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Filosofía

Para que la Filosofía vuelva a las calles

El profesor de Filosofía malagueño Andrés Lomeña lanza 'Filosofía a sorbos' (Arcopress), 250 páginas de funambulismo pedagógico en las que busca "los significados subyacentes en las historias que leemos y vemos en el cine o la TV"

El profesor de Filosofía y escritor Andrés Lomeña.

El profesor de Filosofía y escritor Andrés Lomeña. / J. Albiñana / Arcopress

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Víctor A. Gómez

Víctor A. Gómez

Andrés Lomeña (Málaga, 1982), profesor de Filosofía, escritor y colaborador de The Huffington Post, es, ante todo, un buscador de significados, un explorador de los fondos agazapadas debajo de las formas. Presenta en el Ateneo el próximo 11 de febrero Filosofía a sorbos (Arcopress), «un libro de texto atípico» que usa la transversalidad de los estudios culturales para buscar un posible futuro para una disciplina, la filosofía, que considera demasiado alejada de las calles.

Nietzsche y Rick y Morty, Kant y Juego de Tronos, Zizek y Lady Gaga... El universo de referencias que maneja Lomeña es inagotable. Baste este ejemplo, extraído del capítulo El platonismo canadiense y Alanis Morissette: compara la idea platónica de la falta de unidad del alma con el videoclip de Ironic, el megahit de la cantante, en el que se desdobla en cuatro mujeres distintas. Y así hasta más de 250 páginas de funambulismo pedagógico abracadabrante y terriblemente divertido distribuido en un centenar largo de píldoras analíticas.

Si no les convence, dejemos al autor que lo intente. ¿De verdad es tan «atípico» su manual o se está tirando el moco? «Al sugerirme que me tiro el moco, me obliga a preguntarme por la naturaleza de las mucosidades, intento describir esa materia pegajosa o viscosa y finalmente la comparo con ideas filosóficas tradicionales, como la noción de cambio en Heráclito. Ésa ha sido mi metodología: analizar cualquier sugerencia, queja, anhelo o comentario de los alumnos. ¿Sienten asco? Hablemos de los excrementos y que se enteren de que hay un libro sobre la historia cultural de la mierda. ¿Llaman calvo a un profesor? Que sepan que su insulto sobre la alopecia contiene la paradoja del montón, una cuestión lógica que se remonta a la Antigua Grecia. ¿Se ponen a bostezar en mis clases? Que sepan, entre bostezo y bostezo, que este síntoma de cansancio fue una metáfora útil para pensadores como Cioran o Nietzsche»: así describe el malagueño su modus operandi.

Le pedimos al autor del volumen un ejemplo concreto de esta mirada desprejuiciada a un producto cultural al despojarle de capas poco aparentes: «Mi interpretación de Friends no ha gustado nada. Sostengo que la serie es un canto a la mediocridad y un reflejo del triunfalismo económico y político que finalmente colapsaría tras el 11 de septiembre». Eso sí, fans de Friends, Lomeña no quiere ser enfant terrible, un contrarian ni buscar titulares fáciles: «No he pretendido ser subversivo. Al contrario, he seguido con bastante fidelidad la tradición de los estudios culturales, una escuela que arrancó en la Universidad de Birmingham durante los años sesenta. Mis palabras sobre Wonder Woman, Toy Story 4 o Piratas del Caribe no son más que una forma de honrar aquella manera de acercarse a la cultura popular».

Pero, vamos a ver, ¿de verdad está la filosofía en todos lados? «Puede que no, pero eso ya nos permitiría discutir sobre el holismo o el menicismo, entre otras posturas filosóficas. Mi enfoque se vuelve casi más literario que filosófico: intento encontrar significados subyacentes en las historias que leemos y vemos en el cine o la televisión. Es una hermenéutica muy sencilla y no me cabe duda de que a veces sobreinterpreto los textos o las películas: ese superávit teórico encierra cierta belleza. No me importa si mis divagaciones sobre Aquaman y Black Panther son triviales o demasiado barrocas: la superproducción de DC remite a la Atlántida mencionada por Platón y la de Marvel plantea una extraña utopía en clave monárquica. No quiero que los alumnos o los adultos se sientan encerrados en el marco de mi interpretación: la razón vuela alto con ayuda de la imaginación».

Como decíamos, Filosofía a sorbos parte de la idea de que la disciplina ya no está en la pomada social y cotidiana, que está lejos de donde respiramos, más cómoda en su castillo inalcanzable donde no es atendida por la población y, por tanto, no cuestionada. Y Lomeña quiere que regrese a donde pertenece, a las calles. «Imposturas intelectuales [libro de Alan Sokal y Jean Bricmont] fue un varapalo tan duro para las Humanidades que muchos académicos se han encerrado en sus quebradizos templos del saber. Otros nunca estuvieron dispuestos a salir: por ejemplo, hace poco fracasé en mi intento de entrevistar a un filósofo que reflexiona en torno al concepto de utopofobia, el rechazo o miedo irracional a las utopías; el autor consideraba que mi conocimiento de la filosofía política era insuficiente y no tuvo interés en dirigirse a una audiencia mayor que la de su departamento universitario», asevera el profesor, quien se alinea con el «pensamiento generoso» que defiende Kathleen Fitzpatrick, «una humanista preocupada por el bien común y por comunicar mejor».

Tesis

Andrés Lomeña también es un avezado entrevistador, con interesantes piezas sobre pensadores internacionales de renombre. En su charla con Mikita Brottman, autora de Contra la lectura, le agradeció la singular tesis del libro, según la cual el acto de la lectura no implica necesariamente la mejora del ser humano. ¿Pasa lo mismo con la filosofía? ¿Se puede filosofar y seguir siendo un merluzo? Responde: «Filosofar y leer no es lo mismo, y quizás mi reparo contra la filosofía tenga más que ver con lo segundo que con lo primero. Para Richard Rorty, el acto de leer era esperanzador porque encerraba la promesa de la empatía, nuestra capacidad para entender el sufrimiento de los demás. Las leyes educativas, en cambio, siguen pensando en la lectura como un arma automática de emancipación. Vivimos anclados al pensamiento ilustrado, que tiene sus límites... y basta con hacer una visita al instituto para comprobar que las nuevas generaciones no compran nuestra manera de venderles la cultura».

Quizás Filosofía a sorbos sea un primer paso interesante en esta senda; un camino que no tiene que andar solo Andrés Lomeña. «Quien lea el libro puede pensar que quizás falten artículos. Por ejemplo, no hay ninguno sobre Stranger things. Le animo a hacerlo, o a quien me lea, para seguir ese pensamiento generoso del que hablaba antes. Porque no he publicado el libro para exacerbar mi ego, sino porque echaba en falta este tipo de análisis y se necesita un esfuerzo colectivo para rehabilitar el pensamiento crítico. Si alguien se atreve a ampliar, corregir o reconducir las reflexiones de otros autores, me sumaré a su causa y me tendrá como lector. Aprecio el Elogio de la ociosidad de Russell, pero también a quien sigue trabajando y aportando ideas sin sucumbir al desánimo de esta sociedad autista por sobrecarga informativa». Venga, anímense.

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