Con lógica expectación –pues pronto se cumplirán 20 años desde que comenzamos las primeras investigaciones sobre las biografías de los Gálvez de Macharaviaya, y en especial la de Don Bernardo– he acometido la lectura de 'Bernardo de Gálvez. Un héroe español en la Guerra de la Independencia de EEUU de Norteamérica' de Gonzalo M. Quintero Saravia (Alianza Editorial), libro de 734 páginas, de las que 422 corresponden al texto. Las restantes son apéndices, bibliografía y agradecimientos. Y además 2200 notas.

Este trabajo es una edición corregida y aumentada de la tesis doctoral del autor, finalizada el año 2015, que fue dirigida por Sylvia Hilton, catedrática de Historia de América en la Complutense, que por cierto fue invitada a impartir una conferencia en Málaga sobre Bernardo de Gálvez el día 30 de noviembre del año 2012. Tuvo entonces ocasión de conocer personal, directa y ampliamente las actividades ya realizadas por la Asociación Bernardo de Gálvez, sobre las que luego hablaremos. La tesis referida, con sus 1.000 páginas -829 de texto y el resto de fuentes y bibliografía, y además 1100 notas- resulta una obra igualmente muy meritoria, y tan extensa que a no dudar habrá exigido muchas horas de estudio y de archivos.   

Portada de la obra.

Hemos leído el libro con reposada fruición, como hicimos con la tesis, y podemos afirmar que se trata de un gran estudio biográfico, fruto de un intenso y prolijo trabajo. Es pues muy recomendable su lectura para quienes se interesan en la vida de tan gran héroe y del tiempo y las circunstancias en los que se encaja la trayectoria de Bernardo de Gálvez. Lo cual no quita para que discrepemos de algunas de observaciones o juicios que hace el autor sobre la vida, el carácter o las circunstancias que rodearon la trayectoria de tan excepcional español, un hombre cabal que dio sobradas muestras de su preparación, su inteligencia, su heroísmo y, por supuesto, su noble ambición, y que además estuvo adornado de singulares virtudes humanas. Pero todas las opiniones son respetables.

Para comenzar nos resulta llamativa la afirmación de que Bernardo de Gálvez naciera en un “clan” más que en una familia. Respecto a su segundo apellido es oportuno insistir en que era Gallardo y no Madrid. El texto de la partida de bautismo es irrebatible, y el autor del libro la transcribe en una nota de su tesis, pero en el texto cita Madrid. Un pequeño despiste. Sin embargo no es correcta la afirmación de que Matías era “jornalero”. La familia Gálvez era de larga y demostrada ascendencia hidalga, con privilegios como tener blasón y un banco reservado en la iglesia, al ser “hidalgos notorios”. Como esto mismo se cita en este libro, resulta obvio que hay una clara disfunción. La familia Gálvez poseía ganado y tierras, lo que no es óbice para que las cultivaran personalmente. Pero no eran jornaleros.

En este libro se aprecian contradicciones y errores, cosa nada extraña en cualquiera que escriba, como es nuestro propio caso. Y es que siempre ha de tenerse en cuenta el lema que presidió los inicios de la Royal Society de Londres: nullius in verba. Pero no se comprende la ausencia de referencias al extraordinariamente valioso epistolario de Bernardo, Matías, José y Miguel, conservado en el Archivo Saavedra, que constituye una fuente de altísimo valor para comprender el carácter y la trayectoria de tan ilustres personajes.

Llama igualmente la atención que en el libro se publique el falso retrato de Don Matías existente en el Museo de América, falsedad que fue descubierta y demostrada el año 2016 por la investigadora Soledad Cid en un artículo publicado en la Revista de Historia Militar. Y lo mismo cabe decir de los dos óleos existentes en México, que muestran rostros con amenazante ademán y ceja levantada, totalmente ajenos a su verdadera imagen de Don Matías, al que un gran mexicano, Artemio de Valle-Arizpe definió con la frase Sobre todo, bondad. Que sepamos solo existe un buen y fiel retrato del padre de Bernardo: el que fue grabado por Suría, del que se conserva un ejemplar en la Biblioteca Nacional de España. Y estamos a la espera de quizá poder localizar pronto algún otro más…

Grabado de Matías de Gálvez, realizado en México por Tomás Suría.

