La arqueología cultural con perspectiva de género es una herramienta fundamental para que, por fin, nos contemos la historia desde una mirada completa y justa. De ahí que la labor del investigador y redactor gráfico de Diario Córdoba A.J. González, plasmada en el libro Andaluzas tras la cámara. Fotógrafas en Andalucía 1844-1939, sea una pieza indispensable para recomponer un puzzle al que le faltaban muchas piezas. El libro, editado por el Centro Andaluz de Fotografía, recopila el nombre y las fotografías de un centenar de fotógrafas activas en la comunidad durante el primer siglo de vida del invento de Niepce y Daguerre, con dos pioneras malagueñas, Joaquina Mayor Baro y Sabina Muchart, mujeres que no sólo fueron madres, esposas o hijas, sino también cronistas visuales del tiempo que les tocó vivir y retratistas de las personas que lo habitar.

Joaquina Mayor Baro

La mayor parte de las mujeres que se adentraron en la fotografía profesional en el siglo XIX y en los primeros años del XX, solían ser familiares de fotógrafos (viudas, hijas o hermanas) y, además, en su documentación figura como profesión las consabidas siglas SL, o sea, sus labores. Una de ellas fue Joaquina Mayor Baro, una malagueña casada con el fotógrafo Enrique Lorichon, prestigioso retratista de la burguesía catalana que recaló en la capital de la Costa del Sol y montó un estudio para aprovechar el floreciente negocio (sólo había entonces, en 1854, un local de fotografía profesional en la ciudad. Se estableció en diversas calles: Boquete del Muelle, San Juan de Dios y, finalmente, en Calderería. Pero Lorichon falleció repentinamente, por una tuberculosis, y Joaquina, que ya le venía ayudando en el trabajo, decidió seguir adelante con la empresa familiar. Se anunciaba en la prensa de la época con la marca Viuda de Lorichon, una fórmula muy común durante todo el siglo XIX, según la investigación de González: «Se pretendía mantener la marca fotográfica de los maridos como estrategia comercial, pero también se mantenía oculto su papel profesional, empresarial y creativo de la mujer». Madama Lorichon, como también se hacía llamar (su marido, en realidad, había nacido en Francia), sólo duró cuatro años en la actividad profesional: traspasó su estudio al fotógrafo francés Edmundo Melchor; poco después se hizo con el local Joaquín Sánchez.

Nada más se sabe de Joaquina, como de otras pioneras de la fotografía en nuestra ciudad como Luisa Dorave, con gabinete en número 10 de Casapalma según una guía del año 1866 pero de cuyo trabajo no hay constancia gráfica alguna.

Tarjeta comercial de Joaquina Mayor Baro, o sea, Viuda de Lorichon.

Sabina Muchart

Bastante más información aparece sobre esta catalana que llegó a Málaga siendo una niña. Según los expertos, Muchart fue probablemente la fotógrafa más destacada de España en los inicios de la fotografía, pese a que hasta hace poco más de una década se daba por supuesto que era una mujer: firmaba todos sus trabajos (y su estudio) como S. Muchart y, como siempre, en su documentación aparecía ese SL (sí figuraba en la de su hermano Francisco la profesión de fotógrafo). Convirtió su devoción por la fotografía en profesión y, ojo, abrió su propio local en la Plaza de la Constitución en 1887. Además, colaboraba con frecuencia con revistas y periódicos, donde mostró su ímpetu e instinto. Por ejemplo, Sabina es la responsable de la primera fotografía profesional de guerra conocida en nuestro país: cruzó en barco el Mar Mediterráneo hasta Melilla y allí inmortalizó a un grupo de soldados frente a la entrada del fuerte del Rostrogordo perteneciente al Protectorado español de Marruecos que estaba inmerso en la Guerra del Rif. En 1900 también inmortalizó el hundimiento del buque-escuela alemán Gneisenau, un hecho trascendental en la historia malagueña reciente. Publicó reportajes fotográficos de crónicas taurinas (dicen que llama mucho la atención la «proximidad» con la lidia con la que están tomadas las instantáneas) y también series de estampas monumentales de Málaga en revistas como La Ilustración Hispano-Americana y Alrededor del Mundo. Murió a los 70 años, en 1929.

Matilde Rey Muro

Ojo al requiebro de la historia. ¿Saben quién fue el gran competidor de Sabina Muchart? Manuel Rey, que tras arrasar con su estudio en la calle Comedias, amplió negocio en la calle Comedias, abriendo en la Plaza de la Constitución el local M. Rey Fotógrafo. Fernández Rivero, gran historiador de los inicios de la fotografía en nuestro país, escribió esto: «En toda la documentación que he podido examinar de este fotógrafo se nota un especial interés en aparecer como ‘M. Rey’… Una explicación de este pequeño enigma podría venir dada por el hecho de que su hermana Matilde compartía el oficio con Manuel. … cuando M. Rey abre un nuevo estudio, en la plaza de la Constitución, parece que la encargada del mismo es Matilde». Así que parece que, sí, a finales del siglo XIX dos mujeres, Sabina Muchart y Matilde Rey Muro, ocultas tras la inicia del nombre que denotaba su género y con el SS en su documento de identidad, se disputaban el negocio de la fotografía comercial en pleno corazón de la capital. No, definitivamente, la historia no es cómo nos la han contado hasta ahora.