Historia viva de la música histórica, Jordi Savall (Igualada, 1941) capitanea el cartel del nuevo ciclo del Teatro Cervantes, Aeternum. Músicas Sacras del Mundo. El maestro de la viola de gamba ofrecerá un programa que simboliza «todo el espíritu del Renacimiento y del primer Barroco, compartido por toda Europa, se concentra en estas piezas en las que han dejado huella eterna las musas más inspiradas y conmovedoras».

Y lo hará a través de piezas de John Dowland, Anthony Holborne, Marc-Antoine Charpentier, Henry Purcell, Pedro de San Lorenzo, Francisco Correa de Arauxo y Joan Cabanilles, entre otros. Un programa que, en palabras de Savall, «quiere ser también un homenaje a todos aquellos músicos-poetas profundamente convencidos de que con la música era posible incitar el alma a la audacia y la fuerza, la generosidad y bondad, rasgos todos ellos que ennoblecen la buena organización de los pueblos». Un mensaje, desde luego, especialmente pertinente en estos tiempos de preocupación íntima, incertidumbre social y luchas políticas en medio de una pandemia atemorizante.

Charlamos con Savall, violagambista, director de orquesta y musicólogo español, sobre la pandemia, sus secuelas en el mundo de la música y la importancia del público.

A finales del año 2020 usted pasó la covid-19. ¿Cómo se siente?

Ahora me encuentro bien, pero tuve muchos días en los que casi no tenía fuerzas y estuve más de 15 días inactivo. Me costó recuperar la forma física, aunque ya puedo decir que estoy curado.

¿Cómo ha vivido una experiencia así?

Agradecido, porque pude volver de Polonia, donde teníamos un concierto, y al llegar a casa me lo detectaron. Me ha tratado bien porque no he tenido síntomas graves. Estaba preocupado porque no sabía las consecuencias, pero he mantenido una buena moral. Me considero una persona con suerte porque no he estado en peligro en ningún momento.

¿Cómo cree que está afectando la pandemia al mundo musical?

Todo esto es una catástrofe, sobre todo para el mundo musical independiente. Las orquestas que tienen subvenciones no tocan, pero siguen cobrando su sueldo. Yo, en cambio, llevo siete meses parado y con todos los conciertos anulados. Muchísimos músicos viven de esto y ahora no están recibiendo ninguna retribución. Obviamente nos afecta a todos, igual que a un restaurante o una peluquería, pero sobre todo a los autónomos.

Habitualmente usted ofrece muchísimos conciertos año y ahora se ha visto obligado a parar.

He tenido mucho tiempo para reflexionar y disfrutar de la familia. El futuro me preocupa y me ha servido para pensar en cómo quiero que sean los siguientes años. Gracias al Proyecto Beethoven he podido acabar lo que tenía pendiente, así que ha sido productivo. Es importante ser constante a pesar de la situación actual.

En 2014 rechazó el Premio Nacional de Música. ¿Lo volvería a hacer?

[Ríe] Me lo pensaría, porque es mucho dinero. A pesar de ello, las circunstancias no han cambiado. El Estado y el Ministerio de Cultura no se ocupan de la cultura como deberían. La cantidad de recursos que se dedican a la música histórica es irrisoria. Es un problema que toda la financiación vaya a los grandes grupos como las orquestas sinfónicas o los teatros de ópera y no a los autónomos. No tenemos ayudas dignas.

¿Cuán importante es el público?

Muy importante. He trabajado haciendo grabaciones en las que el público no está presente, pero poder tocar ante la gente es algo maravilloso porque estás en contacto con las emociones de todos ellos. Ahora tenemos que imaginar diferentes opciones como los conciertos virtuales, que a lo mejor de cara al futuro debemos tenerlo en cuenta.