23 de septiembre de 2020
23.09.2020
La Opinión de Málaga
Cómic

«Patria» también es un cómic

Trescientas páginas que indagan en una sociedad fracturada por una guadaña de violencia

23.09.2020 | 05:00
Viñetas de la adaptación gráfica de la novela de Fernando Aramburu.

Toni Fejzula adapta al lenguaje de la historieta gráfica la novela homónima de Fernando Aramburu, un relato sobre el dolor que ha supuesto la existencia de ETA en el País Vasco y que también ha sido llevada a la pequeña pantalla en una serie de inminente estreno en Telecinco y HBO. El cómic es un auténtico tour de force, una lectura incómoda tanto por el fondo como por la forma.

Francamente, parece que hablar hoy de Patria no precisa de demasiados prólogos. La teleserie que adapta la novela de Fernando Aramburu se estrenará el próximo 27 de septiembre en Telecinco y HBO. No vamos a ir más allá al respecto porque aquí se habla de una novela gráfica y su portada no genera la más mínima duda: la mujer que nos da la espalda en esa ilustración es la viuda de una víctima de la banda terrorista, y es, en cierto grado, protagonista de Patria (Planeta Cómic). No hay equidistancias. Sí que hay, con todo, un acercamiento honesto a todas las partes. Sin caricaturas, con profundidad y mucho dolor.

Toni Fejzula, autor de esta novela gráfica, nació en la antigua Yugoslavia y, aunque lleva décadas viviendo en Barcelona los temas del libro le tocan muy de cerca (no solo lo ha declarado, el lector lo siente). Sabe lo que supone una sociedad fracturada por una guadaña de violencia. De muchas violencias: de las miradas encontradas en una panadería al disparo a bocajarro en el callejón. Una fractura que, me temo, solo puede entender del todo quien la ha padecido de algún modo, directa o indirectamente, y eso es uno de los aspectos más destacables de este cómic: transpira empatía y emana conocimiento del dolor, del horror. Se condena sin proclamas, se denuncia sin políticas ni didactismos, se llora, entre viñetas, porque en definitiva una sociedad secuestrada por la violencia extrema no es una sociedad libre. Ni feliz.

Por supuesto toda esta floración de sentimientos intensos ante la lectura del cómic sería imposible sin una ejecución técnica más que buena y de la que deben destacarse no pocos hitos. Hay que hacer las cosas fabulosamente bien para sostener un drama coral tan cercano a nuestra memoria, nuestro corazón y nuestras tripas, pero que nunca contraría al lector, sino que le hace reflexionar. Y es necesario talento para que esas trescientas páginas nos atrapen, incluso bajo el peso de una narrativa densa, difícil: los diálogos son exactos y cortantes (se dice, pero también se calla); las escenas están impregnadas de una presión de difícil descripción sin el empleo del dibujo y el color (creo sinceramente que muchos matices emocionales se logran no con la trama, sino con el color y con ese dibujo duro, áspero).

Este cómic es un tour de force, unas páginas magníficamente diseñadas, de enorme elegancia, con un empleo del color abrumador. No es una lectura sencilla. No lo es por el fondo, obviamente duro, pero tampoco por la forma, que aprieta un poco al lector para obligarle a penetrar su interior, zambullirse. Aprovechen que Patria va a ser sin duda la serie de la temporada y háganse con esta otra versión de la novela. Y con la obra original, que por algo fue en su día Premio Nacional de Narrativa 2016. Intuyo que en todas sus versiones va a merecer la pena. Es necesario reflexionarnos también en los rincones más dolorosos, y Patria lo hace con un tacto y sentido emocional impecables.

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