28 de diciembre de 2012
28.12.2012
Literatura

"Seguro que Málaga sirve o ha servido como base al MI6"

Entrevista al escritor madrileño Carlos Díaz Domínguez, autor de la obra 'Lágrimas sobre Gibraltar'

28.12.2012 | 06:00
El autor madrileño Carlos Díaz Domínguez.

¿Y si Franco hubiera preparado una invasión de Gibraltar? ¿Y si en la trama apareciera también un espía británico del MI6, con sede en Málaga? Éstos son los ingredientes de «Lágrimas sobre Gibraltar», una novela del economista y autor Carlos Díaz Domínguez.

¿Qué ha aprendido durante el proceso de documentación y escritura de Lágrimas sobre Gibraltar?
Teniendo en cuenta que cuando sucedieron los hechos que sirven de marco a la trama yo tenía nueve años, he tenido que aprender casi todo: la génesis del conflicto con Gibraltar, la estructura de los servicios secretos españoles e británicos, el modo en el que se vivía en el año 1969 tanto en España como en la Colonia... Espero que una parte de todo ello se refleje en la novela y que el potencial lector pueda aprender algo de todo lo que yo tuve que documentarme para escribirla con el rigor que procede.

¿Qué lugar ocupa Málaga en este libro? ¿Cree que más de uno o de los agentes del MI6 han podido pasearse por aquí o es sólo ficción?
En Málaga tiene su base la Estación España Sur del MI6, los servicios secretos británicos. Esto es una ficción en mi novela pero estoy convencido que una ciudad como Málaga sirve o ha servido de base no sólo a los servicios de inteligencia británicos sino a otros muchos. Está muy cerca del Estrecho, es un balcón perfecto de África, dominas toda Andalucía y en consecuencia el sur de la península y es una ciudad muy activa con uno de los mejores puertos del Mediterráneo. ¿Son pocos atractivos para que un espía pueda desarrollar su labor de inteligencia? A mí me parece que no.

Siempre reitera que en su novela no hay un posicionamiento sobre el conflicto de Gibraltar. ¿Por qué ha decidido usted que sea así?
Porque el lector es el soberano en toda novela y quiero que saque él mismo sus propias conclusiones. Oirá los pensamientos de los españoles y de los británicos, y seguro que acabará desarrollando su propia opinión.

Seguro que alguna peripecia interesante o divertida habrá vivido durante el proceso de investigación para este libro.
Los momentos más divertidos y gratificantes fueron los que pasé en Málaga (que me llevaron a ver el recorrido que realiza la procesión del Cristo de la Buena Muerte), en Cartagena (cuando un señor mayor me estuvo contando dónde estaba y cómo era el barrio chino de la ciudad), en Cádiz (cuando me entrevisté con extrabajadores españoles en Gibraltar) y sobre todo en Gibraltar, cuando tuve que estar peinando la población buscando los escenarios para enclavar mi historia... Pero también ha habido que pasar muchas horas en bibliotecas, delante de libros, aprendiendo detalles y rasgos de personalidad de los protagonistas reales.

Usted es economista de formación y novelista de formación. ¿No le apetecería escribir un libro que juntara sus dos pasiones? De hecho, la economía da ahora para mucha literatura.
De momento no me lo planteo. La formación en ciencias me ayuda a dar una sistemática a mi trabajo, a buscar la concreción y el avance en las historias pero, hoy por hoy, no me apetece mezclar en una historia ambas facetas del saber. La economía siempre estará presente dentro de nuestras inquietudes, por tanto, quizá me lo plantee más adelante.

¿Qué busca usted en la literatura?
Llegué a la literatura casi por accidente, escribiendo, como hacía mi madre, relatos de viaje. De ahí pasé a dar forma a mi primera novela. Cuando vi en el Ateneo de Madrid a casi 300 personas en la presentación de Los impares de Sagasta, mi primer libro, y luego fui escuchando lo que me decían los lectores, me fui motivando cada vez más. Después vino un libro, y después otro... Soy feliz escribiendo, aprendiendo, intentando mejorar, soñando y ayudando a soñar a quien quiera leerme. Vivo muchas vidas y siento la mía con mucha mayor intensidad desde que escribo. Yo todo esto no lo buscaba con la literatura, pero lo he encontrado con ella. Eso sí, ya no lo suelto.

Parece que no se le da mal. Lágrimas sobre Gibraltar ya va por su segunda edición.
Es el síntoma más palpable de que el libro empieza a tener vida propia, ya que solamente se sobrepasa la primera edición (en todos los casos) cuando ha comenzado a funcionar el boca-oreja, y eso es porque le está gustando a los lectores, que son siempre los jueces soberanos. Los mensajes que me llegan a mí es de que el libro les resulta muy entretenido, que se enganchan enseguida a la trama y que están aprendiendo muchas cosas de una época cercana pero desconocida.

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