12 de marzo de 2012
12.03.2012
Tres años de trabajo

El sueño de un joven arquitecto

Manuel Campos presenta un proyecto para la recuperación de la Villa Romana con el respaldo de expertos municipales

12.03.2012 | 06:00
El joven arquitecto Manuel Campos, con la maqueta de su proyecto.

Manuel Campos tiene 26 años y lleva ya casi tres trabajando en el proyecto de recuperación de la Villa Romana de Antequera, restos encontrados en las obras de la circunvalación norte de la ciudad en 1999 y catalogados en 2006 como zona arqueológica. «El proyecto está finalizado y se podría ejecutar inmediatamente». «La intervención se compone de dos partes claramente diferenciadas: la puesta en valor del propio yacimiento y la construcción de un edificio que contenga un espacio para los visitantes; y otra zona privada, totalmente independiente con espacio para la investigación y oficinas, necesarios para continuar con la excavación del yacimiento», dice.

 El proyecto, que ya está en planos y reflejado en una maqueta a escala, está respaldado por arqueólogos municipales, como Manuel Romero, que han calificado el estudio de muy interesante y que además contempla la posibilidad de seguir excavando, ya que asegura que no se ha alcanzado aún el 20 % de la extensión de la villa romana. «Sin embargo, lo que hay hoy en día descubierto, tiene la suficiente entidad como para ser ya un destino obligatorio para los turistas que visiten la ciudad», dice Romero.

Así, el arquitecto recoge en su estudio los pormenores de un proyecto que al tener que sentar sus bases sobre delicados restos arqueológicos cuentan con una serie de parámetros. «Uno de los objetivos principales en sus comienzos era el de construir, siempre y cuando fuera posible, en las inmediaciones de la villa, en un lugar que no dañara las estructuras arqueológicas y que, a su vez, no interfiriera en los restos. Además, este lugar debía de estar fuera de los límites confirmados de la zona residencial de la villa, permitiendo el crecimiento de la excavación hacia otras extensiones de superficie en distintas direcciones.  Estas condiciones tan sólo se dan al norte de la excavación, entre esta y la vía actual de ferrocarril, que en un futuro se suprimirá.  El edificio aprovecha además la diferencia de nivel entre el suelo y los restos arqueológicos por lo que el edificio no entra en conflicto con las ruinas, lo antiguo y lo nuevo, conviven. Su cubierta se encuentra a la cota de visita a la villa romana, permitiendo al visitante acceder a través de la misma a los restos arqueológicos», explica.

Estética. Lo importante es la Villa, por eso el edificio debe cuidar su estética. «Es un volumen puro, sencillo, siguiendo los ejes con los que se construyó en su época la villa romana, pero construido con el material pétreo de la modernidad: hormigón armado, como paneles prefabricados del mismo material en las fachadas principales. En este momento y con lo que hay, se proponen cuatro zonas de visita: para la zona oeste del peristilo, para el mismo peristilo, para la gran galería al norte y para las termas romanas situadas al oeste. Se prevé que la excavación continúe, por lo que el edificio se puede ampliar con tantas cubiertas como fuere necesario», argumenta Campos.

Un espacio de la ciudad donde se plantean importantes proyectos de futuro. «El único sitio por el que se puede acceder al edificio es por el este, al igual que ocurre actualmente. De esta manera, más adelante se podrá llegar desde la estación actual de ferrocarril, situada en esa dirección. Es aquí donde se produce tanto el acceso peatonal a través de una pasarela-mirador rodeando la villa romana por el norte, como el acceso rodado bajo la misma, hacia el garaje privado y carga-descarga en la cota más baja del edificio. Este camino se construye aprovechando la pendiente del terreno en ese punto, evitando muros de contención que nos priven de vistas hacia la vega», apunta el arquitecto.

 El recorrido por el centro propone un sistema de pasarelas y plataformas a través de las cuales el público se pueda hacer una idea de cómo se configuraban las distintas estancias de la villa y admirar los increíbles mosaicos in situ. «Por último, y no menos importante, los restos arqueológicos se protegen mediante unas cubiertas sencillas y livianas, construidas con una estructura de acero y con un acabado de paneles translúcidos», explica Campos.

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