Sobre el retrato que se reproduce en la cubierta de este libro resulta oportuno señalar que también lo publicó quien suscribe –igualmente con permiso del INAHM- como portada de nuestro libro Bernardo de Gálvez. In memoriam, editado el año 2009. El primero de los documentos contenidos en este citado libro es el manuscrito original de la Noticia y reflexiones sobre la guerra contra los apaches, que el año 2008 tuvimos en nuestras manos en la Biblioteca Nacional de México.

Documento sobre la guerra contra los apaches.

El citado y magnífico retrato ecuestre lo había reproducido años antes Villalpando como portada de su novela El Virrey, obra casi aceptable para difundir la trayectoria de los Gálvez, pero tan absolutamente sobrada de fabulaciones y de venenos como falta de análisis profundos de las fuentes en las que bebió. A un novelista eso se le puede perdonar... pero su obra no puede tomarse como una fuente fiable.   

Los dos frailes que realizaron tan primorosa obra de arte en realidad reprodujeron una estampa, de la que se conserva una en el Museo Histórico de Madrid, número de inventario 4564, que representa al príncipe Carlos Antonio, futuro rey Carlos IV. Fue dibujada por Manuel Muñoz y grabada por Juan Antonio Salvador en el año 1781, probablemente utilizando un diseño previo de Carnicero. El rostro no es pues de Gálvez sino del citado príncipe.

El futuro rey Carlos IV y no Bernardo de Gálvez.

Y, tratándose de imágenes, oportuno resulta citar que en el Museo del Prado existe un retrato al óleo de Miguel de Gálvez y Saint Maxent, de autor desconocido, fechado hacia 1795. También debe reseñarse el gran óleo de Miguel de Gálvez y Gallardo, tío de Bernardo, que se conserva en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, y que dimos a conocer en la revista Péndulo. Este otro Gálvez tuvo una importantísima trayectoria, prácticamente olvidada, recuperada por nuestro particular amigo Iván Lázaro Urdiales. Sobre Miguel de Gálvez esperamos poder volver pronto gracias a la decidida e importante ayuda de Juan Carlos Domínguez Nafría, ilustre numerario de la citada Real Academia. 

Retrato de Miguel de Gálvez y Saint Maxent en el Museo del Prado.

En México existen al menos otros dos retratos de Don Bernardo, uno de ellos pintado al natural por Alfaro, en el que destaca sobremanera su abultado vientre, claro síntoma del padecimiento que sufrió durante los últimos nueve años de su vida, circunstancia aún ignorada por muchos, que fue la causa de su fallecimiento, y sin la cual no pueden comprenderse muchas de las decisiones y episodios de su vida, que justifican plenamente su bondadoso carácter y su actitud y sensibilidad ante los padecimientos del prójimo.

Retrato de Bernardo de Gálvez por Alfaro, con el bergantín Galveztown al fondo.

Es muy de agradecer que Quintero Saravia asuma en su tesis el criterio ya expuesto por quien esto escribe sobre la verdadera causa de la muerte de Bernardo de Gálvez: la enfermedad intestinal provocada por una ameba, que dictaminaron el año 2006 nuestros ilustres amigos granadinos el doctor Piédrola Angulo y la doctora Maroto Vela.

Y, respecto a los óleos, ojalá pronto podamos hablar del retrato de Nápoles, y del retrato de Nueva York, y del otro retrato de Nueva York, y del retrato de Cádiz… y quizá de alguno más.

Hay aún algunos otros importantes datos a los que debemos referirnos: la documentación existente en los archivos militares franceses del Château de Vincennes, que nos facilitó consiguió Jean Renè Aymes, cuya reciente pérdida lamentamos. En ello se implicó decididamente José María Espinosa de los Monteros, presidente del Foro para el estudio de la Historia Militar de España.

