08 de enero de 2021
08.01.2021
La Opinión de Málaga
Teatro

Regresar a Roma para conocer nuestro tiempo

Tres nombres grandes del teatro nacional (Josep María Pou, Mario Gas y Ernesto Caballero) se alían para recordarnos la vigencia del pensamiento del intelectual romano en Viejo amigo Cicerón, que llega al Teatro del Soho entre el 8 y el 10 de enero

07.01.2021 | 22:08
Josep María Pou, ayer en el Teatro del Soho CaixaBank.

Ernesto Caballero, Mario Gas y José María Pou conforman un triunvirato que ha llevado al éxito Viejo amigo Cicerón, montaje que ocupará las tablas del Teatro del Soho CaixaBank entre hoy y el 10 de enero. El primer como autor de la obra, el segundo como director y el tercero como protagonista de una obra que ha cosechado aplausos, premios y buenas críticas a lo largo y ancho de nuestro país.

Viejo amigo Cicerón es una obra centrada en la figura del célebre orador romano, protagonista destacado de las intensas luchas y las violentas transformaciones acaecidas en el siglo primero anterior a nuestra era. José María Pou es Cicerón, un político excepcional en un mundo de mezquinas ambiciones personales, personificando la integridad moral de quien mantiene la coherencia de sus convicciones políticas aún en las más adversas circunstancias. «Cicerón fue una figura fundamental en la antigua Roma. Hoy sigue siendo un ejemplo perfecto de político y filósofo, que Ernesto Caballero transforma en un texto divertido perfectamente vinculado con la actualidad», comentó ayer Pou, durante la presentación de la obra en el espacio levantado por Antonio Banderas.

Situémonos: siglo I antes de Cristo. Cicerón defiende los valores democráticos frente a predadores con vocación dictatorial, como el senador Lucio Sergio Catilina, Julio César y después su sucesor, Marco Antonio, con quien nuestro héroe también se despachó a gusto en las Filípicas (lo llamó bárbaro, borracho y gladiador). Así, cuando se destapa que el corrupto Catilina anda conjurándose para dar un golpe de Estado, Cicerón, entre las piedras del Senado, bajo las siglas del SPQR que flameaba en los estandartes de Gladiator, le espeta aquello tan conocido: «Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?» «¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?».

A Cicerón le cortaron la cabeza y las manos por defender la integridad de la República hasta el límite, pero ahora ¿quién se coloca su toga salvífica?, ¿quién nos sacará de la ciénaga, viejo amigo? La antigua Roma se refleja en la charca del presente. Viene de perlas que una obra tan cargada de trilita política coincida precisamente con la campaña electoral –cuando despertó, la campaña todavía estaba allí– y con la sentencia del juicio sobre el

Sobre el escenario se plantean interrogantes que hoy, 2.000 años después, también escuecen: ¿Sabemos elegir a los mejores para que nos representen? ¿Está la ley por encima de cualquier poder? ¿Si es injusta, es lícito saltársela a la torera? ¿Puede invocarse la legitimidad del pueblo y, al mismo tiempo, imponerse a ella con prácticas dictatoriales? «El público es el que completa e interpreta ViejoamigoCicerón. Es imposible no vincular cada representación al preciso momento actual", apunta Pou.

El director de la obra, el prestigioso Mario Gas, participó, vía telemática, en la presentación de Viejo amigo Cicerón, asegurando que «el teatro debe apelar a la emoción y los sentidos, pero también a la razón. Esa es la premisa de esta función», que, aseguró, el equipo afronta con «ilusión, valentía y responsabilidad» en estos tiempos tan marcados por el coronavirus. Y Josep María Pou abundó: «El teatro es hoy en día una especie de farmacia de guardia donde podemos encontrar una pequeña píldora que nos salva durante un rato de la extraña normalidad que nos rodea. Podríamos hablar de teatros de guardia incluso».

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