20 de octubre de 2016
20.10.2016
Danza

Luz Arcas escenifica la soledad universal en ´Kaspar Hauser´

La bailarina malagueña inaugura el sábado en el Teatro Echegaray (20.00 h.) el Ciclo de Danza 2016 con un montaje sobre el caso del joven alemán que vivió sus 17 primeros años de vida aislado del mundo

20.10.2016 | 05:00
La bailarina malagueña Luz Arcas.

Compromiso social. Agitar conciencias. Plantear interrogantes... Estas frases suelen repetirse en las presentaciones de las obras de teatro más interesantes. Rara vez aparecen emparejadas a un espectáculo de danza. Por ello, el trabajo de la compañía La Phármaco, capitaneada por la bailarina y coreógrafa malagueña Luz Arcas, posee un valor especial.

Su nuevo montaje, Kaspar Hauser. El huérfano de Europa, inaugura este sábado el Ciclo de Danza 2016 en el Teatro Echegaray (20.00 horas). El espectáculo se detiene en el asombroso caso real de Kaspar Hauser, un joven alemán que tras 17 años de total aislamiento –por personas y motivos nunca desvelados– apareció en las calles de Nuremberg en 1828, convirtiéndose de golpe en una auténtica atracción pública. «No era un niño, ni un loco, ni un tarado. Era una mente adulta, aunque con la tara de haber estado toda su vida encerrado. Era una persona que había vivido sin estímulos físicos», explica Arcas, que sostiene que el solo de danza que se desarrolla en este montaje «encarna la tragedia de todos los tiempos, que es la incapacidad del hombre de comprender su propia experiencia. Su propio paso por el mundo. Estamos antes el sentimiento de la soledad universal».

Además de sus preocupaciones filosóficas o estéticas, La Phármaco nace en 2009, precisamente, con la intención de cubrir esa «renuncia de la danza a tratar los grandes temas de la humanidad». «Pienso que si la gente se ha aburrido un tanto de la danza, y en concreto de la contemporánea, buena parte la responsabilidad está en las propuestas de los coreógrafos. Es cierto que en España no hay una tradición de público de danza, y que nos cuesta mucho llegar los teatros, pero también es cierto que quizá los coreógrafos no se han preocupado mucho por buscar la empatía con el espectador».

Para la malagueña, la danza, al igual que hace el teatro, también debe remover al público en las butacas. «Como espectadora, lo que me gusta es que emocionen de verdad, que me creen conflictos y que me hagan pensar. Y lo que nosotros perseguimos es provocar precisamente eso».
Pese a todo lo mejorable que pueda ser la situación de la danza en general, Arcas reconoce que en Málaga es «bastante privilegiada e inusual dentro del panorama nacional», gracias, en buena parte, a que la ciudad cuente con una cita «estable» como la que ella mismo inaugura el próximo sábado con Kaspar Hauser. El huérfano de Europa.

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