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«Sky Rojo»: las claves de la polémica

La nueva serie de los creadores de La casa de papel para Netflix levanta un encendido debate por su visión espectacularizada del tráfico de personas y la sexualización de sus protagonistas femeninas

Las protagonistas de «Sky Rojo». | LA OPINIÓN

Las protagonistas de «Sky Rojo». | LA OPINIÓN / beatriz martínez

Beatriz Martínez

Hace unos días se estrenaba en Netflix la serie Sky Rojo, creada por Álex Pina y Esther Martínez Lobato, responsables del boom internacional La casa de papel. En apenas cuatro días, y como era de prever, Sky Rojo se ha convertido en fenómeno global: número 4 en el ránking de series de Netflix más vistas en el mundo, según la web FlixNet, y número uno en España y un sinfín de países latinoamericanos. La serie, compuesta por ocho centelleantes episodios, relata la historia de tres jóvenes que ejercen la prostitución en un club de carretera de Tenerife y que, tras huir del proxeneta que las explota sexualmente, intentan evitar caer en manos de los dos sicarios que las persiguen.

Envuelta en un formato atractivo, con episodios de 25 minutos de ritmo frenético y adictivo, y marcada por una arrebatadora estética pulp que remite al cine de Tarantino, la serie comenzó a suscitar la polémica desde su primer día de emisión. ¿Las razones? La visión que se ofrece de la prostitución y la trata de personas, la sexualización de sus protagonistas femeninas y, en especial, la violencia verbal y física que se ejerce contra las mujeres.

«Voy a cortaros los brazos y las piernas y dejaros solo los agujeros», suelta el personaje de Romeo (Asier Etxeandia), para amenazar a las tres chicas a las que explota en su club de alterne. Es una de las numerosas frases de trazo grueso que adornan una serie que desprende un resbaladizo discurso moral. Por una parte, intenta presentar a Coral (Verónica Sánchez), Wendy (Lali Espósito) y Gina (Yany Prado) como tres heroínas empoderadas a lo Thelma y Louise que se enfrentan a los abusos del poder patriarcal para liberarse de sus cadenas. También pretende denunciar la ignominia inherente a la prostitución y el tráfico de personas. Pero, al mismo tiempo, la serie convierte la dura peripecia humana de sus protagonistas en una aventura irresistiblemente cool, en un espídico y adictivo divertimento repleto de neones, música a todo trapo y chicas con poca ropa, algo que ya era imagen de marca del anterior producto de Pina para Netflix, la serie White lines. No solo eso: en Sky Rojo se percibe una extraña fascinación a la hora de someter a las mujeres toda clase de vejaciones sin perder en ningún momento la imagen sexi y provocativa que se pretende subrayar. La mirada masculina se impone.

En contra y a favor

«No sé si recordáis aquella noticia de 2008 del hombre que entró con una pistola en un burdel de Granada gritando Soy el jefe y esta noche manda mi polla. Pues a ese señor, si viera Sky Rojo, le parecería una comedia romántica», escribía el analista cultural Juan Sanguino en su cuenta de Twitter. No todo son críticas, por supuesto. Cineastas como Paco Cabezas (Carne de neón, Penny Dreadful) ha mostrado su entusiasmo por la exitosa serie de Netflix: «No es un documental sobre la trata de blancas. Es pulp, violento. Y no me parece machista. Las protagonistas son mujeres y sufren porque, si no, no habría serie. Para divertir hay que arriesgar», escribió Cabezas en Twitter.

«Sé que es una ficción, y creo que a nivel visual y de montaje tiene cosas que están bien. Pero no me ha gustado el tratamiento que hace de la prostitución», explica la periodista Marta Jaenes, que acaba de publicar junto a Rosa Márquez el ensayo ¿Cerró usted las piernas? Contra la cultura de la violación. «Su manera de sexualizar a las protagonistas, que llevan horas huyendo y siguen con los tacones y los escotazos del burdel; esa atmósfera canallita y guay que dudo que se parezca a lo que pasa en un prostíbulo… Es lo de siempre: denunciar la violencia erotizando la violencia», remata Jaenes.