Y no pueden olvidarse las notables aportaciones de José Alberto Ruiz de Oña, que ha dado a conocer un acertado análisis del Juicio de Residencia de Don Matías, y de Alfonso Vázquez, que ha estudiado detenidamente los Bandos de Bernardo de Gálvez. Por último, los libros y artículos publicados por Carlos Cólogan Soriano, del que esperamos muy pronto vea la luz un importantísimo trabajo sobre Matías de Gálvez. Consultándolos se constata que Bernardo de Gálvez vivió siete años en La Orotava-Puerto de la Cruz.

Y también resulta obligado citar la documentación –breve pero enjundiosa – que se guarda en archivo de la Real Sociedad Económica de Tenerife, en la que conseguimos hace ya bastantes años una extensa carta escrita por Don Bernardo y también el acta que describe el experimento del globo aerostático realizado en el río Manzanares. Entre los asistentes estuvo Agustín de Betancourt, que fue uno de los firmantes del acta.

En una obra tan exhaustiva como la de Quintero Saravia se echa igualmente de menos el monumental fondo Cólogan, depositado en el Archivo Histórico Provincial de Tenerife. Los tres citados estudiosos: Espinosa, Cólogan y Ruiz de Oña han merecido el Premio Bernardo de Gálvez en reconocimiento a sus destacados méritos.  

Por cuanto, a título de ejemplo, hemos dejado expuesto, resulta oportuno y aun necesario dejar ahora de reseñar el libro de Quintero Saravia para centrarnos seguidamente en un hecho íntimamente relacionado con el gran personaje que lo motiva, y que no ha quedado recogido en el libro.

Es momento pues de recordar que Francisco Cabrera y quien suscribe, a partir del año 2001, comenzamos a profundizar en tan insigne figura auspiciados por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. Cinco años después, pertrechados ya de un amplio acervo documental, en gran parte antes no conocido o apenas divulgado, la Academia aprobó el 31 de marzo del año 2006 nuestra propuesta de acometer un conjunto de iniciativas sobre los Gálvez, al tiempo que proseguíamos nuestras investigaciones y continuábamos difundiendo –gratis et amore– la biografía de Bernardo de Gálvez, porque ese era el deber que voluntariamente nos impusimos.

Posteriormente, junto con un pequeño grupo de malagueños, el 1.º de mayo de 2008 fundamos la Asociación Bernardo de Gálvez, lo que imprimió un nuevo y poderoso impulso a las citadas tareas de investigar y difundir. Dicho esto, no podemos dejar de agradecer las palabras que Quintero Saravia dedica a la labor realizada por la Asociación, labor que aún continua y cuyos resultados pueden verse en nuestras publicaciones y en nuestra web www.yosolo.org. Cabe recordar que nuestra Asociación es una entidad sin ánimo de lucro.

Consecuencia de tan apasionante tarea han sido unas 50 conferencias sobre los Gálvez y más de 40 textos impresos entre libros y artículos, bastantes de ellos publicados en la revista Péndulo. La mayor parte de tales publicaciones pueden descargarse en la ya citada web de la Asociación, en la web del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales, editor de la revista Péndulo: www.copitima.com, en la base de datos Dialnet, de la universidad de La Rioja y en los Anuarios 2006 a 2015 –primera época- de la citada Academia, cuya web es: www.realacademiasantelmo.org.

Obligado resulta pues referirnos seguidamente al mayor éxito conseguido por la Asociación, y que fue la clave para que tanto en España como en Estados Unidos comenzara a recuperarse la egregia figura de Bernardo de Gálvez. Veamos ahora cómo se originó esta apasionante iniciativa. Nuestras investigaciones en el Archivo de Indias, que aun continuamos realizando, dieron lugar en el año 2008 a la localización de un singular documento, escrito en francés y fechado en diciembre de 1779.

Se trataba de una petición de Oliver Pollock a Bernardo de Gálvez para que permitiera que se le pintara un retrato, al objeto de enviarlo al Congreso de Estados Unidos, y que allí quedara colgado en agradecimiento por la importante ayuda que Gálvez, en nombre de España, estaba prestando a los patriotas norteamericanos que luchaban por su independencia.

Pollock era representante del Congreso en Luisiana, y participó junto con un pequeño número de patriotas norteamericanos en la victoriosa campaña del Misisipí, que terminó arrebatando a los ingleses Manchac, Baton Rouge y Natchez.

