Son muchas las redes sociales que nos tienen conectados, y enganchados, cada día a la pantalla de nuestros móviles y su número no deja de aumentar. Hay redes sociales para todos los gustos: enfocadas a la imagen, como Instagram; a los vídeos, como TikTok; a los directos, como Twitch y al texto, como es el caso de Twitter. Ahora ha aparecido una nueva red social centrada en los audios en directo, Clubhouse. Y es el furor ahora mismo en internet: en menos de un mes, ha pasado de tener 600.000 usuarios a más de 2 millones.

¿Cómo funciona Clubhouse?

Clubhouse es una red social centrada en el audio, la nueva radio de los millennials y la generación Z. En esta red los textos brillan por su ausencia, unas pocas palabras en la bio, o descripción, del usuario y poco más. Y, al igual que el conocido programa de televisión, lo importante es la voz. No se pueden dejar mensajes escritos ni grabar, lo que permite no estar pendiente de la pantalla del móvil y que las conversaciones sean más distendidas. Tampoco se pueden poner emojis ni likes, es una especie de podcasting interactivo que también podría definirse como una especie de mesa redonda virtual gigante en el ciberespacio.

El sistema está basado en salas de conferencia. Un usuario crea una habitación donde debatir sobre un tema u ofrecer una disertación, a esta sala pueden entrar otras personas con invitación o no. En el momento en que otros usuarios se unen a la discusión el ponente ejerce como moderador, decidiendo si permite la intervención de otros usuarios. La clave está en que, al acceder a la aplicación, se definen los gustos e intereses, y un menú permite ver las salas que los algoritmos seleccionan para el usuario en función de sus elecciones. En las salas se indica el tema que se trata, quiénes son los conferenciantes y el número de personas que escuchan la charla.

Existen dos tipos de perfiles en las sesiones: stage, o participantes en la charla, y stall, los oyentes. En cada habitación hay un moderador y te puedes encontrar personajes famosos como Oprah Winfrey, Elon Musk, Jared Leto o gurús del mismísimo Silicon Valley. Que el físico y magnate sudafricano Elon Musk participe tanto en Clubhouse ha supuesto un revulsivo tremendo para multiplicar los números de este nuevo punto de encuentro. A la charla de Musk se unieron 5.000 personas (el máximo que puede acoger una room) y que trabaja con startups en las que tiene acciones Andreessen Horowitz, principal inversor de Clubhouse. La idea es que próximamente los conferenciantes y tertulianos especializados que impartan las charlas puedan cobrar por compartir sus conocimientos.

Además, Clubhouse tiene un funcionamiento similar al de otras redes sociales, es decir, puedes seguir a gente, te avisarán cuando seas seguido, recibirás notificaciones cuando empiecen charlas…

En la actualidad, esta red social de la voz está reservada a unos cuantos privilegiados, ya que para poder unirte has de ser invitado, como una sala VIP. Estados Unidos es el principal proveedor de usuarios de esta plataforma, aunque, dada la buena acogida que ha tenido, es muy probable que dentro de poco tiempo se haya extendido al resto del mundo.

¿Cómo conseguir invitaciones para Clubhouse?

Si queremos formar parte de la red social de moda podemos hacer una de estas cosas: Que alguien de dentro te mande una invitación; entrar y reservar un nombre, es decir, descargar la app, reservar nuestro nombre de usuario y coger turno en la lista de espera (de esta forma si alguien de dentro nos reconoce, nos puede dejar entrar aunque ellos no dispongan de invitaciones para ofrecer); además, cada nuevo usuario de Clubhouse dispone de dos invitaciones y él decide a quién se las entrega; cada vez que un usuario entre a la app, participe, cree salas, y demás, obtendrá experiencia y veteranía, y eso se traduce en un mayor número de invitaciones.

Clubhouse solo está disponible, por el momento, para iOS, pero se rumorea que pronto llegará al otro gran sistema operativo, Android. Y es que el éxito ha sido tal que los servidores de Clubhouse se han saturado en varias ocasiones. Y las que quedan, nos tememos.