18 de septiembre de 2017
18.09.2017
Escritora

"La ficción es una herramienta tan buena como otra para la reflexión"

Almudena Grandes (Madrid, 1960) retoma la serie 'Episodios de una guerra interminable'

18.09.2017 | 05:00
Almudena Grandes, durante la presentación de «Los pacientes del doctor García», esta semana en Madrid.

Es una novela de imposturas, identidades y fracasos, en la que conecta acontecimientos reales y desconocidos de la Segunda Guerra Mundial y el franquismo.

En «Los pacientes del doctor García» mezcla realidad y ficción. ¿Sirve lo inventado para restar crudeza a la verdad?
La ficción es el estilo de la serie entera. Fui descubriendo una serie de historias de la posguerra que pensé que merecían una novela. Me di cuenta de que existía un modelo perfectamente transitable que eran los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós y decidí adoptar ese modelo, y que Max Aub tomó también para El laberinto mágico. A pesar de que ahora está muy desacreditada, la ficción es una herramienta tan buena como otra para el pensamiento y la reflexión. Se puede llegar a meditar y a reflexionar tanto con una novela de ficción como con un ensayo.

¿Qué resulta más sencillo: escribir del pasado o de la actualidad?
Cuando escribo sobre el pasado tengo las espaldas cubiertas. Habrá quien diga que mi verdad histórica no es la verdad absoluta. Pero tengo las espaldas cubiertas por datos, nombres y el trabajo de investigadores. Sin ellos no podría avanzar. Sin embargo, cuando escribes sobre la realidad inmediata vas como en un trapecio sin red porque nada avala tu versión.

Es una novela de impostores.
Y de supervivientes. Siempre escribo sobre ellos. Es una novela sobre imposturas, identidad y fracasos. Cuando empecé la serie sabía que aquí los finales felices iban a ser muy difíciles.

Hay un importante baile de personajes. ¿Ha sido complicarse la vida?
Sí, pero para escribir sobre espías es inevitable. También es una historia complicada.

Complicada y poco conocida.
Todas las historias de la serie son poco conocidas, ese fue el impulso que me llevo a escribirlas. Los españoles tenemos un filón extraordinario de aventuras y villanos que no se conocen. Siempre digo que esta serie me ha permitido satisfacer varios impulsos a la vez; algunos narrativos -no hay nada mejor que encontrar un filón sin explotar- y otros morales, como presentar al lector historias de personajes reales que vivieron aquí e hicieron cosas tremendas, asumieron riesgos para que ahora vivamos como vivimos.

Da la impresión de que aún queda mucho por conocer del conflicto y sus consecuencias.
Queda muchísimo por conocer. La resistencia contra el franquismo es un tema que no se ha tratado prácticamente por la literatura o el cine. La resistencia es muy incómoda porque encaja mal con la versión oficial de la Transición. A los españoles les vendieron que la democracia fue una cuestión de paciencia. Parece que los exiliados se fueron fuera a vivir y que los españoles vivieron con Franco apaciblemente hasta que murió y se tomaron decisiones y llego la democracia. Eso es mentira. La resistencia duró 37 años. Si era tan fácil, que solo había que esperar, ¿para que se jugaron la vida durante ese tiempo? Han quedado un poco desplazados.

¿Para ellos la guerra no acabó en el 39?
Cualquier cosa que suena a franquismo suena a guerra, parece que la guerra fue eterna y lo fue para los resistentes. Para ellos acabó en el 75 porque nunca se rindieron.

¿La actualidad de estos días no le tienta?
La actualidad da para otra serie. La literatura necesita que los procesos históricos se completen y sedimenten. Es probable que dentro de unos años cuente lo que he vivido: la crisis de la izquierda, la del bipartidismo o el desafío catalán.

En una entrevista dijo que lloraba cuando escribía.
Lloro, me río, paso miedo, me indigno y me cabreo. Escribir una novela es como vivir una vida paralela. Con esta novela me he indignado mucho.

¿Qué sentimiento tendría si se pusiera a escribir de la actualidad?
Me pondría muy triste, pero no de llorar. Sentiría una tristeza de estupor y amargura, ante, por ejemplo, las consecuencias de la crisis.

¿La crisis tiene también algo bélico?
La crisis fue una guerra de los especuladores financieros contra la soberanía de la democracia. Fue una guerra que hemos perdido y el botín son los derechos laborales y libertades que hemos perdido y me temo que no recuperaremos fácilmente.

Es usted una escritora muy reivindicativa. ¿Es un rasgo inherente a su profesión o es una cuestión personal?
Cuando se habla del compromiso de los escritores se comete un error. Parece que el compromiso es algo que uno elija cuando el compromiso es inherente a la escritura porque es mirar el mundo y contar lo que uno ve, desde su propia mirada. Todos los libros, incluso los que pretenden pasar de puntillas por la realidad política son productos ideológicos. Cuando tienes acceso a tribunas públicas, escribes columnas o hablas en radio, tengo la sensación de una obligación con la sociedad. Si la sociedad se moviliza por una causa, me siento en la obligación de posicionarme. No me gustan los intelectuales gurús que van señalando a la gente lo que tiene que pensar. Me interesa más el proceso contrario. Que la sociedad se movilice y ser yo la que me pongo a su servicio.

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