La de este sábado será una de las ediciones más especiales en la historia de los Premios Goya. La trigésimo quinta velada de los Goya, dirigida y presentada por Antonio Banderas y María Casado desde el Teatro del Soho-CaixaBank, será la ceremonia de los premiados en su casa por exigencias del guión pandémico, la de los videomensajes de los amigos americanos de Banderas (De Niro, Pacino, Huppert, Stallone: el elenco es mareante), la gala que dará la espalda al humor por la sobriedad y la discreción, la que por fin dará el sitio que merecen a las mujeres cineastas infrarrepresentadísimas hasta la fecha en la gran noche del cine español... Por partes.

Las necesarias distancias

A pesar de la celebración presencial, muy reciente, de los Premios Feroz, sigo defendiendo la decisión de Banderas y la Academia de Cine: los Goya 2021 debían ser telemáticos. Apuntan los críticos la supuesta incoherencia entre manifestar que la cultura es segura y organizar una ceremonia de premios virtual: que expliquen qué tendrá que ver una función de teatro o una sesión cinematográfica, en la que el espectador se sienta en su butaca, contempla el show y abandona la sala a su término, con una fiesta con invitados (bastantes conocidos, amigos) y, por tanto, con más posibilidades de cierto relajamiento en el respeto a las normas. Los Feroz, además, se celebraron en Madrid; los Goya, en Málaga, lo que supondría un notable trasiego de nominados, acompañantes y miembros del sector desde todas partes del país... Demasiado jaleo. Finalmente, parece olvidársenos que los Goya son organizados por una institución gremial, que, por tanto, debe ser extremadamente prudente y con ánimo ejemplarizante. ¿Se imaginan las consecuencias que podría tener para una comunidad como la cinematográfica tan baqueteada en nuestro país desde el No a la guerra? Y aunque no se produjera ningún caso, ¿la que les caería a los del cine por mantener a tope el glamour, el lado festivo y alrededores en momentos tan duros como éstos? Toca apostar por las distancias, el decoro y el comedimiento en tiempos de luto. ¿Verdad, Victoria Abril?

Los amigos americanos

Pocos minutos después de que la Academia facilitase los nombres de las estrellas internacionales, casi todos ellos amigos y colaboradores de Antonio Banderas a lo largo y ancho de su carrera, que participarán en la gala a través de videomensajes grabados, Jaume Ripoll Vaquer, uno de los jefes de Filmin, tuiteó: «En el Año Berlanga, ¡Bienvenido Mr. Marshall!». Quizás sea excesiva la sorna, pero lo cierto es que Ripoll Vaquer nos lleva a un debate interesante, con bastantes preguntas que cada uno responderá a su manera: en lo que se ha denominado «la gran noche del cine español», con sus habituales discursos sobre el valor identitario e intransferible del audiovisual patrio frente a la apisonadora de blockbusters yanquis, ¿tiene cabida gente como Robert De Niro, Al Pacino, Charlize Theron, Dustin Hoffman, Emma Thompson, Sylvester Stallone, que, por muy estrellas que sean, me temo que no sabrán ni qué son los Goya ni decir 5 títulos de películas españolas? Pero, si cualquiera de nosotros tuviera la agenda, el encanto y el poder de convicción de Banderas, ¿quién renunciaría a mirar en el apartado de contactos del móvil porque señores y señoras como Benicio del Toro o Isabelle Huppert no son de los nuestros?

Cierto, una cosa son los premios y otra, el show. Banderas lo sabe a la perfección (mucho mejor que usted y que yo, seguro), y tenía claro que había que contrarrestar la ausencia de nominados con nombres de relumbrón. Supongo que también sentirá cierto miedo por que los amigos americanos acaben devorando la función y, al final, se hable más de ellos (la brillante anécdota) que de los galardonados, los verdaderos protagonistas, que, para más inri, no podrán vivir la velada de sus vidas por el maldito coronavirus.

Y la ganadora es... ¡Málaga!

