17 de junio de 2017
17.06.2017
Crítica de música

El debut soñado

17.06.2017 | 22:33

Concierto de Galardonados del Concurso Permanente de Jóvenes Intérpretes. Juventudes Musicales de España
Teatro Monumental (Madrid)

Solistas: María Florea, violín, Montserrat Egea, violonchelo y Jorge Nava, piano
Director: Salvador Vázquez
Programa: Ruy Blas (Obertura), de F. Mendelssohn; Triple concierto para violín, violonchelo, piano y orquesta en Do mayor, Op. 56, de L. van Beethoven y Cuadros de un exposición, de M. Mussorgski/M. Ravel


La trayectoria iniciada hace décadas por la Red de asociaciones que aglutina Juventudes Musicales de España es la prueba más de la capacidad que tiene la piel de toro de aportar a la escena nacional e internacional lo mejor de nuestros incipientes intèrpretes. El ejemplo lo encontramos en la capacidad de convocatoria que el concierto de galardonados del Concurso Permanente de Jóvenes intérpretes, que organiza esta solvente institución, para colmar el auditorio del Monumental el pasado viernes. Mendelssohn, Beethoven y Mussorgsky en los atriles y en el escenario tres primeros premios encarnados por el violín de María Florea, el cello de Montserrat Egea y el piano de Jorge Nava. Juventudes Musicales también quiso apostar por una batuta que está llamada a ingresar en el grupo de los grandes maestros españoles. Nos referimos al malagueño Salvador Vázquez.

Director de la Sinfónica de Málaga y del Coro de Ópera, la sencillez de este músico en el trato y gigantesco en el podio su ascenso es una consecuencia de la constancia y visibilidad que le ha llegado de la mano de su trabajo con la Joven Orquesta de Extremadura y el trampolín del premio de dirección orquestal que organiza la Orquesta de Córdoba. Al acceder al podio de la Orquesta de Radio Televisión Española comenzó la revelación, el momento en el que el cacareado talento malagueño cobraba cuerpo, forma y contenido. Lo que pudimos escuchar en el concierto pasado así lo demuestra, un músico de rigor e ideas propias, capaz de conmover y moldear una formación de la experiencia de la OCRTVE.

El programa de este viernes, en el marco del XVII Ciclo de Jóvenes Músicos se aglutinaban varias ideas bajo el marco programático de la obertura, concierto y página sinfónica seleccionados; por un lado, las influencias de Beethoven en la escuela alemana del romanticismo encarnado por Mendelssohn y por otro el color nacionalista en la figura de Mussorgsky, miembro destacado del Grupo de los Cinco. Salvador Vázquez situó entre ambos extremos un nexo fundamental, Beethoven y concretamente con su Triple Concierto. Pero ordenemos el programa. Ruy Blas, su obertura, dista mucho de la factura de El Sueño de una Noche de Verano, no obstante, su originalidad descansa en buena parte en la lectura puntual de cada conjunto oscilando entre el tedio y el encanto. Reinaría lo segundo con reflejos de grandeza.

Estrenado en 1807 el Triple concierto para violín, violonchelo, piano y orquesta en Do mayor, Op. 56, de L. van Beethoven, esta curiosa página vuelve la mirada hacia el concerto grosso al disponer de un trío solista de violín, chelo y piano pero también a tratar la forma camerìstica dentro de la orquesta sinfónica. Los tres premiados conectaron sorprendentemente dando unidad a toda la página mientras que la batuta de Salvador Vázquez estuvo muy volcada en plegar la dinámica de la orquesta al corazón de los solistas. Tras un primer tiempo lleno de color sobre la forma sonata, el largo central desplegó una sensibilidad propia de conjunto de cámara de años de labor conjunta, cuando la realidad era bien distinta y puntual. El alegre y danzante rondo alla polacca daría ese toque de brillantez propia del gran concierto pero también del intenso trabajo realizado por todos los intervinientes.

Tras el descanso llegó el momento para el color de la escuela rusa, - ¡y qué color!- Salvador Vázquez se situaría al frente de la OCRTVE sin partitura para interpretar su versión de los Cuadros de una Exposición de Mussorgsky en la orquestación de Ravel del año veintidós. Vázquez demostró seguridad y una idea muy clara de la página centrada en los contrastes propios que guarda, los acentos y la gran solvencia (léase capacidad de respuesta) del conjunto del ente público. Salvador Vázquez ha dejado el anonimato para comenzar un ascenso más que merecido, ojalá que esta oportunidad encuentre nuevos horizontes.

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