Hace decenas de miles de años, un(a) artista anónimo encontró en una remota cueva de la isla de Célebes (Indonesia) un lienzo sobre el que pintar. En sus manos, una primitiva mezcla de pigmentos rojizos empezó a teñir las paredes calizas de la gruta. Esbozó tres grandes jabalís y, a su vera, añadió la huella de sus manos. La creación, resguardada durante al menos 45.500 años, sale a la luz ahora como la obra de arte más antigua de la humanidad y el primer retrato de un animal del que se tiene constancia.

El hallazgo recuerda a la noticia que hace poco más de un año acaparaba el mismo titular: el descubrimiento de una escena de caza pintada hace unos 43.900 años y también encontrada en la isla indonesia. Muy cerca de ahí, años antes también se había hallado otra obra datada en torno a los 39.000 años. Y un puñado de kilómetros más allá, la cercana isla de Borneo desveló hace poco que conservaba un impresionante mural de al menos 40.000 años. La insignia de «la obra de arte más antigua de la humanidad», va retrocediendo en el tiempo. Eso sí, parece que el galardón se queda en las mismas tierras.

«La noticia no es tanto el hallazgo de la obra más antigua, sino la consolidación del sudoeste asiático como la cuna del arte figurativo», reflexiona el arqueólogo Diego Garate Maidagan, especialista en arte rupestre del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria. «Hace unos años era impensable dar con pinturas rupestres tan antiguas en esa zona porque se creía que las obras más antiguas estaban en Europa. Los hallazgos de los últimos años, sin embargo, están haciendo saltar por los aires la teoría eurocentrista del origen del arte», añade.

Solo en la isla de Célebes, de hecho, ya se han encontrado más de 300 cuevas con muestras de arte rupestre. En sus paredes se han identificado al menos 73 representaciones de jabalís y cerdos (un 80% del total de animales dibujados). El protagonista indiscutible es el jabalí verrugoso de Célebes, un animal autóctono de patas cortas, barriga abultada y entre 40 y 85 kilos que ha sobrevivido hasta nuestros días. El retrato porcino más antiguo hallado hasta la fecha (que mostramos y que anunció anteayer la revista Science Advances fue descubierto en 2018, pero no ha sido hasta ahora cuando se ha indagado en su antigüedad. Las pruebas de datación indican una edad mínima de 45.500 años. Aunque, dado que lo que se mide es la calcificación que brota sobre la obra y no las pinturas en sí, podrían ser más antiguas.

«Este hallazgo es extraordinario, pero hay que leerlo con sentido crítico. El arte rupestre, así como la precisión de las dataciones, evolucionan en función del conocimiento que tenemos», destaca Ramón Viñas, arqueólogo del comportamiento simbólico y especialista en arte rupestre. «En la carrera para dar con las pinturas más antiguas influye, sobre todo, la inversión que se haga en descubrir y analizar las obras. Las pinturas rupestres de Chauvet (Francia), por ejemplo, se descubrieron en 1976 y todavía hoy se sigue discutiendo su antigüedad», añade.

El descubrimiento de esta primitiva obra en que los jabalís sirven de musas abre una infinidad de debates, como qué debían representar estos animales. Los investigadores responsables de su estudio apuntan a que podrían formar parte de la misma escena. «Tal vez una representación de la interacción social entre jabalís verrugosos», sugiere el estudio liderado por Adam Brumm, Adhi Agust Oktaviana y Maxime Aubert.

«El hallazgo es extraordinario, pero, sin quitarle mérito, no creo que estas pinturas tengan narrativa», reflexiona Marco García Diez, profesor de prehistoria de la Complutense de Madrid. «La obra muestra que estamos ante un arte figurativo con cierta complejidad. Los animales están pintados siguiendo el contorno, pero también con líneas interiores para mostrar su masa», añade.

Un rápido vistazo a una ilustración moderna de estos animales muestra que su retrato prehistórico fue más que acertado. Es más. Su silueta es tan acertada que todo apunta a que detrás de cada pincelada había una intención. Una idea. Una mente pensante. Tanto es así que se abre el debate sobre quién tuvo que ser su artista. Las fechas sugieren que muy probablemente fue obra de los humanos modernos (o sapiens, según se nos quiera llamar) que llegaron a la región.

¿Por qué pintaban animales y manos y no, por ejemplo, plantas y caras? «Esta es la gran pregunta», responde Garate Maidagan. Según él, la gran mayoría de obras rupestres muestran imponentes animales, personas en posición de cazar y algún que otro motivo geométrico. La flora y fauna de consumo habitual, en cambio, apenas aparecen. «No podemos saberlo con certeza, pero parece que detrás de esta selección hay algún tipo de convención establecida por la sociedad del momento. Las pinturas halladas en Indonesia parece que muestran un estilo artístico común. Hay una coherencia. Mismos animales, mismas técnicas, manos en negativo?».

Hay un sinfín de preguntas. Más si tenemos en cuenta que solo vemos una pequeña muestra de la creación que en su día forjaron nuestros antepasados. «Solo vemos el arte que se ha conservado. Pero quién sabe, quizás los primeros sapiens hacían obras todavía más espectaculares que no han aguantado al paso del tiempo», reflexiona Viñas, también colaborador del Institut Català de Paleoecologia Humana (IPHES).

«El origen del arte también nos habla del recorrido de los primeros sapiens. De cómo ha evolucionado nuestro cerebro. Y, en definitiva, de quién somos como especie», concluye el experto.