Se ha escrito y fantaseado tanto sobre Jack el Destripador, sobre su identidad y los motivos que le llevaron a cometer sus atroces crímenes en el Londres victoriano, que parece imposible que pueda aportarse algo más al tan macabro como fascinante caso del asesino de Whitechapel. El documental de la BBC Jack el Destripador: caso abierto recapitula la historia, aporta nuevos datos y propone distintos prismas para acercarse al mito. Hay tiempo para verlo: estará disponible en Movistar+ hasta el 13 de julio de 2022.

Recapitulemos también. Entre agosto y noviembre de 1888, en Whitechapel, en el East End londinense, un individuo asesinó a cinco mujeres. El tópico de que todas eran prostitutas fue desmentido hace tiempo. Solo dos se prostituían. Las pautas del sádico homicida cimentaron el fenómeno popular del asesino en serie.

El cadáver de Polly Nichols apareció el 31 de agosto. La segunda víctima fue Annie Chapman, el 8 de septiembre. Dos más cayeron el mismo día, 30 de septiembre, Liz Stride y Catherine Eddowes. Cerró el círculo Mary Jane Kelly, el 9 de noviembre, la primera que fue asesinada dentro de su casa. Son conocidas como las cinco víctimas canónicas. El individuo las desfiguraba para deshumanizarlas. Después del quinto crimen, el Destripador se esfumó para siempre.

Otras víctimas

El caso ha alimentado todo tipo de ficciones. Películas notables como Jack el Destripador (1944), de John Brahm, que hacía hincapié en su represión sexual. Fantasías como la propuesta por Nicholas Meyer en Los pasajeros del tiempo (1979), en la que el Destripador viaja en la máquina del tiempo de H. G. Wells hasta el futuro. Cruces como Estudio de terror (1965) y Asesino por decreto (1979), en los que el asesino es perseguido por Sherlock Holmes. Y un denso cómic de Alan Moore, From hell (1993-1997), que especula sobre la idea de que el asesino fuera alguien importante en la escena política británica.

El documental muestra nuevas revelaciones, distintas probabilidades de identidad y otras víctimas del asesino. No deja de ser el caso abierto más famoso del mundo. Sirviéndose de técnicas dignas de la serie C.S.I., como la mesa de anatomía digital, el forense Jason Payne-James explica al detalle los daños infligidos a la primera víctima: herida en el cuello cerca de la mandíbula, incisión circular en torno al cuello para impedirle gritar y una herida serpenteante y profunda en la cavidad abdominal, como si quisiera esculpir la carne.

Un detective retirado experto en escenarios de crímenes, Peter Bleckey, aporta una información interesante: hubo aspectos muy organizados y totalmente desorganizados en cada crimen. Mató a la segunda víctima en un patio y a plena luz del día, y si bien este dato manifiesta un cierto descontrol, también demuestra que el Destripador vivía muy cerca y conocía perfectamente la zona.

Dos mujeres en un mismo día

Más revelador es el hecho de que asesinará a dos mujeres el mismo día, con una hora de diferencia y a solo un kilómetro de distancia. El criminólogo David Wilson analiza minuciosamente todos estos hechos. «No se centraba en el acto sino en el proceso, satisfacer sus necesidades sexuales misóginas». Su teoría es que el asesinato de la tercera víctima, Liz Stride, resultó insatisfactorio: solo pudo degollarla, ya que la entrada inesperada de un carruaje en el lugar del crimen impidió que culminara sus obsesiones sexuales.

Por este motivo siguió a la caza de otra mujer el mismo día, lo que no era su pauta, y una hora después se cebó en Catherine Eddowes. Necesitaba culminar lo que no pudo hacer con Stride, de ahí la exacerbada violencia en Eddowes: le mutiló la cara, le cortó los dos párpados y arrancó vísceras e intestinos. La foto que se conserva del cadáver de Eddowes es espantosa, como la de Mary Jane Kelly: al asesinarla en la habitación de la propia víctima, hizo con ella lo que quiso. La investigación actual demuestra que ella le dejó entrar, por lo que debía ser un tipo agradable, incluso atractivo. Le hizo decenas de cortes en la cara en todas las direcciones, desmembró el cadáver y diseminó los órganos por la habitación para que florecieran sus fantasías macabras.

En el documental se nos recuerda que la media actual de asesinatos en el Reino Unido es de 550, así que Jack no sería un hecho aislado, en todo caso, un síntoma. Mientras tanto, David Wilson no ceja hasta demostrar que hubo una víctima anterior. Se trata de Martha Tabram, separada, desahuciada y prostituida, que apareció asesinada el 7 de agosto con 39 puñaladas. No se relacionó con los casos posteriores porque la habían visto con un soldado y acabó deduciéndose que las heridas eran de bayoneta. Nunca se encontró al soldado sospechoso.

Sistema informático

Gracias a un sofisticado sistema informático conocido como Holmes (sin Sherlock), ha sido reconstruido el caso de Tabram para detectar posibles patrones coincidentes, descartando asesinatos cometidos en la misma época por estrangulamiento u otros métodos. Tabram parece ser la sexta canónica. En el documental se analizan después los perfiles geográficos para certificar que el Destripador vivía en o cerca de Whitechapel. Cómo colofón, la hipótesis bastante plausible de que el asesino era el migrante polaco Aaron Kosminski. A partir de 1885 empezó a oír voces en su cabeza. La policía empezó a vigilarlo y quizá por eso no pudo cometer más asesinatos. Su familia lo ingresó en un psiquiátrico en 1890 por atacar a su hermana con un cuchillo. Falleció de gangrena en 1919, 31 años después de los asesinatos.