06 de octubre de 2017
06.10.2017
Opinión

Nacho

06.10.2017 | 17:41

La vida da puñaladas que desvenan tinteros y hay que tirar de la sangre derramada del lado del corazón, ésa que cae mejilla abajo por una ausencia, por un robo a mano armada contra la ley de vida, ahora que está tan de moda saltarse las leyes, Maldita sea la hora que se te quebró el izquierdo.

Ese izquierdo que tanto repartiste, en folios en blanco que cobraban vida de manera vertiginosa, en los versos a dos manos que terminarían pisoteados en la pista del Onda Pasadena, entre carcajadas que explosionaban por encima de la música; esa facilidad con que descorchabas la espoleta de la alegría€ El doblar una esquina y encontrarte era como toparse de frente con un muro de luz y una sonrisa a la que le faltaba calle. El Jim Morrison del Rebalaje, que te decía, mientras apretabas un abrazo de ésos que te calan el alma, siempre verdadero, siempre con la fuerza del reencuentro de los compadres que parecen que llevan siglos desterrados el uno del otro. Esa cabellera que debajo albergaba la tercera guerra mundial, siempre con un proyecto realizado, uno listo para el estreno y otro al borde del finiquito. Mago del lenguaje, que supiste dejar en la cuneta las palabras que muchas veces nos hacen mal, fracaso, queja, negatividad, y supiste darle lustre a oportunidad, esperanza e inspiración.

Recuerdo una noche en casa de Miguelito, que bajaba por un seis de latas, y empezábamos a conocernos, te mostré lo que estaba escribiendo con el agua al cuello del mar de dudas que me azotaba en ese momento. "Ale, tienes el don de resumir en tres minutos lo que yo diría en una novela". Eso me dio muchas alas y lo sabes de primera mano. Noches sin final revisando las cosas que te mandaba y después de tanta lucha escuchar el disco con la atención de un cirujano hasta que terminó la última canción y estábamos los dos llorando de alegría: eso me acompañará toda la vida. No andamos sobrados de tipos que sepan escuchar de verdad.

Revisando los archivos, siempre teníamos algo pendiente, nuestros trueques de libro por disco, algunos proyectos que no acabaron pisoteados en la pista de nuestros bares de cabecera y tuvieron aspiraciones de realidades, que se encargó de solapar el trajín vital de los dos. Estuvimos a un tiro de piedra de nuestro mano a mano desnudos detrás de un atril; lo que nos reíamos imaginándolo: "Desnudos perdemos mucho en lo visual, pero cuando abramos la boca verás lo pronto que se les olvida".

Querido Nacho, he tenido el privilegio de disfrutarte mucho, de la seguridad que ofrecía estar a tu lado, a sabiendas de que aunque el mundo alrededor estuviera ardiendo, nosotros estábamos protegidos por nuestro microcosmos de conversación enloquecida, donde siempre teníamos una dedicatoria por que brindar con nuestro vasito de J&B.

El vacío es un océano infinito que dejas a los que estaremos aquí no se sabe cuánto. Ayer estuve con tu Miguelón, el señor Corrales, Pato y una lista sin fin de amigos, recordando cada anécdota que siempre terminaba en carcajada€ Luego seguía un silencio que helaba la sangre, esa sangre con la que ahora escribo, hermano, porque no reacciono, porque no me lo creo, porque escribir siempre fue nuestro bálsamo pero estoy comprobando que hoy no funciona: parece una carta de ficción, pero el teléfono me recuerda que me esperan esos amigos en mi portal para ir a despedirte. Te tendré en mi corazón todavía más si cabe, los que vamos a contracorriente no solemos tener mucha mecha vital porque vivimos ardiendo, incluso cuando creía con toda la certeza que tu fuego interior no tenía fin. Te quiero.

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