25 de diciembre de 2018
25.12.2018
Literatura

Jose María de Loma: "Me siento muy cómodo en las distancias cortas"

Entrevista al redactor jefe y articulista de La Opinión de Málaga, Jose María de Loma, que acaba de publicar Dolor de rareza, una recopilación de los mejores aforismos

25.12.2018 | 05:00
José María de Loma.

Transidos de ironía y de requiebros verbales, este libro supone la constatación de que el género aforístico renace con fuerza y lo hace para quedarse.

El redactor jefe de La Opinión de Málaga y afamado columnista, José María de Loma, acaba de publicar Dolor de rareza (Ediciones Algorfa), una recopilación de 500 aforismos, la mayoría inéditos, que, en muchas ocasiones colindan casi con el fértil terreno de la greguería. Además, está acabando una novela y coquetea con la poesía, una explosión literaria digna de su talento como articulista

El aforismo está experimentando un auge en todo el país. ¿A qué se debe?
El aforismo ha sido un género siempre muy cultivado, aunque lo llamáramos de una u otra forma: escolios, aerolitos, greguerías, tuits, etcétera... Creo que ha tenido un renacer por el hecho de que en esta época multitareas, multiatención y estímulos constantes, a muchos lectores les seducen los textos breves a modo de píldoras. Libros que puedes abrir por cualquier página.

¿Por qué es necesario este libro?
No sé si es necesario o ha sido un gesto de osadía que podría haberme ahorrado. Supongo que, en parte, es mi actual mirada al mundo y quería compartirla. Cualquier libro es necesario, siempre se aprende algo de él. Ya sabe que lo hacemos, como bien dijera García Márquez, para que nos quieran más. A ver si hay suerte.

¿Cuánto del periodista hay en estos juegos semánticos que hace en su libro?
Mucho. Los periodistas trabajamos con el lenguaje. Es nuestra materia prima. Debemos conocerlo bien y por eso, en los ratos libres, o sea, en la literatura, engañarlo, domarlo, darle vueltas, jugar con él, acariciarlo.

Algunos de sus aforismos casi rozan la greguería. Se podría decir que usted ha continuado expandiendo el género de Gómez de la Serna...
He leído mucho a Gómez de la Serna. Me encanta. Lo reivindico y es un honor que me se me compare con él, ya lo ha hecho alguien. A veces lo lees y dices, «qué ida de olla». Pero el mérito es que fue el primero en tener esas ocurrencias, esa visión, esa mirada. «La ñ es la n con bigote». Eso es de Ramón. A ver quién lo mejora.

Dolor de rareza viene a llenar un vacío existente en el universo aforístico español, que parece peleado con la ironía. ¿Nos hace falta reírnos más?
Hace falta más sentido del humor, sí. Dolor de rareza está lleno de aforismos que aspiran a sacar una sonrisa, también los hay serios, poéticos y hasta filosóficos o políticos, pero pretendo ser ameno, que ni mucho menos es sinónimo de leve. En el aforismo español actual, sí, hay muchísimo talento pero una cierta sobredosis de seriedad.

Oiga, destaca especialmente de su libro la pirotecnia verbal, torcer el lenguaje a su voluntad. ¿Le respetan las palabras cuando las lleva al extremo de sus posibilidades semánticas?
Se me portan bien, pero no crea, a veces se me rebelan, se resisten, pelean, reivindican su derecho a saltar al folio por llevar mucho tiempo en el banquillo o me piden árnica por quedar extenuadas. El otro día tuve un disgusto con el término zangolotino. Escribí que ya no se usa y un pariente suyo, Zangolote, se puso hecho una fiera, pero en general me enseñan mucho.

¿Con qué aforismo vendería este libro?
No hay pastilla para curarme el dolor de rareza. Es que «La vida es lo que hacemos con la esperanza de que aún hoy el espejo no nos devuelva una imagen ajada de nosotros mismos» es muy largo. Un crítico me recriminó que no fuera «Los hombres con sombrero se meten en engorros».

Un país que no consume aforismos, es un país...
Lo definiría como un país sin chiste ni filosofía ni brevedad ni pensamiento. Un coñazo. O el desierto de Atacama.

En sus columnas también coquetea mucho y bien con el relato corto. ¿Se siente más cómodo en las distancias cortas?
Me siento muy cómodo en las distancias cortas. Me encanta escribir y leer cuentos que tienen la extensión de una columna o columnas que son relatos. Pero no creo que las largas distancias literarias sean más fáciles que las cortas. Escribir y escribir y no parar es relativamente fácil. Lo difícil es ir al grano, decir mucho en poco. Ya sabe aquello de Camba al director de su periódico: «Perdone, pero me ha hecho el encargo con tanta premura que no he podido enviarle algo más corto».

¿Qué acogida ha tenido hasta ahora?
Muy buena. Estoy muy contento y generando cómplices. Todo un estímulo. Y muy agradecido a Andrés García Baena, editor de Ediciones Algorfa, que mima y protege mucho a los autores.

Un aforista viene a ser un francotirador de la realidad desde la ventana de la ficción. Hay mucha actualidad en sus regates verbales...
Buena definición. Quizás disparo a la realidad por deformación profesional. Como periodista, como articulista trabajo mirando, mirando la realidad, que está ahí para informar de ella y también para opinar sobre ella.

¿Hacia dónde va la columna periodística del siglo XXI?
Espero que no hacia la irrelevancia. En España asistimos a tiempos convulsos y de efervescencia política. Es decir, hay una realidad compleja, por eso son necesarias las interpretaciones y por tanto las columnas. Y si no son de política y sí literarias, mejor que mejor. La columna es el alimento del desayuno. Y no es por hacer un aforismo. Es que el café y la tostada saben mejor compartidas con tu columnista de cabecera. Siempre se ha hecho buena literatura en los periódicos y eso, incluyendo a los periódicos exclusivamente cibernéticos, no se ha perdido. Diría incluso que hay un renacer de la columna. Los teléfonos, con sus pantallas grandes y rectangulares, son el formato ideal para una columna, para encajarla en pantalla y disfrutarla.

¿Trabaja ahora en algo?
Sí, tengo una novela que quisiera sacar pronto, sobre un fascinante personaje del siglo XX ya olvidado. También unos diarios correspondientes a los años 2015 y 2016. Me tienta mucho la poesía y la perpetro en algunos ratos muertos. El premio Manuel Salinas de poesía ha sido todo un estímulo para mí.

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