15 de septiembre de 2018
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Arquitectura

Bienal de Venecia: vía libre al espacio libre

La muestra veneciana, que escoge como motivo de reflexión el free space, se convierte en un exuberante y atractivo análisis sobre el vacío

15.09.2018 | 19:42
Propuesta de Sauerbruch Architects.

Pasemos a analizar algunas de las propuestas más interesantes

Este año se celebra la 16.ª edición de la Bienal de Arquitectura de Venecia. La mostra se extiende entre dos sedes muy cercanas, parte está en los giardini al final de la Riba degli Schiavoni, es decir, al final de Venecia hacia el este, ocupados por pabellones, soberbios, hechos por Aalto, Sverre Fehn, Stirling, Scarpa, Vaquero€ y después la zona del Arsenale como el gran contenedor, al que se llega por la larguísima nave de Artillería, utilizada por primera vez para este fin en el 1980, con más de doscientos metros de largo, donde, siguiendo el módulo, la campata, se van sucediendo muestras arquitectónicas de calidad superior de distintos arquitectos. Pero la bienal lo invade todo y Venecia, que es pasado, revive cada dos años con esta mostra de futuro.

Dirección irlandesa

Este año las responsables eran las arquitectas Yvonne Farrel y Shelley McNamara, que forman el estudio Grafton. Han hecho la Universidad Luigi Boccioni en Milán, lo cual les supone ya una relación con el país. Esto llevó a que un gran número de arquitectos irlandeses viera la oportunidad de mostrar su obra, que, como hemos escrito otras veces, es magnífica y casi siempre comedida, pegada a la tierra: O´Donnell-Tuomey, De Blacam and Meagher, Mary Laahen, Boyd Cody, Tom de Paor A2 Architects, TAKA Architects, Heneghan and Peng. Eché de menos a McCoullough-Mulvin, irlandeses buenísimos que quizás estaban y no encontré.

Por tanto, "barrieron para casa". Tampoco nos podemos quejar los españoles, ya que una buena muestra de arquitectos patrios presentó su obra. Quiero destacar a Flores& Prats, que con su Teatro Becket hicieron en la gran nave a escala uno/uno una parte del edificio, y detrás veías con una profusión increíble dibujos, croquis, variantes, maquetas, haciendo evidente así el esfuerzo brutal que precisa la excelencia. Flores?ats también hicieron una de las capillas abiertas que sobre la isla de San Giorgio Maggiore (la iglesia de Palladio) realizó este año por primera vez el Vaticano como aportación a la Biennale (otra de las capillas era de Foster). Buen recibimiento también para el despliegue de otros españoles, Paredes y Pedrosa, que hacían que los soportes se contaminaran del proyecto que recogían, como una joya de alabastro en su interior. Otros como Moneo y Carme Pinós presentaron proyectos muy buenos, pero no ya muestra de vanguardia: el Ayuntamiento de Murcia, y Pinós el formidable Cube mexicano (torre que deja un patio orgánicamente salir al exterior).

Vacíos

El motto que las irlandesas escogieron fue Free Space, lo cual da un abanico de significados que hizo que no fuera entendido de la misma forma por todos. Así algunos de los pabellones lo comprendieron como vacío, como el de Bélgica, que con un ágora sin nada, de color azul Klein, evocaba la bandera de Europa y su fortalecimiento, escuchándose un himno paneuropeo€ Asimismo el Reino Unido, con Caruso-St John como curadores, dejaba vacío el pabellón, creando con un andamiaje un plano superior, y sólo veías al llegar un grupo musical que te hacía pensar en el Shakesperiano "qué es la ciudad sino sus gentes€", pero a mí en esta primera Biennale tras el "Brexit", me pareció desganada, apreciando como aprecio la obra y exposiciones de los curators. También el vacío inspiraba a pabellones como el de Bahrein, que dejaba ingrávida una estructura de cristal helado y cuando entrabas oías la Oración del Viernes€ Con globos de aire, vacío pues también, especialmente interesante es el pabellón de los Países Nórdicos y probablemente la mejor obra de Sverre Fehn, y paradójicamente este año se rellenaba con unos elementos hinchados como el mismo Fehn propuso para Osaka en el setenta y no vio construido, sin ver yo mención alguna a esta evidente inspiración. Es transparencia total la obra que realizaron SANAA en la avenida principal del gran hangar, compuesta de cilindros ligerísimos de cristal. El de Indonesia (ya en el Arsenale), The Poetics of Emptiness, son unas sábanas enormes que están rasgadas, como por un gigantesco Lucio Fontana, para que pases entre ellas, también homenaje al vacío.

Llenos

Otros, como el de España (que debe su imagen actual exterior a Vaquero), fueron lo contrario, llenado con un buen número de proyectos que forraban las paredes con el mismo horror vacui que las iglesias barrocas venecianas. La curadora este año, Atxu Amann, siguió con la premiada propuesta española de la edición anterior en la que el pabellón en vez de presentar una idea unitaria o personal sirve de muestra de varios equipos que ven así exhibida su obra en tan singular marco dando idea del vigor de nuestra disciplina en España. También el pabellón francés, que se preguntaba si debemos construir edificios o lugares, luego llenaba de objetos su pabellón (¡hasta un zorro disecado!) y mostraba algunos proyectos a los que se comía la acumulación. Egipto llenaba asimismo el techo de su propuesta con elementos cotidianos que nos remitían a sus calles y nos relataban las problemáticas de sus espacios libres (free space), cómo los vendedores invaden las calles o los árboles se convierten en soportes de carteles.