En el año 2009, prosiguiendo nuestras investigaciones, logramos hallar en los Archivos Nacionales de Estados Unidos otros dos escritos de extraordinaria importancia: uno de Oliver Pollock, fechado el 8 de mayo de 1783, solicitando que se colgara en el Congreso el retrato de Don Bernardo, que entregó en ese día. Y en el otro, firmado el siguiente 9 de mayo, en el que el Elías Boudinot presidente del Congreso, comunicaba a Pollock que se había aprobado su petición, y que el retrato quedaría allí colgado.

Todo ello fue publicado por quien suscribe el año 2010 en la revista Péndulo. Pero este artículo, ampliamente difundido, no produjo consecuencia alguna. Nadie se interesó por un asunto que obviamente suponía una gran incógnita… y un gran reto.

Pero tres años más tarde, en enero de 2013, localizamos en el Archivo Histórico del Ayuntamiento de Madrid un entremés escrito en 1766 por Bernardo de Gálvez, que entonces tenía 20 años. Este hallazgo motivó un artículo publicado el siguiente 3 de marzo en el diario Sur por la periodista Regina Sotorrío. En él se citaba que colgar el retrato de Bernardo de Gálvez era una deuda pendiente de Estados Unidos.

Un día después Teresa Valcarce tuvo conocimiento de tan interesante asunto gracias a su madre, que desde Ferrol le envió por correo electrónico la precitada noticia. De inmediato Teresa se puso en contacto con quien esto escribe … y ese fue el origen de que comenzara sus gestiones en Washington para que el Congreso norteamericano cumpliera el acuerdo que había tomado hacía 230 años. Para ello Teresa recurrió a su representante el congresista Chris Van Hollen, que le prestó su decidido apoyo. 

Pero tras diversos trámites Teresa Valcarce atendió el consejo de recurrir al senador Robert Menéndez, líder de la mayoría Demócrata en el Senado norteamericano, que convencido con los argumentos aportados por Teresa hizo suyo el reto y decidió apoyarlo incondicionalmente.

Teresa Valcarce con el senador Robert Menéndez.

Ante la evidencia de que el retrato que Pollock presentó el año 1783 no se encontraba inventariado entre los fondos artísticos del Congreso (cuestión sobre la que en otro momento hablaremos) la Asociación Bernardo de Gálvez planteó a la familia De Haya Gálvez la posibilidad de realizar una copia del gran retrato de Don Bernardo, cuya autoría se atribuye a Mariano Salvador Maella, y del que la citada familia era y continúa siendo propietaria.

Gracias a la iniciativa de Alfonso Vázquez, periodista de La Opinión, la Asociación solicitó al pintor malagueño Carlos Monserrate que reprodujera el precitado retrato de Bernardo de Gálvez, a lo que el pintor malagueño accedió gustosamente y lo realizó sin percibir remuneración alguna por su trabajo. Terminado este óleo, el día 4 de junio de 2014, Elías Bendodo, por entonces presidente de la Diputación de Málaga, lo entregó personalmente a Teresa Valcarce en la embajada de España en Washington.

Elías Bendodo, Robert Menéndez y Teresa Valcarce.

Pocos días más tarde, en reconocimiento y agradecimiento a la inteligente e intensa tarea que Teresa estaba desarrollando para lograr el objetivo perseguido, la Asociación la nombró su embajadora en Washington, y le concedió el Premio Bernardo de Gálvez, que le fue entregado en Málaga el día 11 de julio del año 2014.

Tal relevancia alcanzó en Estados Unidos la tenaz labor de Teresa Valcarce que, como muestra, debe recordarse por muy significativo el artículo que Manuel Roig Francia publicó en The Washington Post, en el que llamó a Teresa The lady of portrait. Por fin, tras superar numerosos obstáculos y trámites, el óleo de Monserrate representando a Bernardo de Gálvez quedó colgado en el Capitolio el día 9 de diciembre del año 2014, en la sala donde se reúne el Comité de Asuntos Exteriores del Congreso norteamericano, junto al retrato del presidente Eisenhower.

Menéndez y políticos malagueños ante el retrato de Bernardo de Gálvez en el Capitolio.

