04 de diciembre de 2016
04.12.2016
Crítica de música

Brahms o la arquitectura de la forma

04.12.2016 | 13:25

Concierto de abono de la Orquesta Filarmónica de Málaga
Director: Manuel Hernández Silva. Solista: Alexis Cárdenas, violín
Programa: Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 77 y Sinfonía nº2 en re mayor, op. 73, de J. Brahms
Teatro Cervantes, viernes 2 de diciembre de 2016

El enfrentamiento formal entre las escuelas alemana y francesa tuvo un punto de inflexión en tiempos de Brahms. Criticado por los compositores franceses, la sombra de Beethoven a la espalda y un amor no confesado acaban determinando el sello sinfónico del compositor, reconocido como el más clásico de los románticos y hoy una de las figuras indispensables para comprender el gran repertorio. No es extraño, por tanto, que el titular de la OFM lo erija como puntal de la actual temporada de la Filarmónica, con un primer encuentro sinfónico y concertante, para concluir con su Requiem Alemán, en el abono de Semana Santa.

Tanto el Concierto para Violín, como el segundo trabajo sinfónico del compositor hamburgués se distancian un año de redacción, compartiendo además la misma tonalidad, mayor soltura en la redacción. A pesar de la distancia en género, en ambas páginas sobresale el músico preocupado por la forma, la construcción de los temas y la definición del leguaje propio. Todas estas ideas formarían parte del entramado argumental interpretado por Hernández Silva en el podio y el violín de Alexis Cárdenas.

Concertino de la Nacional de Francia, el paso de Alexis Cárdenas, alumno de Kantorow y Daugareil, no decepcionaría en la apuesta del titular de OFM y tampoco en la respuesta de los aficionados malagueños. Brahms convoca y suele conectar con facilidad entre el auditorio. No obstante, Cárdenas, en las antípodas de resolver un compromiso entre músicos de una misma bandera, muy probablemente nos brindó una de las grandes lecturas del Concierto bramhsiano escuchadas en el Cervantes. La afilada espada técnica que acecha a los intérpretes de esta obra, en manos del violinista venezolano se transforma en canto sobre cuatro cuerdas. Desde el allegro inicial hasta la coda final descubrimos densidad, equilibrio y dominio, acompañado de un manto orquestal volcado hacia el solista. Destacar las dos cadencias extremas como remate de la lectura del violín de Cárdenas.

Considerada como La Pastoral de Brahms, la Segunda Sinfonía del compositor tendría un período de redacción no tan dilatado como su primer trabajo donde sobresale la personalidad más segura y un ambiente en general más vivo y vital a pesar de la intimidad que domina los dos primeros tiempos de los restantes en los que la danza se apodera sin reservas de la sinfonía. Hernández Silva optó por una interpretación centrada en los acentos, la entonación de frases determinando ostensiblemente el resultado final. Tanto es así, que existe una notable brecha en cuanto a lo ya escuchado a la OFM para esta pieza tan concreta. El Hernández describe la sinfonía más como una contemplación de la forma, de la arquitectura que atesora, que la explosión de sonido que distancian el primer tiempo del último con esa coda final exultante. A pesar de la atención de esos acentos entre secciones y contrapuestas en altura, el conjunto se resolvería con una lectura sólida, compacta y de sentido aunque no sea del gusto y el oído del aficionado. Lo que sí está claro es su intención: idílica y contemplativa.

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