03 de noviembre de 2017
03.11.2017
Pubicación

Los ´juegos de tronos´ de la Málaga de hace 500 años

Cruces, López de Coca y Ruiz Povedano analizan las conflictivas relaciones de poder en la ciudad

03.11.2017 | 05:00
Los autores, acompañados por Francisco Cañadas.

El libro Málaga y el Almirantazgo Mayor del reino de Granada (1510-1538). Revolución y poder, escrito por Esther Cruces, José Enrique López de Coca y José María Ruiz Povedano, analiza cómo era Málaga y sus conflictivas relaciones de poder hace 500 años, así como la incidencia qué tuvo la privatización de su jurisdicción mercantil y portuaria en la vida y economía de la ciudad. Estos acontecimientos, que contribuyeron indiscutiblemente en modelar la identidad autóctona, pueden considerarse como la primera revolución moderna, según han indicado desde la Fundación Unicaja. El libro fue presentado ayer en la Sociedad Económica de Amigos del País.

La Corona creó el Almirantazgo Mayor del Reino de Granada en sus puertos del Mediterráneo e implantó idéntico modelo de jurisdicción marítimo-mercantil y de gobierno al de Castilla, acaparándolo el almirante don Fadrique Enríquez de Cabrera por merced de la reina Juana (1510), gracias al particular empeño de favorecerle mostrado por su padre don Fernando.

Esta institución llegaba desprovista de su originaria función guerrera y naval, configurada ahora como dignidad y oficio de renta. Contó con el rechazo de las ciudades y ayuntamientos granadinos, desde el principio, por su ávida fiscalidad y por obstaculizar el tráfico marítimo, los intercambios y el corso en el mar (Ibericum mare) y en el Norte de África. Málaga, la ciudad más afectada, lideró la resistencia y, al morir el rey Católico, protagonizó una revolución comunera, antiseñorial y antifiscal, la Rebelión contra el Almirantazgo, intentando abolirlo, lo que suponía la expulsión de oficiales y eliminación de atributos jurisdiccionales. Este levantamiento de la ciudad provocó una intensa conflictividad social y una estrategia que aunó a dirigentes municipales y a la Comunidad, permaneciendo en pie de guerra y en desobediencia de las autoridades y gobernadores del Reino.

Los malagueños sólo reconocían a Carlos I, quien desde Flandes los amparó, aunque buscó sofocar la revuelta. La Concordia de Málaga, firmada en Antequera, el 1 de diciembre, devolvió la normalidad política, aunque la pacificación tardó años en alcanzarse. Las relaciones del Ayuntamiento y los agentes económicos de la ciudad con el Almirantazgo nunca fueron pacíficas. Hasta su extinción en 1538, al morir su titular, Málaga vivió en disputa frente al Almirantazgo, con una permanente conflictividad institucional y social, que acabó siempre en contenciosos y pleitos ante la justicia ordinaria, la Chancillería de Granada, el Consejo Real o el rey.

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