29 de junio de 2020
29.06.2020
La Opinión de Málaga
Audio y vídeo

Carlos Amores: mirar la música con una cámara

Está detrás de videoclips de Kase O, SFDK, Mágicos Cabrones del Ruido, Tote King, Capaz, Dellafuente, Maka... El malagueño, con su reconocible blanco y negro, es un director cada vez más solicitado por artistas que quieren un extra de punch en las piezas audiovisuales para sus canciones

29.06.2020 | 09:09
Arriba, a la derecha, Carlos Amores; alrededor, imágenes de varios videoclips firmados por él.

Para el responsable de APV Films, «las imágenes de un clip deben hablar sin necesidad de que haya un diálogo». El sello reconocible del director, un blanco y negro «intenso y contrastado».

Allá por el lejano mes de marzo, cuando fallecían casi mil compatriotas al día y el país se confinó para guarecerse de la devastadora tormenta del coronavirus, los malagueños Mágicos Cabrones del Ruido lanzaron una canción, Paranoides, el potente adelanto de un epé, Tocan los ritmos de la pasada moda, que trajo las mejores cifras (cien mil visualizaciones hasta la fecha en YouTube) en la historia de la banda de Pablo Garrido. Las imágenes de su videoclip, en (casi) riguroso blanco y negro, ayudaron a que el tema llevara a la banda a un nuevo nivel. En la silla del director, otro malagueño, Carlos Amores, con un notable currículum en esto del diálogo entre el audio y el vídeo: ha firmado clips para Tote King, SFDK, Kase O, Capaz, Dellafuente y Maka; además, es un fijo de los músicos malagueños más preocupados por el look de sus temas, como, recientemente, Julia Martín y Capaz. Charlamos con el responsable de la productora APV Films.

«Mi padre mi inculcó el gusto por los cacharros con lentes, ya fueran cámaras analógicas, prismáticos... Recuerdo que alucinaba girando los anillos de enfoque con 8 ó 9 años), revistas de fotografía... Me compró mi primera cámara con 15 años y un ordenador con Windows XP, a partir de ahí me introduje en el mundillo. En el 2010, empecé a hacer mis primera fotos en fiestas nocturnas para un colectivo de música electrónica, el mundo de la rave y la cultura underground en general. Recuerdo no tener ni idea de cómo se controlaba una cámara réflex y conseguí un libro antiguo de la biblioteca de mi barrio que me ayudó bastante junto a manuales y libros que iba comprando», recuerda Amores. Pocos años después ya estaba trabajando con artistas reconocidos, especialmente de la escena hip hop, que han confiado en el estilo del malagueño, apoyado en el uso de un «un blanco y negro intenso y contrastado, añadiendo el color rojo».

Se siente orgulloso de haber conseguido su sello: «A lo largo de los años he ido tratando de realizar cada proyecto con las menores referencias posibles, obligándome a sacar un material genuino. También es una alegría escuchar de boca de los artistas con los que he trabajado que esa es la razón por la que me han elegido para realizar su proyecto. Cada proyecto lo visualizo como un reto a la hora de refinar el estilo, una pieza en la que repetir lo menos posible elementos hechos anteriormente pero sin que pierda la esencia». Chuleo en raps, de Hazhe & Acción Sánchez con Capaz, es su vídeo favorito: «Aparte de que Capaz es el artista con el que más afinidad tengo a la hora de trabajar, en este proyecto en concreto puse mucho empeño. Creo que es el clip con más cine que he realizado, influencias de John Carpenter, muchas localizaciones, unos efectos visuales que me costaron lo suyo, mensajes ocultos en algunas escenas, pero sobre todo, creo que en este vídeo en concreto se ve totalmente reflejado mi estilo», asegura.


El buen videoclip

Para Carlos Amores, que sueña con ilustrar canciones de The Rolling Stones, Muddy Waters, Marvin Gaye, Tory Lanez, Drake, Aphex Twin y muchos otros, el buen videoclip musical «no puede ser una pieza más: Tiene que contener material identificable y lo más atemporal posible; no debe estar sobrecargado de elementos o conceptos, sino tener precisión y sobre todo, que las imágenes hablen sin la necesidad de un diálogo». Sus clips para El Niño Smake, Juaninacka, Samy Marto y muchos más están ahí como pruebas de esa búsqueda sin destino final más que la depuración constante.

Lástima que en España, dice Amores, este empeño no sea siempre lo suficientemente reconocido: «Para las cosas que quiero llegar a hacer, tendría que moverme a otro país como Reino Unido, Estados Unidos, Alemania... En estos países, la cultura audiovisual está mucho más valorada y presente», sentencia. Se marche o se quede entre nosotros, los suyos, seguirá mirando la música en ese blanco y negro icónico y elocuente, con el que tanto se identifican cada vez más artistas musicales.

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