirma.
Un parque que fue mucho más que un trabajo
Para Juan, su puesto de trabajo en el Tívoli fue más que un empleo. Entró siendo un joven técnico de sonido y terminó desempeñando distintas responsabilidades relacionadas con las operaciones, las telecomunicaciones y el mantenimiento del recinto durante más de tres décadas.

Las atracciones del Tívoli / L.O.
Pero su vínculo comenzó mucho antes de fichar por primera vez. "Yo antes de trabajar aquí fui un niño que veía esto como un mundo mágico. Venía como cualquier otro visitante y tengo imágenes grabadas en mi cerebro que jamás han desaparecido y jamás desaparecerán".
Aquellos recuerdos infantiles terminaron convirtiéndose en una vida profesional ligada al parque, donde participó en distintas reformas y convivió con varias generaciones de trabajadores y visitantes. "El Tivoli me permitió crecer profesionalmente y construir mi vida. Aquí aprendí distintos oficios, compré mi casa y saqué adelante mi futuro".
La decisión de quedarse
Cuando el parque cerró de manera definitiva tras la pandemia del Covid-19 y los conflictos judiciales impidieron su reapertura, muchos trabajadores tuvieron que buscarse un nuevo empleo. Pero Juan tomó un camino diferente y decidió quedarse.
Carmona junto a un grupo reducido de antiguos empleados organizaron un sistema de vigilancia para evitar robos y actos vandálicos. Con cámaras alimentadas mediante generadores, conexiones inalámbricas improvisadas y rondas diarias, han conseguido mantener el recinto en condiciones durante estos años.
No quería preguntarme dentro de unos años qué habría pasado si yo hubiera estado aquí y no hubiera hecho nada. Quiero poder decir que lo entregué absolutamente todo
Lejos de considerar que se trataba de un sacrificio, asegura que necesitaba hacerlo para no convivir con la sensación de haber abandonado un lugar que le había dado tanto. "No quería preguntarme dentro de unos años qué habría pasado si yo hubiera estado aquí y no hubiera hecho nada. Quiero poder decir que lo entregué absolutamente todo".
Durante este tiempo también ha combatido una expresión que considera injusta para definir la situación del recinto. "Nos duele mucho cuando hablan de un parque abandonado. Nosotros siempre decimos parque cerrado. Abandonado da la sensación de que aquí ya no queda nada, y eso no es verdad".
La memoria de varias generaciones
El paso de los años ha convertido al Tívoli en un lugar cargado de recuerdo para miles de familias malagueñas y visitantes de toda España y Europa. Juan lo comprueba cada vez que alguien se acerca a las puertas del parque o le escribe a través de las redes sociales preguntando cuándo volverá a abrir.
Para él, ese vínculo emocional entre las personas y el parque tiene una explicación sencilla. "No era un trabajo cualquiera. Cada rincón se me hace tan familiar porque está lleno de recuerdos. Aquí hemos conocido a muchísima gente y hemos compartido una parte muy importante de nuestras vidas".

Juan Carmona, uno de los cinco trabajadores del parque de atracciones Tivoli que cuida y mantiene tras su cierre desde hace 5 años. / Álex Zea / LMA
Al evocar la época de mayor esplendor del Tívoli, no habla primero de las atracciones, sino de las sensaciones. "La vida nocturna del parque era encantadora. Cuando se escondía el sol tras la sierra se encendían las luces, bajaba la temperatura y el ambiente olía a verano. Veías a la gente sonriendo, esperando un espectáculo o haciendo cola para una atracción, y parecía que todo el mundo era feliz".
La importancia de conservar la identidad
Aunque recibe con ilusión el proyecto de renovación del Tívoli, Carmona espera que la transformación no borre aquello que convirtió al parque en un lugar único.
El nuevo diseño contempla dos hoteles, un centro comercial y una reconfiguración del recinto que obligará a trasladar algunas atracciones y modificar parte de su distribución. Sin embargo, considera que todavía es posible mantener la personalidad del parque. "La gente no quiere solo un parque nuevo; quiere volver a reconocer el Tivoli. Hay atracciones, rincones y una forma de recorrerlo que forman parte de la memoria colectiva”, afirma.
Juan recuerda algunas de las atracciones que más mencionan los antiguos visitantes como el Barco Misterioso, el Twister, los coches clásicos o la singular distribución escalonada del recinto. "Creo que se puede combinar lo nuevo con lo que ha hecho especial al parque durante tantos años".
Esperando volver a escuchar el 'jingle'
Si hay un sonido capaz de recordar a un lugar es la sintonía que anunciaba la apertura y el cierre de cada jornada. Juan confía que algún día vuelva a sonar por la megafonía, además asegura que todavía hoy, durante las concentraciones organizadas para reclamar la reapertura, basta con que alguien empiece a tararearla para que otros continúen la melodía.
Uno de los mayores deseos de Carmona es que la ilusión no se pierda y continúe con la reapertura del parque. "Si dentro de veinte años un niño recuerda el Tívoli con la misma ilusión con la que nosotros recordamos el antiguo, me sentiré más que recompensado".
Hasta entonces seguirá recorriendo el parque cada mañana, revisando las cámaras, alimentando a los pavos reales que aún habitan en el recinto y protegiendo un lugar que considera parte de su propia vida.

Juan Carmona, uno de los cinco trabajadores del parque de atracciones Tivoli que cuida y mantiene tras su cierre desde hace 5 años. / Álex Zea / LMA
Eso sí, reconoce que hay algo que le inquieta incluso más que la larga espera. "Tengo más miedo al día que vuelva definitivamente a mi casa. Después de todo este tiempo, las paredes se me van a hacer pequeñas”.
Porque para Juan Carmona el Tívoli dejó hace mucho de ser un lugar de trabajo. Se convirtió en un hogar, y mientras las luces no vuelvan a encenderse, seguirá custodiando la memoria de un parque que se resiste a desaparecer.
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