14 de abril de 2019
14.04.2019
Crítica de música

Mozart abre la Semana Santa

14.04.2019 | 12:39

Orquesta Filarmónica de Málaga
Coro de Ópera de Málaga

Director musical: Manuel Hernández-Silva.
Director del coro: Salvador Vázquez
Solistas: Miguel Borrego, violín; Berna Perles, soprano; Carol García, Mezzosoprano; J. Antonio Sanabria, tenor y J. Antonio López, barítono.
Programa: Sinfonía concertante para violín y orquesta, op. 87, de M. Franco y Requiem en Re menor, K. 626, de W. A. Mozart.
Lugar: Teatro Cervantes

Hasta dos versiones pudieron escucharse la tarde de este viernes en dos escenarios privilegiados de la ciudad (Catedral y Teatro Cervantes) de una de las obras más importantes del repertorio, el 'Requiem' del genio de Salzburgo. Última página del compositor, considerada testamentaria y que, lejos de su función sacra, evidencia las últimas consecuencias de un lenguaje que se reivindicó independiente, no falto tampoco de síntesis entre el barroco bachiano y reformulación del estilo galante. Mozart murió olvidado por Viena y sin embargo permaneció fiel a una idea de la música exigente con el público destinatario y en la que aparecen volcadas los moldes de ese clasicismo vienés que acabará determinando la música del siglo posterior.

¿Pudo observar el nutrido aforo del Cervantes estas ideas? Quien escribe afirma que no en el punto que fue presentada una versión con más efecto que carácter, decididamente tibia, apocada y vacía de sentimiento. Una versión de circunstancias por no hablar casi de trámite tanto en atriles (¿Dónde está la solidez del conjunto de abonos pasados?) como del otro puntal que es el Coro de Ópera de Málaga -la cacareada profesionalización del conjunto está cada vez más que justificada-. Llegando al capítulo solista sí se descubre cierto remedio a este monumental desastre que ha sido el 'Requiem' de Mozart, que, por otro lado, parece ser la única página del repertorio sacro que a día de hoy puede ser ejecutada en Málaga.

La solemnidad del 'Introitus' adelantaba dinámicas conservadoras plegadas a los escasos momentos de empaste entre coro y Filarmónica con resultado de caídas continuas de la emisión favorecidas por la descompensación entre cuerdas forzadas hasta los extremos del agotamiento las femeninas frente a la irreverente cuerda de bajos capaz de ahogar algún atisbo de tenores mínimamente solventes. Así definitivamente no se puede, como tampoco es posible esperar del maestro Vázquez milagro alguno y mucho menos responsabilizarlo. Hay un gravísimo problema que no va a tener solución sin la concurrencia de los responsables políticos que son al fin y al cabo aquellos que deben destinar recursos o valorar con mejor criterio los retos.

Los momentos de paz de este tristísimo 'Requiem' llegarían de la mano del cuarteto vocal. Cuatro solistas centrados en la interpretación y confiados a la guía del maestro Hernández Silva que como se señala, únicos momentos de auténtica creación artística. Dúo bruñido el formado por Berna Perles y Carol García seguido a distancia por Sanabria y López.

El otro punto de interés de este abono de Semana Santa de la OFM llegaba en la primera parte. con la Sinfonía concertante'. de M. Franco. y la exquisitez sobre las cuatro cuerdas del violín del maestro Miguel Borrego. Articulada en tres movimientos que se suceden sin interrupción da la impresión que los cinco cuadros que pretende retratar Franco hubiesen sido escritos sobre dos planos diferenciados: por una parte una narración emocional representada por el instrumento solista y por otra un marco descriptivo dibujado por la orquesta. Fría acogida por no hablar de desprecio para una partitura que no busca tanto la complacencia, como reflexionar sobre el hecho artístico proyectado sobre la devoción popular.

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