08 de febrero de 2015
08.02.2015
La Opinión de Málaga
Homenaje

Un Goya para un actor con mucho futuro

El actor colocó en lo más alto de su lista de agradecimientos a su hija, Stella del Carmen: "Ella es la que más ha sufrido mi pasión por la profesión"

08.02.2015 | 01:20
El actor malagueño, contemplando orgulloso y emocionado la estatuilla que simboliza el homenaje de toda la comunidad del cine español.

Antonio Banderas, ganador del Goya de Honor 2015, dedicó su premio a su hija, Stella del Carmen, a la que ha pedido perdón por «sus ausencias prolongadas y sus compromisos profesionales», con la voz quebrada y lágrimas en los ojos. «Se lo dedico a quien quizás haya sufrido mi pasión por el cine. La persona de la que me perdí los mejores planos, las mejores secuencias y que, sin embargo, ha sido mi mejor producción: te dedico este premio pidiéndote perdón a ti, Stella del Carmen, hija mía». El actor, cantante, director y productor de cine, que recibió el galardón (y un enorme abrazo) de su amigo y maestro Pedro Almodóvar, aseguró que ahora, justo después de recibir este premio, «empieza la segunda parte del partido de su vida».

Banderas, impecablemente vestido de esmoquin clásico, fue recibido con un montaje de vídeo en el que, a ritmo de las músicas que han marcado su carrera internacional, de Desperado a Los reyes del mambo, fueron desgranando cientos de besos que han traspasado el corazón de miles de espectadores. Escenas de dolor, de sexo, mordiscos de vampiro y disparos de policía, de forajido, de espía intrépido y hasta de psicópata enamorado que todos han recordado; se le ha visto desnudo en la famosa escena de la ducha en Two Much y ensangrentado en brazos de Victoria Abril mientras trataba de averiguar quién era.

«Todo lo que tengo se lo debo a mi profesión, a la que preferiría denominar vocación, pero mucho más importante que esto lo que realmente le debo no es lo que tengo, sino lo que soy. La vida, como una aventura, o mejor, como un juego», reflexionó Banderas. «Soy todos esos ojos con los que me he cruzado, esas bocas, esas almas que me acompañaron hasta donde hoy estoy y me marcaron un camino; eso soy yo y de alguna manera yo también soy ellos», enumeró un cada vez más emocionado Banderas.

Tras recordar cómo dejó atrás a sus padres un día de 1980, ellos esperando que le volviera la cordura y él sin poder complacerles porque el motor que le impulsaba «era el corazón y no la razón», y ha explicado que se prometió «que nunca volvería a Málaga con las manos vacías». «Si miro para atrás me veo viejo, pero si miro adelante me siento joven», dijo el actor, arrancando un nuevo aplauso del público.

No olvidó el malagueño su paso por Hollywood ni a sus «amigos hispanoamericanos», como tampoco a la gente del cine que hoy le escuchaba espectante. «Se concentra aquí un número importante de gente joven que, aparte de tener gran talento, han sabido rápidamente adquirir un compromiso y una responsabilidad para con ustedes, el público, el que reclama un espíritu crítico que les haga ser mejores. Reclamo para ellos el cariño que les haga sentir que su esfuerzo no cae en saco roto, que merece la pena esforzarse para representar a nuestra cinematografía tanto dentro como fuera de nuestras fronteras».

Y concluyó el actor malagueño: «Tienen que creerme: cada vez que terminaba un plano, una secuencia, una película, mi mente estaba puesta en España, no en Arizona, no en Cleveland, no en Ohio, no. Para mí lo importante era saber cómo se vería ese trabajo en mi tierra, en Málaga y para ahondar aún más, en mi barrio».

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