Música Alchemica

Dirección: Lina Tur Bonet 

Programa: Selección de las Quince Sonatas del Rosario, de Ignaz Franz von Biber

Lugar: Teatro Cervantes

Hasta el mismo Charles Burney se hizo eco de la trascendencia del compositor y virtuoso violinista Ignaz Franz von Biber, del que llegó a decir que “sus solos son los más difíciles e imaginativos”. El músico bohemio centró la atención de la tercera jornada del Ciclo Aeternum de la mano del conjunto que lidera Lina Tur Bonet, Música Alchemica. Biber, que dista cuatro décadas del nacimiento de Bac,h desarrolla buena parte de su obra al servicio del Príncipe Arzobispo de Salzburgo que fue dedicatario de una curiosa colección de quince sonatas y que se corresponden con los misterios del Rosario y un epílogo final -pasacaglia- escrito para violín solo.

Aunque la musicología se inclina a pensar que fuese una obra destinada a ser intercalada en el rezo del Rosario, el hecho que sólo se conserve el original dedicado al arzobispo hace plausible pensar que fuese destinada al servicio privado del príncipe y más si se atiende al ingente caudal simbólico que atesoran estas sonatas. Ante la ausencia de unas notas al programa adecuadas Tur Bonet fue desgranando algunos de los secretos que guardan estas piezas cuya dificultad se ve acrecentada por la obligada scordatura que anota Biber en cada una de ellas, de tal forma que la tensión a la que se somete al instrumento corre en paralelo al drama sobre los distintos momentos que centran su atención.

Los misterios gozosos anuncio en sus pasajes de la Pasión tienen en la infancia de Cristo su núcleo central. En la primera sonata de la colección dedicada a La Anunciación se descubre buena parte de las cualidades técnicas que vuelca Biber, que en el caso de Tur Bonet adquieren una plasticidad y expresión sin fisuras llena de matices y elementos descriptivos en ocasiones afilada, tintineante otras y llegando a extraer sonidos polifónicos en no pocas ocasiones. Precisamente estos elementos descriptivos obligatorios para unas sonatas que pretenden invitar a la oración, con vívido realismo, tienen vital importancia como en la sonata cuarta que en su sección final recrea los golpes del martillo sobre los clavos en la cruz, o el sudor sanguinolento que describe el compositor en 'La oración en el huerto'.

Para la ocasión Tur Bonet se hizo acompañar por el órgano de Daniel Oyarzábal, el violone de Ismael Campanero, el clave de Javier Núñez y las Tiorbas de Jadran Duncumb y Ramiro Morales, a los que Biber dedica escasos momentos para el lucimiento y cediendo toda la atención sobre el violín solista, lo que no restó importancia en la necesaria colaboración del conjunto al desplegar toda la simbología musical que atesora esta joya del barroco centroeropeo.