Menéndez y políticos malagueños ante el retrato de Bernardo de Gálvez en el Capitolio.

Huelga señalar la gran repercusión que tal acontecimiento tuvo tanto en España como en Estados Unidos. Gracias a ese retrato la insigne figura de Bernardo de Gálvez constituye hoy un hito extraordinariamente importante no solo en la historia de ambas naciones sino también para las relaciones de todo tipo que nos unen.

A la vista de cuanto hemos expuesto extraña no encontrar que ni en la tesis ni en el libro en cuestión cita alguna sobre Teresa Valcarce Graciani, ni tampoco la menor referencia a todo lo relacionado con el retrato, lo que contrasta con múltiples y diversas cuestiones contenidas en el libro que quizá podrían calificarse como un poco accesorias, como por ejemplo el párrafo que dedica Quintero Saravia a describir pormenorizadamente los objetos – óleos, dioramas, hebillas de zapatos, insignias de solapa, anillos, cazos, jarras, copas, tazones …– que se pusieron de moda tras el triunfo conseguido por los británicos contra la armada francesa en la primavera del año 1782 en la batalla naval de Los Santos.

Estimamos fuera de toda duda que la causa de que hoy haya un gran número de nuevos admiradores de Bernardo de Gálvez que divulgan su biografía – lo que nos llena de alegría y de satisfacción- está en la gran difusión que tuvo colgar su retrato en el Capitolio. Y eso fue una iniciativa nacida en España, desarrollada por españoles… y apoyada por muchos norteamericanos. Y, por supuesto, con el entusiasta respaldo de nuestros socios y de miles de incondicionales seguidores de nuestros afanes. 

Tampoco podemos dejar de mencionar el incondicional respaldo de dos importantes instituciones, conocidas por los acrónimos DAR y SAR, es decir las Hijas y los Hijos de la Revolución Americana, que prestaron un extraordinario apoyo a Teresa, y muy en especial cuando se produjo un inexplicable e insólito episodio, sobre el que por el momento no merece la pena extenderse.

Y lo mismo cabe decir de los Granaderos y Damas de Gálvez, que el 10 de octubre de 2015 entregaron a Teresa un artístico diploma con unas sentidas frases encomiando su tenaz determinación y alabando el gran triunfo logrado.

Buena demostración de lo expuesto, y resulta oportuno recordarlo, es que el 17 de enero del año 2014, cuando el Senado exigió que la iniciativa por la que Teresa luchaba tan denodadamente fuese respaldada por 300.000 firmas, desde Washington y desde Málaga Teresa Valcarce y la Asociación Bernardo de Gálvez lograron reunir casi 4.300.000 adhesiones en unas 22 horas.

Y debemos igualmente resaltar el decidido respaldo de dos instituciones malagueñas: el Ayuntamiento y la Diputación, que han apoyado con firmeza la recuperación de los Gálvez y que continuarán haciéndolo conscientes de que es un deber institucional y un merecido tributo a tan excepcionales hijos de Málaga.

Sin embargo, Gonzalo Quintero Saravia cita en su libro (y en una sucinta nota de la agencia EFE en su tesis) la noticia producida una semana después de ser colgado el retrato en el Capitolio: que el 16 de diciembre a Bernardo de Gálvez se le concedió el título de Ciudadano Honorario de Estados Unidos. Esta era una iniciativa norteamericana, planteada por el congresista por Florida Jeff Miller, y que pasados siete años desde que fuera presentada en el Congreso no había logrado la meta perseguida. Como el propio congresista Miller afirmó en la prestigiosa revista Roll Call, sin el éxito alcanzado por el tesón y la inteligencia de Teresa Valcarce el citado nombramiento no hubiera podido aprobarse.

Conviene recordar que Gonzalo Quintero Saravia ocupó un puesto de consejero de la embajada de España en Washington durante el proceso que Teresa Valcarce lideró con entusiasmo y tesón hasta culminar con éxito el gran reto.