Muy pocos no anticipan el claro triunfo de Las niñas, de Pilar Palomero, en bastantes de las categorías principales de los Goya. No les quepa duda, será también una victoria del Festival de Málaga, que ha pasado de brillar por su ausencia en las nominaciones de los galardones a, de unos años a esta parte, hacerse con una buena parte del pastel. ¿Que cómo lo han conseguido? Sencillo: haciéndose un nicho propio y de futuro, el de las directoras debutantes con mucho que aportar a través de historias personalísimas. Tres de las últimas cuatro Biznagas de Oro han correspondido a primeras películas de una realizadora (Verano 1993, de Carla Simón; Las distancias, de Elena Frapé, y la citada de Palomero; todas ellas, eso sí, descubiertas previamente por la Berlinale a nivel internacional). La apuesta está saliendo redonda, y el Festival de Málaga ya consolida una personalidad propia y confiable.

Málaga se prepara para los Premios Goya en plena pandemia Paula Guardián

El año de las mujeres

Tampoco nadie duda de que será la edición de las mujeres, y ya era hora. Medio centenar de féminas son candidatas en algunas de las 111 nominaciones de los galardones. Eso sí, moderen el entusiasmo: ellas siguen siendo destacadas en categorías asociadas tradicionalmente al género, como diseño de vestuario y maquillaje y peluquería. En sus 34 ediciones hasta la fecha, sólo dos mujeres, Icíar Bollaín (Te doy mis ojos) e Isabel Coixet (por partida doble: La vida secreta de las palabras y La librería) se han hecho con el cabezón a la Mejor Película. Pilar Palomero será la tercera, casi con toda probabilidad. Dos por ciento: uno, la directora de fotografía del filme, Daniela Cajías, es la primera mujer en aspirar en solitario al Goya de la categoría visual; dos, las niñas de Palomero no han sido nominadas en las categorías interpretativas porque desde 2011 los galardones del cine español impiden que se presenten candidatos menores de 16 años.

Hasta luego a los chistes

Uno de los aspectos en los que más hincapié han hecho María Casado y Antonio Banderas es en el de la búsqueda de un perfil diferente para la gala de los Goya. ¿Es que es necesario que sea conducida por un humorista más o menos gracioso? ¿Podemos hacer aquí, en España, una ceremonia que opte por la sobriedad, no sólo la impuesta por la Covid-19 sino también por una elegida, relacionada con el espectáculo que no persigue la carcajada, con mayor o menor fortuna, hasta la extenuación? La apuesta de Banderas y su equipo resulta, a priori, interesante por diferente.

Una oportunidad para conocer otro cine español

El 2020 fue el año más duro del cine español: pocos estrenos (el Goya a Mejor Película de Animación sólo tiene una nominada, La gallina Turuleca) y casi todos desde los márgenes, sin el tirón de grandes nombres delante o detrás de las cámaras. Ojalá se aproveche la oportunidad y a los espectadores televisivos les pique la curiosidad por títulos como Las niñas que, quizás si hubieran tenido competencia con Almodóvar, Amenábar, De la Iglesia et al, pasarían desapercibidas por la gala. Hoy, qué bien, son protagonistas, atraen los flashes, copan las secciones de cultura de los medios.

Una noche de resistencia

Antes de que se abriera el turno de preguntas en la rueda de prensa para presentar los Goya, el propio Banderas se preguntó y se respondió lo que sabía que terminaría cayendo: «¿Que por qué la gala este año? Existe una voluntad inherente en el ser humano de vivir. Y vivir también es llevar a cabo todos los rituales que forman parte de nuestra existencia, una especie de forma de resistencia». Reconocer el trabajo de los cineastas en tiempos tan complejos como los de la Covid-19 será, pues, esa forma de resistencia de una comunidad, la del audiovisual, especialmente castigada por el virus. La fiesta del cine español no será una fiesta, no habrá abrazos, la emoción será menos espectacular, más doméstica, como están resultando las vidas de todos desde el año pasado. A la eterna pregunta de si el cine es más grande que la vida, Antonio Banderas y María Casado quieren responder con una ceremonia emocionante, pequeña, artesanal y discreta que diga: «El cine es la vida».