Escrita por George Gissing y publicada en la Inglaterra de 1893, Mujeres singulares (The Odd Women) constituye un valioso retrato del pulso intelectual entre los convencionalismos arcaicos de la moral victoriana y la irrupción de un nuevo tiempo y un nuevo pensamiento modernizador que, en justicia, contribuirán a fortalecer la causa feminista en favor de la liberación de la mujer y la igualdad de género.

«La mujer debe dedicarse al hogar. Desgraciadamente, hay muchas chicas que tienen que salir a ganarse la vida, pero eso no es natural, no es más que una necesidad que la civilización avanzada terminará por abolir», le dice Edmund Widdowson, representante en la novela del viejo conservadurismo victoriano, a la joven Monica Madden, con la que termina casándose.

Como contrapunto, Gissing, inspirado probablemente en el discurso de grandes activistas inglesas de la época como Jessie Boucherett, Adelaine Anne Procter o Barbara Bodichon, recurre en la ficción a dos mujeres solteras, Mary Barfoot y Rhoda Nunn, para, rebelándose contra el papel reservado a las mujeres, construir un precoz argumentario feminista a través de charlas deliciosas en sus sesiones con otras jóvenes a las que enseñan labores de secretaría.

«Hay que educar a las niñas para que tengan una misión en la vida, como ocurre con los hombres. (…) Las mujeres deberían tener el mismo abanico de posibilidades», defiende Mary Barfoot para contradecir a su primo Everard. «Soy una persona revolucionaria, agresiva y luchadora. (…) Tengo muy claro que eso solo puede conseguirse mediante un movimiento armado, una invasión por parte de las mujeres a las esferas en las que los hombres siempre les han prohibido entrar», proclama en otro pasaje.

La novela, que coloca a la institución del matrimonio en el centro de la reflexión, se apoya en una trama que envuelve al lector en las vicisitudes amorosas de sus protagonistas para, en realidad, despertar su sentido crítico y mostrarle los cimientos de toda una revolución en ciernes llamada a transformar la sociedad.

En algunas de las digresiones que contiene la novela ya se concibe la formación como eje del cambio que habría de hacer libres a las mujeres: «Cuando cambie el tipo de educación femenina, cuando se eduque a las niñas para que tengan un objetivo definido, las que de verdad tengan que quedarse en casa cumplirán con su tarea con un ánimo diferente. Se tomarán el trabajo de casa en serio en vez de verlo como una desagradable obligación o como una forma de matar el tiempo hasta que lleguen las ofertas de matrimonio», afirma una de las protagonistas.

Mujeres singulares incide también en las relaciones vigentes de poder y de dependencia económica. «Las mujeres, jóvenes o viejas, jamás tendrían que pensar en el dinero», le dice el doctor Madden a su hija Alice. «Hay que dejar que los hombres manejen el mundo porque, como dice el viejo himno, lo llevan en la sangre», apostilla incluso.

Este mensaje, grabado a fuego en la vetusta mentalidad victoriana, es rebatido con ironía en otro momento de la trama por la señorita Barfoot: «Os dirán que al entrar en el mundo comercial no solo traicionáis a vuestro sexo, sino que causáis un perjuicio terrible al incontable número de hombres que luchan duramente por ganarse el pan. Reducís los salarios, presionáis un campo ya sobresaturado, perjudicáis a los miembros de vuestro sexo imponiendo que los hombres se casen, esos hombres que si ganaran lo suficiente podrían mantener a sus esposas».

La obra aporta, por tanto, una radiografía precisa del lugar que en la sociedad ocupaba la mujer en los estertores de la época victoriana. Influido por el naturalismo francés de Zola y heredero de exponentes de la novela inglesa como Dickens, Gissing se interesa por los problemas sociales y se preocupa de dar voz a los oprimidos.

Todavía hoy no existe consenso entre los críticos sobre si esta novela nos revela un Gissing feminista o, en realidad, antifeminista. Pero lo cierto es que el valor de Mujeres singulares, más allá del talento literario, reposa en gran medida en la reflexión de carácter moral a la que invita y en la aproximación descarnada a las grandes cuestiones que vendrían a ocupar y preocupar más tarde al feminismo como movimiento.