En este sentido, «esto es algo que, de alguna manera, ya se podía percibir en los slashers de los 70, ese subgénero en el que un psicópata que asesina brutalmente a adolescentes y jóvenes, en especial chicas, y que era de natural reaccionario», analiza el crítico y profesor de cine Quim Casas. «Tanto en Sky Rojo como en el slasher, las protagonistas son heroínas jóvenes, atractivas y decididas. Se trata de un empoderamiento un tanto ficticio y fantasioso», añade el crítico.

Tanto Pina como Martínez Lobato han admitido que eran conscientes de que el tono utilizado despertaría críticas por su ligereza y frivolidad. La glamurización de la prostitución. «Sí, ha sido arriesgado, pero la comedia y la acción es nuestra apuesta para contar algo muy sórdido, muy dramático, de una forma que llegue al máximo número posible de espectadores. Si la serie sirve para que alguien durante un minuto se pare a pensar en lo que ocurre al otro lado de la carretera, ya habremos conseguido algo», declaró Pina a Sensacine.

Ciertamente, Sky Rojo ni es ni pretende ser un drama realista donde abunde la mugre y el tormento. Estaría mucho más cerca de la exploitation de saldo de Perras furiosas (Bitch Slap), de Rick Jacobson, que del drama de la trata de personas de Lilya forever, de Lukas Moodysson. Pina y Lobato se esfuerzan en adentrarnos en un universo paralelo que se encuentra alejado de los códigos de la realidad y que se asemeja más al mundo del cómic. Incorporando, eso sí, discursos que sí tienen una base auténtica a la hora de hablar de la prostitución. «No ganamos en siderurgia, no ganamos en minería. Pero ganamos en putas», afirma el proxeneta Romeo. Según se dice en la serie, España es el primer país de Europa en consumo de prostitución y el tercero del mundo. Estas últimas frases están extraídas del libro El proxeneta, de la escritora y directora Mabel Lozano, que lleva más de quince años investigando en torno a la trata y que acaba de ganar el Goya al mejor cortometraje documental por Biografía del cadáver de una mujer. «Todas las pinceladas que se dan sobre la realidad no las ves, solo se dicen. No sirven para nada», sentencia.

Ley contra la trata

Curiosamente, Sky Rojo ha aparecido al mismo tiempo que se impulsaban desde el Gobierno los trabajos para elaborar una ley integral contra la trata y la explotación sexual. Un asunto delicado sobre el que se lleva intentando establecer una regulación y que la serie trata siempre desde el espectáculo. ¿Tienen las series una responsabilidad a la hora de educar a los espectadores en valores? «El cine es una de las mejores herramientas que existen para educar al espectador, pero puede servir precisamente para lo contrario, ya que incide tanto en el imaginario colectivo que hemos idealizado Pretty woman», responde Lozano. «Y creo que, la mirada sobre la violencia, las desigualdades, la explotación, tiene que ser trasversal a todo, sin cercenar la libertad del creador. La pregunta es, ¿son conscientes en muchos casos de lo que están o no haciendo?».

Las ficciones pueden convertirse en un reflejo deformado de la realidad. Pueden retratar sus miserias, pueden ser oscuras sin la necesidad de ser aleccionadoras o moralistas. Pero en Sky Rojo, la denuncia acaba sepultada bajo su explosivo sentido del entretenimiento. También, bajo su discutible buen gusto. «¿Quieres que te chupe los huevitos, cariño?», es una de las primeras frases que se escucha de boca de Coral, después de decir: «Soy puta, antes fui ama de casa y antes de eso, bióloga». Detalles que importan poco a los tuiteros que aplauden la «contundencia y efectividad» de Sky Rojo a la hora de tratar el espinoso tema: «Sin clientes no hay prostitución».