15 de enero de 2020
15.01.2020
Crítica de teatro

Numancia clásica, Numancia hoy

Reseña de 'Numancia ocupada', en el Festival Internacional de Teatro de Málaga

15.01.2020 | 21:51
Un momento de la función

'Numancia ocupada'
Compañía: Jóvenes Clásicos
Autor: Sergio Rubio
Dirección: Pedro Hofhuis
Intervienen: David Mena, Pilar Aguilarte, Lorena Roncero, Rubén del Castillo, José Carlos Cuevas
Teatro Echegaray

'Numancia ocupada' es un buen ejemplo de creatividad teatral. El texto del dramaturgo Sergio Rubio, reúne los de Rojas Zorrilla y Miguel de Cervantes sobre el mismo tema y los convierte en una nueva y actualizada visión de la tragedia que viven algunos lugares en conflicto bélico hoy. No parece haber cambiado mucho desde esa Numancia ejecutada por las tropas romanas, a esas herederas del infortunio de ser codiciadas. ¿Por qué? ¿Por qué esas guerras que vemos en el telediario? ¿Por qué tanto sufrimiento? Esa es la pregunta que subyace en este espectáculo de la compañía Jóvenes Clásicos.

Orgullo, avaricia, poder. Ninguna es buena excusa, en cualquier caso. Pero esa fusión de textos bien hilvanada que nos ofrece el espectáculo tiene la labor de ponernos enfrente de una realidad que vista desde la pantalla del televisor nos parece cruel e incomprensible pero lejana. Y aquí es cercana y demoledora. Las referencias nos conducen al Oriente Medio, a La Franja de Gaza, a la desesperante situación que viven sus habitantes dentro de la locura política y militar a la que los organismos y gobiernos internacionales condenan, pero de una manera muy permisiva. La pregunta sigue estando ahí: ¿Por qué? ¿Cuáles son los intereses? Y en el escenario, sin embargo, la mirada nos destroza el alma sin desdeñar la belleza de las imágenes que se van sucediendo. Algo que parece contradictorio, pero resulta aún más cruel si cabe. Que potencia ese alejamiento insolidario del que somos capaces los que nos sentimos a salvo.

La dirección de Pedro Hofhuis llena la escena de un movimiento coreográfico que circula entre los distintos dogmas del teatro clásico y un regusto naturalista que complementa los apuntes de la actualidad. Lo que obliga a los actores a demostrar su innegable capacidad para cambiar no sólo de caracterización en los diversos personajes que interpretan si no a transitar por esos diversos estilos interpretativos que vienen de la mano de los textos y autores clásicos. Y hay un muy buen trabajo interpretativo, contenido y expresivo. La dirección ha logrado dar plasticidad, moldear, un texto duro y darles realce a los conceptos, a los pensamientos. Para ello no cabe duda que la apuesta escenográfica ha sido un acierto. Una perfecta iluminación que marca los estados de ánimo y elementos sencillos pero significativos para ilustrar ese muro construido alrededor del oprimido y que como dice uno de los personajes: "Una de sus ventajas es que no permite saber lo que está pasando dentro".

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