Es justo dejar constancia y agradecer que en su tesis y en su libro Quintero cite varias de nuestras publicaciones y se refiera elogiosamente a la labor de la Asociación Bernardo de Gálvez. Es más: el autor y quien esto escribe participaron con sendos capítulos, junto con otros autores, en un gran libro que coordinó José Manuel Guerrero Acosta, que fue editado por el ministerio de Defensa en diciembre del año 2015 y en el que por supuesto dedicamos suficiente espacio al asunto del retrato y a la concesión de la Ciudadanía Honoraria, resaltando el gran éxito logrado por Teresa.

Y también ambos, junto con otras numerosas personas, fuimos entrevistados en un magnífico documental que con el título Bernardo de Gálvez. Un legado vivo, fue dirigido por Eterio Ortega y rodado para Canal Sur en el año 2014, antes de que el retrato se colgara en el Capitolio. Esta iniciativa fue el feliz resultado de una conversación que Teresa Valcarce mantuvo en Washington con Jesús Bores, que junto a Ignacio Gallego fueron responsables de su producción. Hoy el vídeo, cuyo título es Un legado vivo, puede verse en YouTube.

Consecuentemente, la publicación del libro de Quintero Saravia nos da pie a que cumplamos muy gustosamente lo consideramos que ahora es nuestro deber: insistir en el extraordinaria éxito alcanzado por una gran mujer española y el trabajo de investigación y difusión de la Asociación Bernardo de Gálvez, claves del gran homenaje que supuso para él y para nuestra Nación que su retrato se colgase en el Capitolio 230 años después de su fallecimiento.

Tampoco encontramos explicación a que en el libro se omita la decisiva intervención que tuvo el senador Menéndez, al que la Asociación reconoció oportuna y efusivamente sus esfuerzos por la causa, ni se mencione al congresista Van Hollen y sobre todo al representante de Florida en el Congreso Jeff Miller, promotor junto con las Hijas de la Revolución de Pensacola de la Ciudadanía Honoraria para Bernardo de Gálvez.

El retrato en el Capitolio abrió un ancho camino para la recuperación de una importantísima figura de España, que fue un gran héroe y una persona cabal, fiel servidor de su Nación y de la Corona. Pero tan egregio personaje, hasta entonces, o estaba prácticamente olvidado o era un casi absoluto desconocido.

Evidente, irrebatible y penosa muestra de ello es el simposio que se celebró en Washington durante los días 27, 28 y 29 de septiembre del año 2007 con el título La contribución española a la independencia de los Estados Unidos: entre la reforma y la revolución. Resulta asombroso que, en el programa de este simposio, que se adjunta a este texto, no apareciera el nombre de Bernardo de Gálvez.

Portada del Simposio de 2007 en el que no se habló de Bernardo de Gálvez.

En este hecho hay una paradoja aún mayor, porque la única estatua de Don Bernardo entonces existente en el mundo, debida al escultor Juan de Ávalos, estaba (y sigue estando) en Washington, y fue inaugurada por S.M. El Rey Don Juan Carlos I el día 3 de junio del año de 1976. Fue el obsequio de España a Estados Unidos al cumplirse el bicentenario de la Revolución Americana. Sin comentarios.  

Pero hay más. El día 10 de enero de 2014, meses antes de que el retrato se colgara, al senador Menéndez, a propuesta del ministro de Asuntos Exteriores, se le concedió la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, que le fue impuesta al siguiente día 13, si no recordamos mal, en un acto celebrado en la embajada de España en Washington.

Posteriormente, el día 3 de marzo del año 2015, el senador Menéndez recibió el galardón Bernardo de Gálvez, distinción que concede el Consejo España-Estados Unidos. El acto se celebró en la embajada de España en Washington, y fue presidido por S.M. El Rey, que al destacar la trayectoria de Menéndez dijo: Y de hecho es muy revelador que una de sus últimas iniciativas como presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores haya sido colgar el retrato de Bernardo de Gálvez en el Senado pocos días antes de que el Congreso lo declarara ciudadano honorario de Estados Unidos. Por supuesto S.M. El Rey también felicitó a Teresa Valcarce por haber logrado culminar con éxito tan importante iniciativa.

