El hip hop de nuestra tierra no sería lo que es ni cómo es si una mujer no se hubiera encontrado, limpiando un avión, una cinta de los Fat Boys. Rayka, Narko, Spanish Fly, Roberto Cantero y Elpho formaron en 1990 una crew unidos por su hambre de rimas y ritmos, grafitis y breakdance; un tronco del que surgirían Hablando en Plata, Triple XXX, Elphomega y muchos más clásicos de la escena andaluza

En 1988, la madre de un chaval llamado Salvatore Apa trabajaba limpiando aviones en el aeropuerto. Resulta que un pasajero se había dejado olvidada una cinta de los Fat Boys y la mujer la cogió: quizás a su hijo, que tanto le gustaba la música, le interesaría. Salvatore y sus amigos, Juan, Jesús, Sergio, Roberto y algunos más, la escucharon y lo vieron clarísimo: el hip hop iba a ser lo suyo. No lo sabían entonces, desde luego, pero aquel descuido de un viajero anónimo iba a determinar uno de los gérmenes del grupo pionero del rap malagueño, Nazión Sur, que acaba de celebrar los 30 años de su formación; una especie de big bang del que terminaron surgiendo luminarias de la escena como Hablando En Plata, Triple XXX y Elphomega.

Los asiduos al Parque del Oeste, recién inaugurado en aquellos primeros noventa, quizás se fijaran en un grupo de malaguitas con un loro, alguien con un walkman, otro haciendo beatbox, hablando de rimas y ritmos y poniéndolo en práctica. Era una crew de chavales que se habían conocido en el Festival Juvensur, en el recordado Centro de Exposiciones Sur, en una cita en torno a la cultura del skateboard y el hip hop. Rayka y DJ Narko (después, en Hablando en Plata), Secko, Elphomega, Spanish Fly (más tarde, miembro de Triple XXX), Mr Can (el músico Roberto Cantero, habitual en Chambao) y más, entre bailarines y grafiteros (como el propio Apa, el gran aglutinador de talentos) tenían hambre pero pocos, poquísimos medios. Eran maestros en buscarse la vida: «Los primeros aparatos que pillamos fue gracias a que en la discoteca Palladium de Torremolinos todos los domingos había batallas de rap. El que ganaba se llevaba no sé si 5.000 pelas. Nosotros ganábamos todos los domingos, siempre la liábamos. Así estuvimos un verano entero. Llegamos a comprarnos los samplers, los secuenciadores...», recordó hace unos años Rayka (o sea, Juan Peralta) en el Festival Moments de Staf Magazine.

En aquellos tiempos no sólo no era fácil grabar; ni siquiera los discos eran asequibles, ni accesibles. Contó Rayka en El País que peregrinaban por locales de Torremolinos como Pogos o Doctor Fonk y que allí conocieron a algunos estadounidenses: «Allí conseguíamos gorros y camisetas que les pedíamos». El Puerto era otro punto de encuentro: «Cuando venían en los barcos los americanos de turistas y militares era la vida. Traían musicón guapo y te ibas haciendo contactos. Era todo muy busca vidas». Candilejas, los catálogos de venta por correo de Tipo y similares hicieron el resto.

Llegó pronto la primera maqueta: La Nazión en línea. Con versos como «Esta vez traigo artillería pesada / ni balas ni metralla / mensajes nunca fallan / y te apartas si no quieres perder el cuello / porque estás justo en la línea de fuego». Todo lo imperfecto que ustedes quieran, pero efervescente y apasionado a más no poder. Ellos mismos hacían las copias en cinta y las vendían, a 300 pesetas, en fanzines o a todo aquel que les escribiera. Su siguiente grabación, Con 40 de fiebre (1994), subió mucho el nivel: despacharon unas 6.000 copias. «Libre, estilo cien por cien»: muchos aún recuerdan el hook de Cien por cien, uno de esos temas frescos, espontáneos, muy en la línea de luminarias yanquis de la época como Brand Nubian, Cypress Hill, y que mostraban esa actitud desprejuiciada con los samples (sólo en esa canción, por ejemplo, hay pistas de Guantanamera, The Lafayette Afro Rock Band y Mr Sandman) tan propia de Prince Paul.

Y el primer concierto en condiciones, teloneando a El Club de los Poetas Violentos (CPV), en 1995, cerca de la Alameda de Colón. «No me acuerdo de la sala pero estaba en el centro y habría unas 350 personas. Lo recuerdo por la fumada que nos pegamos y porque salió de puta madre», relató Rayka. El grupo madrileño quedó impresionado con estos malaguitas, tanto que cuando se escindieron desde Zona Bruta, el sello-faro de CPV, llamaron a Rayka para ver qué iba a ser eso de Hablando en Plata. Ahí comenzaba otra historia, no menos importante que la de Nazión Sur.

Último trabajo

La semilla (1997) fue el último trabajo de Nazión Sur (todos se pueden encontrar en YouTube, subidos por fans). Allí ya empezaban a notarse las grietas en el combo: Roberto Cantero quería más música, menos boom bap y 4x4, por ejemplo. «Las cosas estuvieron bien, duraron lo que duraron. Llegó la hora de que cada uno cogiera su camino», resume Jesús, Narko. Profético el título de aquella grabación de despedida: «Nazión Sur no murió, a partir de ahí nacieron más grupos. Digamos que se partió», según Rayka. Fue el tronco del que surgieron muchas ramas y que hoy, 30 años después, no han caído. Diferentes pero robustas, siguen. Elphomega, por ejemplo, acaba de lanzar uno de los discos de hip hop nacional de la temporada, Yours Truly; Rayka se ha centrado en su faceta como beatmaker desde su sello Bloody Records, Spanish Fly, tras unos años en Londres por cuestiones laborales y alejado de la escena, comparte su inconfundible flow con herederos como Sokez en los temas de su inminente Hip Hop Music.