13 de junio de 2018
13.06.2018
Música | Crítica

Fin del viaje español

13.06.2018 | 05:00

VI Festival de Música de Cámara

  • Músicos: Alberto Martos, Eric Silberger, Misha Dacic, Jesús Reina, Anna M. Nielsen, Eleanor K. James, Christopher Schmitt, Gabriel Ureña, Joel Prieto, Anna Petrova, Michael Katz. Programa: Obras de G. Bizet, J. Turina, P. Sorozábal y G. Cassadó entre otros.

La clausura del sexto Festival de Música de Cámara reunió a un buen puñado de aficionados en el Cervantes. Fue una fiesta en todos los sentidos aunque con rigor e intención. Rigor en el planteamiento que ha distinguido todo el certamen y, carácter por la puesta en valor que ha supuesto el tema central de esta última edición del Festival, la música española de cámara y su influencia en autores del gran repertorio.

A lo largo de estas jornadas también se ha visibilizado el trabajo de Jesús Reina y Anna Nilsen al frente de la Academia Galamian con un pequeño ciclo dedicado a estos talentos. Precisamente los componentes de la Academia, junto al violín de Eric Silberger, la viola de Eleanor K. James o los cellos de A. Martos, G. Quesada y M. Katz abrieron el programa con la Suite nº 1 de Carmen de Bizet. Lectura ágil y carnal en la que destacaría el buen hacer de las notas graves frente hieratismo de los violines primeros o la densidad de las violas. Página de intención hacia el verdadero corazón del programa: Turina y Cassadó.

Redescubierta a finales de los noventa del pasado siglo, el Trío en fa, para violín, violonchelo y piano fue una obra desechada por Turina tras su redacción en 1904. Articulada en cuatro secciones, la interpretación de Reina, Ureña y Dacic se caracterizó por la claridad de las ideas expuestas y resaltar el tono cíclico del trío con un movimiento conclusivo sencillamente brillante.

La oración del torero inició la segunda parte del programa en la versión para cuarteto de cuerda. Versión sosegada, bien empastada centrada en los acentos que dan sentido a la propia poética que atesora Turina en ella. Tres romanzas de Sorozábal, Soutullo y Guerrero en la voz de Joel Prieto sirvieron de puente al otro protagonista del concierto, el Trío para violín, violonchelo y piano de G. Cassadó, ejemplo de la identificación del catalán con un estilo nacional pulido por Debussy y Ravel por no hablar de Albéniz o el propio Falla. Articulado en tres secciones Nilsen, Katz y el certero Schmitt llevaron hasta el Cervantes una lección de ritmo, energía desbordada sobre motivos líricos nada disimulados.

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