También Albania nos llevaba parte de su país con puertas antiguas arrancadas y transportadas allí. El de Venezuela, que es diseño de Scarpa, estaba bastante dañado, con goteras aunque en vías de restauración, nos decía probablemente más de lo que quería del país que representaba. Me sorprendió el pabellón de Emiratos Árabes Unidos, porque en vez de fardar de la imagen de rascacielos que nos venden habitualmente, bajo el lema Life Scapes Beyond Bigness, abordaba el problema de escala que se produce entre estos grandes ejes de rascacielos y la vivienda popular que se esconde, y que vive detrás de esos colosos.

La escala era también el tema del pabellón premiado este año, que fue el de Suiza, que es el juego de Alicia en el País de las Maravillas. Vamos, una serie de salas que iban cambiando los tamaños de las cosas, de una cocina blanca, que hacía que tú al lado fueras grande o pequeño, lilliputiano o Gulliver, muy explicativo de lo que es la escala, divertido, pero muy poco relacionado con el tema de la Biennale.

Vimos que había dos tipos de arquitectos: los que aprovechaban este honor para mostrar su propia obra, interesantes por los medios materiales que empleaban y por su calidad en la presentación, y luego, más generosos, los que recibían con esta oferta la posibilidad de crear un espacio o una experiencia como un nuevo proyecto. Evidentemente prefiero los segundos, porque las obras de gente en general tan conocida ya las hemos visto en internet, revistas... Así pues hay en esta avenida muchos artefactos que te permitían entrar y subir para verlo todo desde otra posición.

Propuesta de Alison Brooks.

Artiglierie-Arsenale

Empezábamos la larguísima nave con Níall McLaughlin, también irlandés de nacimiento aunque ya muchos años en Londres, con una maqueta circular como una bandeja que daba vueltas, viendo algunas de sus obras como la Capilla de Cuddesdon (Oxfordshire) que visité y me parece increíble. La inglesa Alison Brooks, que conozco por edificios bien guapos en Cambridge, presenta una arquitectura de las que te podías meter, en madera preciosa.

Case Design, con la escuela de Awasare, de la que había ejemplos de mobiliario y de aparejos de ladrillos, realmente interesante y frugal. También el sudafricano Peter Rich, con dibujos a mano que se colgaban después aumentados, también como sábanas. Sauerbruch y Hutton con una propuesta colorista muy atractiva. La mexicana Rozana Montiel, que hizo una creación provocativa rehaciendo la textura y ventana de la pared en el suelo para luego tapar la real con una gran pantalla que recogía un vídeo. Andra Matin, de Jakarta, Indonesia hizo una caja en la que te perdías en su interior para ver desde arriba la larguísima nave de ladrillo. Valerio Olgiatti el Suizo remataba la enorme sala con más columnas, blancas y más desordenadas dejando el espacio pasar como el Danteum de Terragni.

El australiano John Wardle realizó una especie de caracola de madera que se entra y se percibe todo diferente. Bennedetta Tagliabue EMBT colgó una estructura a base de triángulos, formando una red, que parecía una bandada de murciélagos durmientes. Mario Botta, con una especie de media cúpula de madera que te envolvía€ Aravena hablaba del valor de lo que no se construye. Y Souto de Moura enfocaba el espacio libre con fotos desde el aire que mostraban claramente la inserción en el paisaje de su edificio. Hay sorpresas increíbles como DnA Design and Architecture, que venían de China mostrándonos una arquitectura hecha con medios arcaicos, pero con una sensibilidad en el diseño impactante y de gran modernidad, o las estructuras de VPN para representar Vietnam, que eran un umbráculo perfecto para acabar, tumbado, el día. Al lado de estos filtros del sol el gran pabellón de Italia, coordinado por Cuccinela, al que se entraba por una puerta como la que Barozzi i Veiga propusieron para el Museo de la Tabacalera de Gijón.

Padiglione centrale degli giardini

En la zona de los jardines hay otro pabellón de la Biennale que sin pertenecer a ningún país recoge multitud de propuestas. Pensaba yo que, con lo que ha llovido, la participación de grandes estrellas sería menor, pero no es así. En esta caja de Pandora, una planta se dedica a Peter Zumthor, con una serie de maquetas que incluye, por supuesto, sus termas, pero además proyectos de viviendas, ruinas arqueológicas, viviendas unifamiliares llenas de rigor€ BIG ocupa una sala en la que una gran maqueta representa a Nueva York y su proyecto para el borde de la ciudad que se prepara para la elevación de las aguas por el cambio climático (como también preocupa a la Serenissima).

Chipperfield aparecía con la maqueta de la isla de los museos berlineses, mostrado el proyecto del Pergamón. La francesa Odile Deck generaba unas curvas en el techo que me recordaban el Cine Ayala de Vallaure. Otras figuras, como Rem Koolhaas, que parecía que no estaba, fagocitó el pabellón de Dinamarca con el proyecto BOX. Por cierto que O.M.A. con su famoso fuck the context se ha atado y mucho los cabos en su Fondaco dei Tedeschi junto al puente de Rialto. Y es que cuando se trata de Venecia, tonterías las menos. El propio Tadao Ando que ha realizado la Fundación Pinault en la Dogana (la aduana), metió, encorsetados, sus muros de hormigón en la geometría firme que marca el precioso edificio.

Y es que una cosa es hacer una jaula de oro como la que Ai WeiWei tiene junto al puente de la Accademia y quitarla dentro de dos días y algo diferente es cambiar el rostro de una ciudad que ha sido pulida por la cultura, por el dinero de unos comerciantes, que contrataron a Pietro Lombardo, a Palladio, a Longhena, a Sansovino y también a Tintoretto, a Tiziano, a Veronese, a Giorgione a Giovanni Bellini para crecer y florecer.

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