20 de enero de 2014
20.01.2014
Teatro

Gran trabajo de Elisa Matilla

Crítica de la obra '¡Ay, Carmela!', representada en el Teatro Echegaray bajo la dirección de José Bornás

20.01.2014 | 05:00

¡Ay, Carmela!

Teatro Echegaray
Dirección:
José Bornás.
Actores: Elisa Matilla, Daniel Albaladejo.

El de Sanchis Sinisterra es un texto conocido sobre todo por su versión cinematográfica, pero se disfruta mejor en el escenario. En esta versión la aventura de Carmela y Paulino se ajusta en buena medida a la intención del autor y se aleja del tópico populista para centrarse en la historia de amor. Por supuesto, el contexto es la Guerra Civil Española y su intención es clara. Pero la sencillez con que se aborda el tema nos lleva más allá de la época concreta y redunda en la desesperación de personas ajenas a la contienda y sus turbaciones. Carmela no es una heroína, al menos no la de una espléndida Elisa Matilla, es una inocente, una cándida, que lo ve todo con buenos ojos, pero no deja de entender dónde está lo malo: en el despotismo. Carmela y Paulino, variedades a lo fino es uno de tantos dúos de artistas que recorrían los pueblos ofreciendo lo mejor de su arte y que se ven por azar en una plaza, la de Belchite, recién tomada por el bando nacional. Los aliados quieren celebrar la victoria y les obligan a realizar una función (con lo puesto, sin sus galas), a la que asistirá un grupo de reclusos que van a ser fusilados al día siguiente. Carmela siente que sea por el motivo que sea no le sale hacer el número que le han escrito para ridiculizar la bandera que estos perdedores defendían, pero Paulino, más consciente del peligro, la obligará. No es desvelar nada si decimos que al final la cándida heroína muere. Y es Elisa Matilla quien le da una condición especial a este personaje, lo carga de ternura y lo transforma en un ser al que todos tomamos cariño desde el primer momento. La Carmela de Matilla se mueve entre disparates y sentencias, que sólo pueden resultar creíbles con el convencimiento actoral que le brinda la actriz, sus gestos y sus miradas. Logra un personaje muy variado y rico en matices en lo que es una gran interpretación que demuestra las magníficas dotes de esta artista, capaz de pasar visceralmente de lo más hondo y trágico a una superficial comedia. Cosa que no sería completa sin la intervención paralela de otro gran actor, Daniel Albaladejo, que también alcanza momentos espléndidos.

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