Lógicamente nuestra Asociación esperaba que, cuando el retrato de Don Bernardo quedara colgado, Teresa recibiría algún reconocimiento por su excepcional labor. Pasados dos años, como no se había producido, la Asociación se dirigió en enero de 2017 al entonces responsable de proponer las distinciones que concede S.M. El Rey a propuesta del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, rogándole que fuera premiado el singular mérito de Teresa Valcarce Graciani. En octubre de ese mismo año 2017 Teresa recibió una carta en la que se decía:

"Tengo el placer de comunicarte que el Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación ha tenido a bien concederte, en nombre de Su Majestad El Rey Don Felipe VI, la Encomienda del Mérito Civil, cuyo objeto es premiar los méritos de aquellos ciudadanos que han prestado relevantes servicios al Estado, como es tu caso. En estos últimos años has realizado una encomiable labor para que la figura de Bernardo de Gálvez –héroe de la Independencia norteamericana- fuera reconocida como merecía y como el propio Congreso de los Estados Unidos había decidido en 1783. El otorgamiento de esta condecoración es un tributo a tu determinación y a tu empuje para contribuir a resaltar adecuadamente el papel de España en el nacimiento de Estados Unidos. Tu incansable esfuerzo, culminado con éxito, servirá para reivindicar nuestra imborrable historia común, la vigencia de los valores y principios que compartimos y, finalmente, para fortalecer nuestras relaciones bilaterales".

El día 5 de diciembre del año 2019, Santiago Cabanas, embajador de España en Washington, impuso la Encomienda de la Orden del Mérito Civil a Teresa Valcarce Graciani. Queda pues meridianamente claro que esta gran española merecía la distinción que se le concedió.

En nuestra humilde opinión no parece lógico – suum cuique – que el éxito de Teresa no haya quedado recogido o al menos citado en el referido libro de Quintero Saravia, junto con la intervención de Van Hollen, Miller y Menéndez, representantes del Pueblo norteamericano. Pero queda claro que cada autor es muy dueño de escribir o no escribir lo que considere oportuno. Por eso hemos considerado un ineludible deber recordar el singular y apasionante proceso que ha quedado relatado.

Teresa Valcarce, en Málaga. La Opinión

Salvo lo expuesto, y algunas otras omisiones o inexactitudes, el libro en cuestión supone un buen trabajo, que a no dudar contribuirá a ampliar la difusión de la biografía de un gran héroe de España y de Estados Unidos.

Precisamente para eso se creó hace ya casi trece años la Asociación Bernardo de Gálvez, cuyo primer presidente fue nuestro gran amigo Enrique Ferrer, tristemente desaparecido cuando apenas había comenzado nuestra andadura, y que hoy está eficazmente liderada por Miguel Ángel Gálvez, de la misma noble estirpe que la egregia persona a cuya memoria dedicamos nuestros afanes.

No está de más recordar ahora que, como consecuencia de los primeros años de investigación, la primera iniciativa que se logró culminar, con la decisiva ayuda de Antonio Serrano, por entonces decano del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Málaga, fue poder colocar una gran lápida de bronce en la iglesia del Colegio Apostólico de San Fernando, en la ciudad de México, en un solemne y emotivo acto que se celebró el día 29 de agosto del año 2008. Allí reposan los restos de tan excelsa figura de la Historia de España.

Francisco Cabrera y quien esto escribe dejamos publicado en uno de nuestros libros lo que, en el siglo VI a.C., determinó Sun Tzu sobre las virtudes que una persona debía reunir para ser considerada un líder: inteligencia, honradez, humanidad, coraje y disciplina.

Bernardo de Gálvez las reunió todas en su persona. Hoy, por fortuna, ya recuperado del olvido, es un héroe compartido entre España, Estados Unidos y México. De él, en el año 1779, el gran poeta de Nueva Orleans Julien Poydrás, testigo de sus brillantes triunfos en Luisiana, dejó escritos unos versos llenos de emoción y agradecimiento, que concluían con estas palabras:

         "Gálvez mérite la gloire de devenir Inmortel"

  Málaga, 18 de marzo de 2021, 240  aniversario de la heroica hazaña de Panzacola.

   Manuel Olmedo Checa es Vicepresidente de la Asociación Bernardo de Gálvez y Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia.