El equipo liderado por Antonio Banderas y María Casado, ideólogos y presentadores de la gala de los XXXV Goya, lleva muchos meses trabajando pero el Teatro del Soho CaixaBank comienza es un hervidero, un ir y venir constante de camiones y trabajadores: hoy se ha iniciado la instalación de los elementos escenográficos para la gran noche del cine español. Y es que quedan menos de dos semanas para que, por segunda edición consecutiva, la Academia entregue sus grandes galardones entre nosotros, aunque, esta vez, pandemia mediante, en una noche muy singular: telemática, sin nominados, sin fiesta, con todos los protocolos higiénico-sanitarios.

«Queremos que sea una ceremonia digna, emocionante y elegante, sin florituras, con mesura», ha dicho en repetidas ocasiones Banderas. En su mente, un concepto claro: aprovechar este necesario impás, ese «hasta luego, glamour» provocado por la pandemia para reivindicar la realidad de la gente del cine. «La alfombra roja es el vértice de una pirámide de una industria muy vasta, muy grande, y eso lo queremos poner de relieve de forma muy especial. Quiero que nos mostremos realmente cómo somos, y también a los compañeros que no tienen la posibilidad de tener Goyas: a los chóferes, la gente de los cáterings, los que cargan camiones... Porque ésta es una industria que da de comer a muchísimas familias», argumentó el actor malagueño. De hecho, el lema de la edición de los premios es «El cine lo hacemos todos», como se puede ver en los primeros spots promocionales de la gala.

Sólo habrá medio centenar de invitados a la ceremonia del cine español, entre los artistas que protagonizarán actuaciones musicales (de momento, confirmadas Aitana y Vanesa Martín) y los entregadores de las estatuillas. Ellos protagonizarán una alfombra roja previa reducidísima, que exigirá PCR a todos los reporteros gráficos acreditados de los medios de comunicación. Medios, por cierto, que no podrán acceder a la gala en sí por necesidades del guión pandémico: la Academia facilitará el material audiovisual a los periodistas, que tendrán que seguir la ceremonia desde los televisores de sus redacciones. Porque el espectáculo debe continuar, aunque por prudencia y seguridad haya que mantener las distancias.