20 de marzo de 2012
20.03.2012

Unicaja recupera una Dolorosa del XVIII, una de las esculturas más notables del barroco local

Salvo Rabasco restaura esta talla, atribuida a los Asensio de la Cerda

20.03.2012 | 06:00
La Virgen Dolorosa luce ya restaurada en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Unicaja.

La imaginería barroca malagueña alberga un destacadísimo protagonismo en la historia artística de nuestro país gracias a las prodigiosas manos del célebre escultor Pedro de Mena. Sin embargo, una reciente investigación de los doctores de historia del arte de la Universidad de Málaga Juan Antonio Sánchez López y Sergio Ramírez ha permitido rescatar del olvido un clan familiar completamente desconocido, aunque de incuestionable prestigio en el contexto artístico andaluz de la época y cuyo «campo de operaciones» se inscribió en el marco de la escultura malagueña del XVIII.

La familia de escultores Asensio de la Cerda, compuesta por el verdadero referente familiar, Pedro, su hijo Vicente y Antonio –hermano y tío respectivamente de los anteriores– formaron parte de la élite escultórica de la época. «Las obras de los Asensio de la Cerda construyen en toda regla una cadena de piezas análogas, cuyos eslabones integran una serie de Dolorosas desaparecidas y/o repartidas por templos y conventos de la capital y provincia malagueña e incluso de otros puntos de Andalucía», subraya Sánchez López.

Como muestra, la Virgen Dolorosa del Museo de Artes y Costumbres Populares, atribuida por Sánchez López a esta familia de escultores y concretamente a su cabeza visible, Pedro Asensio de la Cerda, nacido en Murcia en 1703 y afincado en Málaga junto a su hermano menor Antonio, a partir de 1720. «La recuperación de esta talla supone un paso más en el conocimiento sobre la escultura malagueña del XVIII y su extraordinaria importancia en el contexto andaluz de la época», destaca Sánchez López. De hecho, a este taller de escultores también se atribuyen Dolorosas muy emblemáticas de la Semana Santa malagueña, como la Virgen de los Dolores del Puente y la Virgen de los Dolores Coronada de la archicofradía de la Expiración.

La Fundación Unicaja ha restaurado esta Virgen Dolorosa, fechada en torno a 1750. Procedente de la primitiva iglesia del Hospital de San Juan de Dios, hacia 1873 se trasladó a la antigua capilla del Hospital Civil, donde permaneció hasta 1976, cuando al desmantelarse dicho lugar de culto, esta Dolorosa fue rescatada por la Fundación Unicaja. Actualmente se exhibe en la sala dedicada a la religiosidad popular del citado museo de la entidad financiera y constituye una de las esculturas más notables del periodo barroco malagueño.

La empresa especializada Aetos Restaura, que regenta Enrique Salvo Rabasco, ha llevado a cabo los trabajos de restauración de esta Dolorosa de vestir (de candelero) de tamaño natural, realizada en madera de pino policromada.
Presentaba un deteriorado estado de conservación, además de que una intervención anterior, en el siglo XIX, había alterado sustancialmente su aspecto original. «En esta actuación también se cambió el cuerpo y se alteró la posición original de la cabeza», cuenta Salvo Rabasco. «La escultura presentaba un leve ataque de xilófagos, grietas de consideración en el cuello, elementos sustentantes y estructurales poco estables y deteriorados y además llevaba colocado un pelo de estopa que ocultaba parte de la anatomía de la cabeza, que, además, servía de caldo de cultivo para la acumulación de humedad, pudrición de estucos, material original...», detalla el restaurador.

Una intervención de alcance. La restauración comenzó con la realización de radiografías y diversos métodos científicos de análisis, para determinar los añadidos, el alcance de la intervención y el estado de la imagen. Después, explica Salvo Rabasco, se levantaron los repintes de la cabeza y las manos, así como una gran capa de estucos añadidos. «Se consolidó la mascarilla y se eliminaron grandes elementos metálicos de la estructura, especialmente los clavos que se habían colocado, posiblemente hacia los años 40 del XX. Se reintegró matéricamente con estuco original y después con pigmentos al barniz realizados de forma artesanal en el propio taller. Se entonaron las lagunas y finalmente se aplicó una capa de protección, todo ello perfectamente reversible», precisa.

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